Tsipras y el fin de las ideologias

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Por:

Iliana Rodríguez Santibáñez

¿Quién es Alexis Tsipras? Era, hasta hace unas horas, el primer ministro de Grecia. El político de la coalición de la izquierda radical Syriza, y quien deseaba ser Perseo para hacer posible lo imposible. Hoy Tsipras es una víctima por su ingenuidad frente al capitalismo y la economía de mercado.

Grecia, cuna de la democracia y la cultura occidental, enclavada en un territorio geoestratégicamente envidiable entre Europa, Asia y África, cavo su tumba al entrar a la Unión Europea (UE) en 1981 y específicamente al ingresar a la Eurozona en el 2001, sin tener las condiciones propicias para su ingreso. Un Estado en desarrollo que pasó a la clasificación de desarrollado, al adquirir su membresía en estos mecanismos de integración regional, articulando su economía a 28 miembros de la UE y a 19 de la eurozona, sin haber adoptado eficazmente las políticas públicas para su sostenibilidad.

Tsipras se empoderó al interior de su partido y de su pueblo como el redentor de izquierda capaz de enfrentar las demandas de sus acreedores, pero aquí el tema no era de ideologías, era de intereses económicos internos y externos. El margen de maniobra de Tsipras era difícil ante las políticas de sus antecesores: deuda por más de 300 mil millones de euros (90% de su PIB), sobresueldos, subvenciones en pensiones, excepciones en IVA, edad global del retiro en 59 años, excesivo gasto militar, corrupción y evasión fiscal, en un entorno internacional desacelerado por la crisis inmobiliaria del 2008. Todo estaba en su contra y la de Grecia.

¿Qué esperaba Tsipras? La reestructuración de la deuda y la flexibilización en las condiciones de pago ante el FMI, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo (antes troika, ahora cuádrupla con la presencia del Mecanismo de Estabilización) aun y cuando su país ya estaba en default (hay activos para pago, pero no liquidez para realizarlos). Vencido el plazo de pago tras el segundo rescate, convocó el 5 de julio a un referéndum en Grecia, para legitimar sus decisiones y obtener mejores condiciones de negociación con estas instituciones. Y pese a que el pueblo abrumadoramente dijo No a las condiciones de la negociación impuestas con anterioridad, Tsipras regresó a la mesa con ese mandato de su pueblo y aun así no pudo conseguir ventaja alguna de sus acreedores.

La negociación para el tercer rescate recién autorizado, pese a este referéndum, contempla medidas fuertes que van desde un fondo de privatizaciones de 50 mil millones de euros (esta semana se privatizaron 14 aeropuertos), hasta reformas en rubros que ya estaban señalados antes del referéndum del 5 de julio, como recortes en el gasto social, específicamente en salud, educación, pensiones, salarios, mercado laboral y servicios públicos, así como el incremento en impuestos entre otras reformas. El referéndum sirvió entonces para legitimar a Tsipras ante su pueblo, pero no ante sus acreedores.

Tsipras se olvidó de que la política nacional se vuelve un contrapeso efectivo de poder cuando se trata de naciones verdaderamente desarrolladas. Esto siguiendo a teóricos del realismo político como Hans Morgenthau: naciones cuyas políticas internas pueden proyectarse hacia el ámbito internacional e incidir en las relaciones de poder entre Estados. Grecia, con todo su valor histórico, no tiene esta capacidad en el plano internacional, jugó al realismo bajo una visión idealista y le falló. Quizá Yanis Varufakis, su ex ministro de Finanzas, fue menos idealista al señalar que tenían un plan B: salir de la eurozona con una moneda alternativa similar al dracma, pues con todo y el costo político y económico que eso hubiera implicado; impago, falta de credibilidad, inestabilidad en el bloque europeo, precedente negativo en la eurozona, quizá con todo y eso, hubiera tenido más oportunidades de éxito en un futuro que la que tiene ahora.

Grecia podría tener elecciones el próximo 20 de septiembre ¿esta vez en quién confiará el pueblo su presente y futuro? ¿En un líder valiente entre político y tecnócrata capaz de lidiar con el convulsionado entorno de la economía internacional? O ¿votarán por un súper héroe o heroína semejante al “Súperman” de Siegel? la crítica descansa en la supuesta igualdad soberana entre Estados en el modelo económico actual, las condiciones nos son las mismas para todos, hay un choque entre las ideologías y la economía de mercado. No nos engañemos.

* Doctora en Derecho por la UNAM, analista de temas internacionales, Directora de Departamento de Derecho y Relaciones internacionales del Tecnológico de Monterrey.