PRD: el avestruz contra las despensas

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Hay quien trata de gobernar posponiendo. Es una estrategia siempre peligrosa y no suele tener los mejores resultados, sobre todo en el largo plazo.

Es lo que al parecer intenta Jesús Ortega para conducir al PRD. Incapaz de controlar la desobediencia y las traiciones de militantes más que destacados, deja el asunto para mejor momento. La historia enseña que nunca hay ese escenario esperado y que muchas veces las decisiones se toman mal y tarde.

El principal problema del perredismo es Andrés Manuel López Obrador. El tabasqueño estuvo a punto de colocarlos en la Presidencia de la República, pero ahora parece dispuesto a llevarlos al despeñadero.

Los datos están ahí y el PRD con su 12 por ciento sólo logró superar la votación que tuvo en 1991, cuando debutó como partido político.

En una decena de estados ni siquiera son la tercera fuerza.

Es el costo de una política ambigua y agresiva que tuvo su momento culminante con el plantón en Paseo de la Reforma, días después de la elección de 2006.

También salió caro el apoyo de algunos perredistas a otros partidos, aunque si se ven bien los datos, la diferencia fue de unos pocos puntos.

El costo más grande, insisto, es el de cargar con López Obrador. Es más, la decisión de no incluir al tabasqueño en la publicidad capitalina tuvo que ver con una cuestión de emergencia, ya que las encuestas revelaban que difundir su fotografía con los candidatos del sol azteca les podía costar varios puntos. No fue mala leche, sino una determinación que detuvo una caída todavía peor.

Un grupo de militantes perredistas, agrupados en la corriente Nueva Izquierda Socialdemócrata, intentaron resolver en Morelia, el fin de semana, el tema de López Obrador aplicando los estatutos, que en el PRD señalan que quien apoya a otro partido simplemente dejó de ser perredista.

Entre los firmantes del documento están René Arce, Ruth Zavaleta, Víctor Hugo Círigo y Fernando Belaunzarán.

Ya sabemos que no pudieron, que las corrientes que apoyan al ex candidato presidencial son muchas y que pusieron contra las cuerdas al propio Ortega, al amagar con una consulta nacional sobre su propio liderazgo.

No me extrañaría que terminaran expulsando a los que piden que se acabe con la impunidad en ese partido. No sería la primara vez que se tienen que ir los más críticos.

El PRD, por lo demás, se ha caracterizado por una notable predisposición para expulsar o hacer inviable la presencia de la inteligencia en sus filas.

El perredismo está atrapado entre una cultura del avestruz y una política de las despensas. Miedo contra clientelismo, en una batalla que no augura nada bueno.

juljard@yahoo.com.mx

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