Y las pruebas contra Duarte

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Por:

Raymundo Sánchez

Pocos —si no es que nulos— argumentos quedaron para ligar al gobernador de Veracruz, Javier Duarte, con el asesinato de cuatro mujeres y un fotógrafo, ocurrido el 31 de julio en la colonia Narvarte. La declaración que rindió en calidad de testigo se suma a otros elementos en su descargo, como el que no lo hayan denunciado ni el fotógrafo Rubén Espinosa, ni la activista Nadia Vera.

Aún así, seguirán descalificando a Duarte quienes promueven que el crimen fue orquestado por él para “silenciar” (así dicen) a Espinosa. Pero no han podido mostrar una sola prueba de que así sea. Para empezar, quién sabe si exista alguna y, en segundo lugar, sus periodistas de probada capacidad y sobrada agudeza reporteril hasta ahora no les han ayudado a encontrarlas.

Y para generar opinión se requiere al menos de un elemento que sea real y tangible, no sólo sofismas basados en creencias o dogmas. Ahora que si el gobernador Duarte está de verdad involucrado, no es con descalificaciones y frases mediáticas como lo van a llevar ante la justicia. Necesitan pruebas sólidas. De otra forma, no le harán ni cosquillas.

 

Masoquistas. No hay definición más acorde para referirse a los perredistas, en cuyo Consejo Nacional crearon una comisión (sin un solo miembro de la tribu de Los Chuchos) para intentar el diálogo, primero, y después alianzas para las elecciones del 2016 en 12 estados con AMLO, quien no se cansa de tacharlos en cada oportunidad de ser un “partido corrupto”.

El líder de Los Chuchos, Jesús Ortega, es de los pocos que han pegado el grito en el cielo. Para él, la salida del ex candidato presidencial y ahora sumo sacerdote de Morena benefició al PRD porque se despojó de “ataduras que lo enclaustraron a pensamientos anacrónicos”.

Nadie le ha hecho segunda y lo más seguro es que Ifigenia Martínez, Pablo Gómez, Leonel Godoy, Luis Venancio Sánchez, Ariadna Montiel Reyes y Elpidio Tovar de la Cruz, enviados a buscar a su antiguo cacique, se topen con otro desplante del tabasqueño, a quien le darán nuevamente la oportunidad de despreciarlos y decirles que con ese partido “ni a la esquina”. Le van a dar el gusto, porque añoran tener un amo.

 

En la agonía, la oaxaqueña Sección 22 de la CNTE no sólo está reconsiderando atender la convocatoria que les hizo AMLO para ir en alianza electoral en las elecciones del 2016, sino que ahora también buscan el apoyo de René Bejarano, experto en movilizar clientelas y operar en lo oscurito.

El cambio de opinión de los dirigentes magisteriales se debe a que ya sin el control del IEEPO, que usaban para chantajear a las bases, sus movilizaciones se desinflaron. Un ejemplo es la “toma” de las sedes central y regionales de ese Instituto, que realizaron el pasado lunes, en las que únicamente participaron 230 agremiados de los más de 80 mil maestros sindicalizados en la entidad. Y a falta de pan…

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