Por los vivos

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:
  • armando_chaguaceda

Esta semana, al unísono del entierro fidelista y los llantos de sus deudos, dos acontecimientos me devolvieron optimismo en torno a la capacidad de la izquierda mexicana para justipreciar el legado del Comandante. Asistiendo a un conclave del PRD, pude ver la distancia que separa las visiones de un progresismo democrático del modelo vigente en la Isla. Además, en la lectura del dossier que el semanario Proceso dedicó al finado, la calidad de la cobertura mostró el tipo de prensa que, precisamente, no tiene lugar bajo la censura oficial en Cuba.

Cierto que un coro amplio de opinadores variopintos —ninguno de los cuales podría sobrevivir en las condiciones de la Isla— se rasgó las vestiduras por la muerte de Fidel. Sin embargo, cada vez más personas con sentido común se percatan que la nación caribeña no es el paraíso terrenal, que la Revolución cubana es algo tan vivo como la gesta antiporfirista. Y que debemos aplicar, al juicio en torno a las condiciones de esa Cuba que sobrevive a Castro, el mismo rasero de criticidad y rigor que dirigimos a nuestra realidad nacional.

Puede haber diferencias de grado o forma, pero compartimos muchos males. En México sufrimos el autoritarismo de buena parte de la clase política. En Cuba el autoritario es el régimen mismo. En México el Estado es responsable, por omisión o complicidad, de graves y sistemáticas violaciones a los Derechos Humanos de grupos vulnerables. En Cuba el Estado viola los Derechos Humanos de sus oponentes y población indefensa. Los mexicanos resentimos la debilidad organizativa, numérica y cultural de nuestra sociedad civil. En Cuba es ilegal y punible toda autorganización al margen del estado.

Nos pesa el lastre del corporativismo priista, la isla se asfixia bajo el monolitismo leninista. Millones de mexicanos están sumidos en la pobreza y, sobre todo, sufren la desigualdad estructural de este capitalismo de cuates.

Millones de cubanos sobreviven con una pobreza generalizada y una protección social que retrocede. Mexicanos y cubanos sufren la mala calidad de políticas públicas y dependen de las remesas de sus parientes emigrados.

Cuba, como México, es parte de esa región cultural llamada Occidente.

Compartimos mentalidades y valores en nuestra corta vida como naciones independientes y republicanas. El autoritarismo en México evolucionó a una democracia incompleta, mientras en Cuba se bloqueo la transición. Quienes aquí lucharon por el triunfo de las libertades no pueden callar, por nostalgia, desinformación o complicidad, ante la prolongación dictatorial en la isla. Pasemos página con el muerto: los vivos necesitan nuestra mirada, voz y apoyo.