Votar o no votar

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:

Guillermo Hurtado

No veo televisión pero escucho radio. Los spots de los partidos políticos me tienen preocupado. No voy a hacer aquí una reseña de las groseras falacias en las que incurren o de las barbaridades que sostienen. Al principio trataba de encontrar el sentido del humor involuntario que hay en ellos, pero ahora ya me tienen agobiado.

El problema de fondo no es la publicidad, sino los partidos políticos. No estaríamos mejor si nuestros publicistas políticos fuesen unos genios de la mercadotecnia. La verdad es que la publicidad electoral en México vende productos chatarra.

Cuando uno se encamina a la casilla electoral tendría que ir con ilusión. Al depositar nuestro voto en la urna, tendríamos que pensar que nuestra decisión es un pequeño paso para lograr un cambio deseable. Pero eso no sucede ahora en México: hemos perdido el encanto de la democracia.

Otras veces uno se dirige a la casilla electoral con miedo a que gane un partido que nos parece inaceptable. En esos casos lo que nos mueve no es la ilusión del cambio, sino, por el contrario, el miedo a él. Dentro de la democracia, esa motivación electoral es perfectamente legítima. Pero en mi caso ni siquiera encuentro ese impulso.

Hay algunos candidatos que seguramente merecen nuestro voto, pero no siempre se tiene la suerte de que los hallemos en nuestra demarcación. Y en ocasiones ni siquiera podemos determinar quién es el candidato menos malo.

Por ello, muchos de nosotros votaremos por un sentimiento de responsabilidad democrática. No por gusto, sino por creer que la democracia es un sistema político que, a pesar de todos sus defectos, vale la pena apoyar.

Se podría replicar que la única manera en la que podemos hacer algo para mejorar el sistema democrático es mandar un mensaje contundente a los partidos políticos, a todos ellos, mediante el voto en blanco o incluso la abstención. No se trata, se diría, de socavar el sistema democrático, sino de rescatarlo de la pobreza y la mediocridad en el que ahora se encuentra.

Regalar un voto a cualquier partido es seguir alimentando una partidocracia estancada y hedionda.

Pero a mí no me queda claro que dejar de votar o incluso votar en blanco hará que nuestros partidos políticos sean mejores. Quizá los obligará a mejorar su propaganda electoral o incluso a tomar medidas populistas para atraer a ciertos sectores del electorado, pero nada de eso equivale a que nuestra democracia mejore de manera sustancial.

La solución a los problemas de nuestra democracia no va por allí. Tenemos que llegar al fondo del problema. Es necesario que pensemos en una nueva reforma política que le quite poder a los partidos y, de alguna manera, se lo transfiera a la sociedad. Pero si esa sociedad está enferma de los mismos males que padecen los partidos políticos, de poco servirá que sea ella quien asuma mayores responsabilidades.

guillermo.hurtado@3.80.3.65