Sobre el aburrimiento

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:
  • valeria_villa

Un niño de 8 años llega a terapia porque su madre lo describe como voraz. Se come todo lo que encuentra, siempre tiene hambre y parece incapaz de sentirse satisfecho. La madre cree que su hijo tiene hambre de otra cosa. Cuando el terapeuta pregunta al niño sobre su impulso inagotable de comer, el pequeño responde que come por aburrimiento.

Algunos de los principales problemas de la vida emocional tienen origen en el aburrimiento. En la incapacidad de esperar pacientes mientras nada ocurre. Estar aburrido es un estado de ánimo de inquietud difusa, que encierra un deseo paradójico: el deseo de un deseo. A veces no se sabe lo que se desea, pero se sabe que se desea algo que no se tiene. Las parejas se separan porque se aburrieron el uno del otro. Algunos salen a la calle huyendo del aburrimiento. Adultos que son como niños que no cesan de preguntar ahora qué van a hacer. Un miedo dominante es aburrir a los demás.

Quizá vivimos creyendo que una vida valiosa es igual a una vida de intensidad, desdeñando otros sentimientos y estados de ánimo menos vehementes, más vagos o sutiles, de los que por cierto se compone un alto porcentaje de la vida.

Los activistas de las pasiones desbordadas desprecian los estados tranquilos o de conformidad. El conformismo se vuelve equivalente de mediocridad y es útil para el adoctrinamiento. Pero estar conforme también puede significar estar en paz con lo que se tiene y no necesitar cambiarlo porque le falte intensidad.

El adulto que se aburre con facilidad se parece al niño que come todo el día aunque no tenga hambre. El aburrimiento es también incapacidad para esperar y dejar que en esa espera surjan deseos y a veces, epifanías.

Cuando los niños se declaran aburridos, los padres se sienten responsables y ofrecen una orgía de posibilidades de diversión al niño, enseñándole que aburrirse está mal. O lo regañan por no ser capaz de entretenerse solo. Cualquier respuesta es mejor que decirle que a veces la vida, los amigos o las cosas que nos gustan, pueden ser aburridas.

Aburrirse en paz es un logro del desarrollo, de quien no está esperando que alguien venga a sacarlo de ese estado y sabe que a quien espera, es a sí mismo. Aburrirse es igual a tomarse un tiempo, a dejar de correr a hacer algo. Aburrirse no es una incapacidad sino una oportunidad.

La cultura, a través de los procesos de socialización, puede pre vaciar la elaboración del deseo, nombrando prematuramente los objeto del deseo. Los otros – los padres, la escuela, los pares, la publicidad, los medios de información – pueden aniquilar el deseo autónomo.

En Duelo y Melancolía, Freud nos dice: “uno siente…que una pérdida…ha ocurrido, pero uno no puede ver con claridad qué es lo que se perdió. En el duelo, es el mundo el que se ha vuelto pobre y vacío; en la melancolía, el yo”.

Volverse adulto es aceptar que la vida que uno lleva, no es tan divertida ni tan encantadora.

*Vale Villa es psicoterapeuta sistémica y narrativa desde hace 15 años. Este es un espacio para la reflexión de la vida emocional y sus desafíos.

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