Tres grandes renovaciones

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Por:

Luciano Pascoe

Por si alguien dudaba de lo costoso y difícil que fue el tránsito electoral de este año, los tres partidos políticos que siguen siendo los más grandes están en proceso de renovación de sus dirigencias nacionales; por ahora, el PAN y el PRI, mientras, en el PRD siguen pensando —debatiendo, quizá— qué hacer con la suya. Pero es evidente que deberán cambiar de ruta, y por tanto de timonel.

La única certeza en este momento la han dado las señales del PRI con la unción de Manlio Fabio Beltrones como aspirante único a la presidencia de su partido.

Para el PRI, la unidad ha vuelto a ser un distintivo y tal vez una necesidad. Las candidaturas únicas le han permitido minimizar los riesgos de ruptura y, como se vio en la selección de candidatos a gobernadores de junio pasado, la de Beltrones evita un proceso de desgaste innecesario.

En el círculo rojo se discute si esto significa una muestra de pragmatismo presidencial sobre su equipo cercano, pero más interesante aún será el rumbo que dará Beltrones al PRI en 2016 como primera escala hacia la elección federal.

Beltrones ha dicho que será cercano al presidente y eso significa que no habrá ruptura con su estilo ni con sus cabezas; él entiende de formas y demuestra que cumple con su parte del acuerdo. El Presidente manda.

Sin embargo, Beltrones tendrá margen de maniobra para colocar piezas y, con una mayoría legislativa frágil, su capacidad de negociación con otras fuerzas será parte del trabajo cotidiano, a la vez de sembrar triunfos electorales que permitan al PRI encaminarse a mantener la presidencia en 2018; si Beltrones puede o no ser candidato, tal vez es lo de menos.

Ricardo Anaya puntea la contienda panista en una elección desigual más por lo que ambos aspirantes representan que por el proceso en sí mismo, como ha señalado Corral. En dos domingos, muy probablemente, los panistas elegirán a Anaya, quien ha dicho que su partido no será parte de un nuevo Pacto por México.

Lo que Anaya deja ver es que, de ganar, su partido marcará distancia de la presidencia y el PRI, que será oposición. Y es que Acción Nacional debe recuperar la sensación de viabilidad en el electorado para ser competitivo en la elección presidencial y su primer aduana será la de gobernador de Veracruz, donde el año próximo año habrán de seleccionar, primero, una candidatura panista —ni independiente ni ciudadana— y, después, hacerla ganar en el estado con el mayor padrón de los que tendrán elecciones en 2016.

La primera decisión de Anaya será el nombramiento de coordinador de la bancada en la Cámara de Diputados. Si coloca a Gustavo Madero, más que refrendar una alianza entre ambos, podría dar por cerrado el círculo que abrieron juntos y, a partir de ese momento, construir su propia línea como presidente del PAN.

Sin duda Anaya tendrá que reconstruir las fibras del panismo si aspira a darle capacidad electoral propia y no inercial a su partido.

Aunque el PRD no está en un proceso de renovación de dirigencia como PAN y PRI, los rumores sobre una salida anticipada de Carlos Navarrete corrieron la semana que termina y, aunque pondrá a disposición del Consejo Nacional su presidencia, no parece haber condiciones suficientes para un relevo en lo inmediato. Aunque sería lo deseable para ellos.

El PRD requiere de una revisión profunda de lo que es y lo que quiere ser. Ya no es más el partido insignia de las izquierdas y para recuperar ese sitio debe revisar sus errores y corregirlos. En este momento es mínima la capacidad de ser competitivo en 2018, pues no tienen una persona entre sus afiliados que despunte; no son, pues, una oposición que transmita viabilidad y, por si fuera poco, tienen en competencia directa la candidatura de AMLO.

La reconstrucción del PRD pasa por desandar el camino del reparto de cuotas entre sus tribus y reconstruir su vida democrática, formar cuadros políticos jóvenes, abrirse a los debates internos sobre el país que quieren, sobre todo porque se les terminaron las candidaturas históricas.

Por tanto, aunque su dirección nacional no está en juego, el PRD es el partido que más transformación necesita, ya que es el que más ha perdido. Si no lo hace, su presencia será cada vez más marginal.

Lo mejor que puede pasarle al PRI de Beltrones será que PAN y PRD no logren avanzar juntos en los procesos estatales y poder así derrotarlos con mayor holgura. Para la oposición, mostrar que el PRI no es imbatible generará la sensación que tampoco lo será en la elección presidencial.

Juntos o separados, PAN y PRD deben colocar, pronto, que en el 2018 habrá una elección entre más de dos, que AMLO y el PRI no irán solos el uno contra el otro. Será eso o apostar a la mera supervivencia y pensar en competir no antes de 2021.

luciano.pascoe@gmail.com

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