Jueves 24.09.2020 - 13:05

Vestirse de paz

Comer de la basura
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El pasado lunes, Ivanka Trump se vistió de rojo; aunque ella pensó que su elegantísimo vestido era de tonalidades beige claras. En la inauguración de la embajada estadounidense en Jerusalén, la hija del presidente dio un breve y festivo discurso, que se escuchaba más como la apertura de una nueva sucursal que del edificio cuya apertura se llevó la vida de sesenta personas.

Ivanka se veía feliz. Su esposo, Jared Kuschner, también. ¡Lo habían conseguido! Sus tratos con el presidente Netanyahu había dado frutos políticos y, seguramente, oportunidades económicas privadas. Todo ello, a precio de la angre de 60 personas.

El presidente Netanyahu habló también. Dijo que era un día festivo para Israel y para Estados Unidos. Sonreía ufano; su administración había tenido una buena semana: la ruptura del acuerdo con Irán, la inauguración de la embajada, los ataques a Siria. Parecía que el destino todavía le sonreía al causante de la muerte de 60 personas.

Los últimos 70 años, la situación en Israel ha sido dificilísima. La imagino como un torbellino delirante en el que los Derechos Humanos se encuentran al centro; al inicio, la creación del Estado respondió a la necesidad de proteger a los judíos de las atrocidades de los campos de concentración; los palestinos, por su parte, piensan diferente. Las Naciones Unidas también están preocupadas; Israel es el Estado que tiene más recomendaciones por violaciones a los derechos humanos. En una reacción previsible, Hamas ratificó su intención de llevar a cabo la tercera intifada.

Después de las tristísimas, innecesarias e injustificadas muertes del pasado lunes, el alto Comisionado para los Derechos Humanos pidió contención a todas las partes.

El conflicto entre israelíes y palestinos ha durado más de lo debido –si es que hay plazo razonable para algún conflicto–; en este momento de la historia, es prácticamente imposible tomar partido por uno o por otro: bajezas y ruindades se han cometido en ambos bandos; si es que en algún momento alguna de las partes tuvo la razón, hoy nadie es inmaculado: tanto la milicia más sofisticada y eficaz de nuestros días, como las guerrillas y sus ataques a civiles, han vendido su credibilidad a precio de crueldad. Y no, eso no es aceptable.

En este tipo de circunstancia, ganar pierde sentido; después de tanta sangre, por tanto tiempo, quedarse con un pedazo de tierra significa poco.

Sobre la familia Trump recaerá la responsabilidad histórica de la inminenete escalada de violencia en la región; en situaciones tan delicadas, en las que se juega la vida de personas, no son aceptables las provocaciones ni las bravuconadas políticas. Y, mucho me temo, eso fue la inauguración de la Embajada.

Ojalá que la próxima vez que Ivanka Trump abra las puertas de su grandioso guardarropa, elija mejor su atuendo. Debería pensar menos en las marcas y en los colores; en vez, podría enfocarse en vestir de paz.