Quien detendra a Putin

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Por:

Montserrat Salomón

Vladimir Putin da un paso más en su búsqueda de restaurar el antiguo poder ruso con una muestra más de su autoritarismo y política agresiva. No contento con su anexión de Crimea y la amenaza de un conflicto en Georgia, parecido a lo que acontece en Ucrania, ahora el presidente le ha declarado la guerra legal a las organizaciones no gubernamentales.

La ley aprobada en Rusia permite declarar como indeseable a toda ONG que sea considerada contraria a la seguridad nacional, la salud o las buenas costumbres rusas… sin especificar mayor criterio que el capricho del fiscal general y pudiendo vetarlas y multar, e incluso encarcelar a cualquiera que coopere con ellas.

Es difícil de creer semejante atentado a las libertades por parte de un gobierno ruso que simula —sin éxito— una democracia en toda forma. Sin embargo, este acto es congruente con las acciones que ha tomado Putin en los últimos años: jugar con los mapas y la historia, inundar de propaganda prorrusa las naciones surgidas de la antigua Unión Soviética, su intervención en Ucrania, la anexión de Crimea, la amenaza constante sobre Georgia y Estonia, entre otras. Toda esta actividad, dirigida a recuperar el territorio clave que le permitirá conectar Rusia con Europa, tiene como meta controlar el flujo económico a su entera conveniencia, lo que los colocaría como una potencia que nuevamente marcaría la pauta de la política internacional.

Ante este panorama desalentador, las ONG han levantado la voz. Claro que esto es ahora prácticamente ilegal en Rusia así que poco importa. Georgia también está pidiendo su pronta incorporación a la Unión Europea y a la OTAN, para defenderse del inminente avance ruso. Éste es el caso de Estonia, que ya ha solicitado que se inicien operaciones militares de la OTAN, de la cual es miembro, para prevenir una posible agresión.

¿Y qué están haciendo la Unión Europea y el resto de la comunidad internacional? Además de temblar de miedo, hemos visto algunas respuestas muy calculadas y algo tardías. La ventaja de un gobierno autoritario es que opera con oportunidad. En organizaciones como la Unión Europea, la ONU, la OTAN, hay tantos procesos a observar que las respuestas suelen llegar tarde. Mientras las naciones discuten sobre los inconvenientes de molestar a Putin al apoyar a las regiones amenazadas por su política expansionista, Rusia avanza poco a poco afianzando su poderío en la región, sin importarle las amenazas y las represalias; lograr su meta compensaría con creces cualquier castigo económico que se le impusiera.

El descaro y la ambición de Putin es tal, que ha puesto en jaque la diplomacia internacional, mostrándola como si fuese inoperante. ¿Quién le dirá que no a Vladimir Putin?

msalomonf@gmail.com