Retazos de diversas culturas

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Por:

Claudia Guillén

Nuestra relación como país vecino de una de las primeras potencias mundiales del siglo XX ha repercutido, sin duda, en muchos de los aspectos de la vida nacional. Si nos detenemos a pensar, por un momento, que Estados Unidos de Norteamérica es un país que fue construido con retazos de diversas culturas que emigraron del viejo continente y que gracias a ese mestizaje se dio una instrucción que se mostraba totalmente ajena a la nuestra, entonces se explica por qué se han dado a lo largo del tiempo un número importante de diatribas que marcaron la relación entre ambos países durante los últimos dos siglos.

No obstante, existe una fecha que por su germen ideológico, y dado que se da en territorio mexicano, nos une como países. Vayamos siglos atrás y situémonos en los años 1862 y 1863, en esos momentos ambos territorios libraban batallas que se hermanaban por la voluntad de crear una nación libre e integrada. En el caso de nuestro país me refiero al triunfo de la batalla del 5 de mayo de 1862, que da pie para que se pueda tomar esta fecha como el referente de la verdadera independencia nacional. Me explico: sin dejar a un lado la labor que logró en ese tenor un siglo atrás, la derrota de los franceses, permite que se integren a nuestro país la instituciones: jurídicas, económicas, políticas y sociales. Se trata, pues, de la época en la cual se dan los primeros pasos para consolidarnos como un país independiente de cualquier potencia europea.

Por esas mismas fechas en Estados Unidos se libraba la guerra civil entre los Confederados y los de la Unión para que en el año 1863 triunfara la causa de estos últimos. Con la salvedad, según distintas fuentes, que en el inconsciente colectivo se pensaba que la victoria obtenida por nuestros compatriotas en Puebla, un año antes, fue un ingrediente que ayudó a apuntalar su victoria.

El Dr. David Hayes Bautista, quien ha hecho una investigación sobre este tema, añade que tanto la Guerra Civil en Estados Unidos como la Intervención Francesa en nuestro país eran luchas paralelas, pues ambas recogían la esencia de los ideales democráticos que dejaban afuera al racismo.

Hayes, también catedrático de la Universidad de California, da noticias de que hubo una participación importante de 122 grupos de hispanos en tierras californianas. De estos grupos surgen las Juntas Patrióticas, que dan una gran importancia a la celebración del 5 de mayo como una forma de recordar u honrar lo que los hermanaba. De esta forma, la efeméride se convierte en una suerte de huella de identidad para quienes radican en el país vecino. Y esta idea se refuerza un siglo después, en los años sesenta, cuando se une un grupo de luchadores sociales que representaba a los mexicanos radicados allá. Me refiero, por supuesto, al gran movimiento Chicano, que toma como bandera de identidad esta fecha para así reforzar a ésta en cada uno de los trabajadores que vivían por aquellas tierras del Norte de América.

En el libro El Cinco de Mayo, una tradición Estadounidense, el doctor Hayes hace referencia a que esta celebración se ha ido modificando. Aunque su fuerza se impulsa porque es “un reflejo de la comunidad involucrada, empoderada y creciente”. Es decir, la comunidad mexicana que cada vez tiene una presencia mayor en Estados Unidos.

Hace apenas unos días se dio una gran fiesta en la Casa Blanca para celebrar el 5 de mayo. A ella se sumaron cafés, cantinas, fiestas familiares, celebraciones municipales, etc. Se trata de la gran fiesta de los mexicanos y latinos en Estados Unidos. ¿Cómo explicar que le den tanto valor a esa fecha? Pienso que todos los acontecimientos que menciono líneas arriba fueron hilvanando esa percepción, en donde la idea central es que hay motivos de empatía ideológica para afirmar que el 5 de mayo de 1862 se dio la Independencia de México. Y así lo repiten la mayoría de los pobladores que lo afirman con toda certeza, quizá, un poco animados por toda la comercialización que ha rodeado este festejo desde los años ochenta del siglo pasado.

Tal vez para muchos parecerá una aberración histórica, y no seré yo quien los contradiga, aunque sí, podría a su consideración que el festejo del 5 de mayo, para quienes viven en el país vecino, se ha vuelto una fiesta de identidad hispana, que se arropa por la más entrañable de las memorias. Esa memoria que los robustece como ciudadanos de esas dos patrias tan distintas entre sí más allá de que sean parte de un mismo continente. Esa memoria que llena las calles, los restaurantes, las casas de la gastronomía México-Estadounidense en donde se mezclan los colores y los olores con el desparpajo que da la libertad que se alcanzó hace más de doscientos años.

Nos vemos el otro sábado, si ustedes gustan.

 Ojal. Quien quiera tener más información al respecto se podría acercar al libro El Cinco de Mayo, una tradición Estadounidense, de David Hayes Bautista.

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