Puras mortificaciones

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:
  • larazon

La primera mortificación la leyó Gamés en una columna de Pablo Hiriart en su periódico La Razón: “En México trabajamos mucho, dice la OCDE, pero producimos poco, acota el CIDAC”. La productividad es el valor que genera cada uno de los trabajadores. Las comparaciones internacionales, añade Hiriart, se centran en la pregunta ¿cuántos trabajadores se necesitan en un país para producir el mismo valor? Oigan esto: se necesitan cinco mexicanos para producir

lo que un irlandés. No se sabe si se trata de un irlandés que bebió whisky o si estamos ante cinco mexicanos que han hecho lo propio con varios litros de tequila, porque así la cosa ya cambea, como diría el Piporro.

Tamos fritos. Pero, por Dios, quién va a producir después de comerse una guajolota con atole a las seis de la mañana y luego subirse a un pesero con aquella pesantez, antes digan que se abren las fábricas. Gilga les recuerda, por si fuera necesario, que la guajolota consiste en un bolillo de buen tamaño relleno de un tamal con harta masa. Cuando bien nos va:

torta de chilaquil con mucha salsa y una pecsi. Y luego al mediodía aquellos tacos de ojo, de lengua, de maciza, bombas inverosímiles de lípidos, granadas de colesterol, estallidos de triglicéridos. ¿Productividad?

No es que Gamés crea en una relación directa y mecánica entre la alimentación y la productividad, pero desde el amplísimo estudio Gil lanza un desafío: denle la guajolota al irlandés a las seis de la mañana y verán las consecuencias, se requerirían treinta irlandeses para hacer el trabajo de un mexicano. Informa Hiriart algo desalentador: “México tiene la misma productividad laboral que tenía el Reino Unido en 1965, Francia en 1974 e Irlanda en 1971”. Ya le dio hambre a Gilga, ¿no tendrán por ahí unas papiondas?

La segunda mortificación también la leyó Gil en su periódico La Razón, en un artículo de Luis de la Barreda. Resulta que si se aprueba en el Congreso la iniciativa de reforma a la legislación penal que propone el presidente Calderón ocurrirá una imperdonable refriega contra la ética y la corrección jurídica. A Gil le late fuerte el corazón: cualquiera podría ser culpabilizado por la conducta de otro. De la Barreda pone un ejemplo: usted le presta su coche a un amigo. Contra todo lo que usted pudiera suponer, ese amigo lo utiliza para un secuestro. Pues a usted le dan cincuenta años de prisión aun cuando jamás haya delinquido ni tuviera idea de que existiera una banda de secuestradores a la que perteneciera su amigo. El corazón simple de Gamés le dictó, por vía de mientras, vender todos sus coches a precios de risa. Ya en serio: un nuevo caso en el cual legislar de más no combate el delito, sino que entrampa a los ciudadanos.

Gil se disponía a contar en breve una tercera mortificación cuando leyó en la pantalla de su periódico Reforma online una noticia que lo dejó frío, helado, y descarriló el final de esta nota: “Hallan 17 cuerpos más en fosa de Durango”. Las excavaciones en la fosa clandestina del Fraccionamiento Las Fuentes dieron como resultado el hallazgo de 17 cuerpos. Ya suman 75. Le dirán misa a Gamés, pero la cosa va mal. Puras mortificaciones, como diría la extinta madre de Gilga.

La frase de Victor Hugo espetó exasperada: “Es extraña la ligereza con que los malvados creen que todo les saldrá bien”.

Gil s’en va

gil.games@3.80.3.65