Entre 1946 y 1952 Juan Rulfo recorrió el país como agente viajero de la compañía de llantas Goodrich-Euzkadi, conoció ciudades, pueblos y comunidades de México y retrató varios paisajes. A 30 años de su muerte su camino sigue, no sólo en el país, sino en todo el mundo. Conquista lectores y Pedro Páramo, Juan Preciado, Susana San Juan, Ignacio, su padre y otros personajes, cada año aprenden un nuevo idioma para comunicarse con diversas personas del planeta.
“La obra de Rulfo se abre camino sola, tiene su propio peso, nadie necesita promoverla. Es el mexicano más leído fuera del país, está traducido a más de 50 idiomas y se vende actualmente en unos 90 países; cada año va aumentándose una lengua o dos a las traducciones que ya existen, o bien, se rehacen versiones en idiomas en los que ya ha sido editado, pero que se considera que pueden ser perfectible”, expresa Víctor Jiménez, director de la Fundación Juan Rulfo, en entrevista con La Razón.
En ese sentido, el especialista sostiene que la organización que dirige sólo se encarga de que “el texto que se publica esté revisado cuidadosamente para tener ediciones impecables como las que desarrollamos en editorial RM y Cátedra. Cumplimos con el trabajo que nos toca hacer, el resto le corresponde a Rulfo y él lo hace muy bien”.
Por eso, el creador de El llano en llamas se mantiene como “el autor mexicano que a lo largo de 60 años —desde la publicación de Pedro Páramo— es el más leído en el país y el extranjero. Ese es el punto de referencia esencial, porque la importancia de un escritor sólo se mide de una manera: por su número de lectores”, asegura Jiménez.
Aunque en México la cantidad de lectores es baja —menciona el director— Juan Rulfo es el más vendido dentro de la lista de autores serios, exceptuando el fenómeno del best seller nacional.
“Aquí lamentablemente se lee poco, pero en el resto de América Latina y España, las cifras de venta son altísimas”, asegura.
Jiménez explica: “hay fenómenos de best seller como el caso de Dan Brown y El código Da Vinci que se venden millones y luego se olvidan, pero están los long seller que nunca dejan de venderse; y la obra de Rulfo curiosamente, cada año —aunque sea poco— aumenta con respecto al año anterior, tanto en el ámbito de lengua española como en algunas de las versiones en otros idiomas”.
Interés internacional. El año pasado Pedro Páramo cumplió 60 años de ser editado, desde ese momento, adquirió su estatus como una de las novelas esenciales de la literatura latinoamericana.
“En muchos países (las obras) son de lectura obligatoria para los estudiantes, en México ese dato no está muy claro, pero tampoco interesa mucho porque sabemos que tendrá lectores independientemente de lo que hagan los ministerios de educación”.
La solidez de los relatos del escritor, nacido en 1917 en Apulco, Jalisco, ha generado un gran interés de investigadores de todo el mundo, como explica el director de la Fundación, “en el libro Pedro Páramo 60 años hay un artículo de una intelectual japonesa de la Universidad de Tokio, pero también tenemos colaboraciones de gente de Estados Unidos, España, Venezuela. Sobre Rulfo se escribe mucho en el extranjero”.
Por ello, señala: “trabajamos para que los estudiosos puedan establecer contactos y desarrollar líneas de exploración con nuestro apoyo, no cualquiera, desde luego, tiene acceso a los acervos; a veces, tardamos años en responderles. Ha habido casos en los que necesitan demostrar que su plan es sólido y que tienen trabajo previo”.
La Fundación realiza una labor seria, alejada de la política, se ciñe estrictamente al ámbito de la literatura. “Las alianzas que establecemos siempre son académicas, no trabajamos con investigadores que no sean académicos”, declara Jiménez.
Para conmemorar los 30 años de la muerte del también fotógrafo, la organización prepara varias actividades: “la revista La palabra y el hombre de la Universidad Veracruzana, publica en su primer número de este año, artículos dedicados a su memoria, además trae un dossier con fotografías tomadas por el escritor”.
Hoy aparecen los tres títulos básicos de Juan Rulfo: El llano en llamas, Pedro Páramo y El gallo de oro con nuevas portadas en editorial RM para su distribución en México y el extranjero y “es posible que en mayo dentro de la Cátedra Extraordinaria Juan Rulfo haya un coloquio vinculado a este aniversario”, concluye.
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Rencor vivo
Tengo retumbos de las lecturas que he realizado muchas veces de los dos libros de Juan Rulfo, los cuentos de El llano en llamas (1953), y la novela Pedro Páramo (1955). Me sé de memoria este pasaje de Pedro Páramo: “No, no era posible calcular la hondura del silencio que produjo aquel grito. Como si la tierra se hubiera vaciado de su aire. Ningún sonido; ni el del resuello, ni el del latir del corazón; como si se detuviera el mismo ruido de la conciencia. Y cuando terminó la pausa y volví a tranquilizarme, retornó el grito y se siguió oyendo por un largo rato: ‘¡Déjenme aunque sea el derecho de pataleo que tienen los ahorcados!’” Y también, como un eco extendido en los sigilos, repito muchas veces adentro de mí: “Tal vez bramó pidiendo que le ayudaran. Bramó como sólo Dios sabe cómo” (“Es que somos muy pobres”, El llano en llamas). Porque uno va de retumbo en retumbo por los parajes de Rulfo. Porque uno va royendo el viento en tremolina como si estuviera caminando sobre la tierra empinada de Luvina, respirando un viento que es aire negro. Porque uno va sonámbulo por el tiempo tras los mulos de Abundio. Porque uno va suspendido tras las resonancias de doña Eduviges.
“Yo también soy hijo de Pedro Páramo —me dijo. Una bandada de cuervos pasó cruzando el cielo vacío, haciendo ‘cuar, cuar, cuar’”. Porque cuando a uno se le va bajando la tristeza, después que poco a poco, los untos de las desdichas se van apaciguando, llega entonces el olor de Comala a lluvia vieja con el aullido del arriero Abundio avisándonos: Pedro Páramo es un rencor vivo.
Carlos Olivares Baró