Jueves 22.10.2020 - 22:12

ANSIA

ANSIA
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Siento un hueco en el estómago, la maldita ansia me carcome como ácido en los ojos, decían que solo era cuestión de decidir hacerlo, que la voluntad, que la salud, que la manga del muerto, todos hablan desde atrás de la barrera, pocos conocen el oscuro fondo del pozo donde yacemos los que nos revolcamos en una adicción, una en que aún sabiendo el veneno que nos metemos, lo hacemos gozosos por esos minutos de placer y luego la culpa, el flagelo de sabernos la causa de las lágrimas de nuestros seres queridos, la consecuente promesa de no volver a hacerlo hasta sentir la ansia...

Me revuelco entre sudores y temblores, no puedo, si puedo, no puedo, si, no, me digo que solo un minuto más y el tiempo se alarga, el minuto se transforma en eternidad y no hay nada que pueda hacer para acelerarlo, de a minuto por vez y en cada uno de ellos lucho con las ganas de decirme que solo una vez más, que lo controlaré, me justifico diciendo que no puede ser de golpe que será menos, que alargaré el intervalo, que sí lo dejaré, pero no hoy, quizá mañana. Sé que me miento y aún así, el solo pensar en que lo haré me da una calma momentánea y cuando me resisto a mi autoengaño, se contraen mis músculos. Estoy en la lucha entre lo que quiero y lo que debo, entre cuerpo y cerebro y mi cerebro está de su lado.

No importa cuantas veces intente distraerme, siempre regreso a lo mismo, al pensar en meter el veneno en mi sistema... ¡carajo!.. decían que solo era cuestión de voluntad...

No duermo bien, mi sueño se interrumpe a cada rato por lo que sea y en las pocas ocasiones en que duermo aunque sea dos horas, me levanto con la camiseta y almohada empapadas de sudor, los ruidos por insignificantes que sean me destrozan la paciencia, una ya de por sí, perdida paciencia.

Grito, le grito a la sombra, al reflejo, a quien se atreva a cruzarse frente a mí, nadie osa hacerlo pero yo grito una y otra vez, al todo, a la nada, grito desgarrándome la garganta hasta la afonía, agradeciendo el leve distractor del dolor.

El primer día, a pesar de todo, fue el más sencillo, en los días siguientes se ha recrudecido el ansia, la necesidad, he dejado de controlar mis funciones automáticas, es un asco el cuarto donde supliqué me encerraran. No quiero que nadie me vea así, hecho una piltrafa, hediendo a orines y sudor rancio... ya ni mis neuronas funcionan bien... estoy viendo alucinaciones, aunque... quizá las luces de colores estén alucinándome a mí.

El temblor es incontenible ya, me aporreo contra la pared, no sé si genera adrenalina, oxitocina, endorfinas o las cantidades industriales de cortisol que traigo encima, algo sucede cuando mi cabeza choca contra el muro, me río pensando en que así me sentía luchando contra el sistema y ahora estoy aquí, luchando contra mí... sí, quizá enloquecí pero, esto no sería nuevo, siempre me han dicho que estoy loco, aunque esta vez seguramente tengan razón.

Desvarío, mi cuerpo se ha derrumbado entre espasmos, seguramente debo estar deshidratado de tanto llanto. Ayer en la madrugada golpeé la puerta hasta sangrar las articulaciones interfalángicas, pedí, supliqué, amenacé, insulté, rogué pidiendo que me dejaran salir, en ese momento solo podía pensar en el veneno, en esos escasos minutos de placer. Ya no puedo más.

No sé cuanto tiempo ha pasado pero deben ser entre una y dos semanas, perdí la cuenta pero entre bruma recuerdo que no toqué los alimentos en los primeros días, ahora siento que no es suficiente y pido más, en eso siempre hay respuesta, me alimentan por una rendija construida específicamente para eso. No es primera vez que lo intento, seguramente no será la última aunque, siempre me queda la esperanza... es lo único que queda.

Salir, ver la luz, literal y metafóricamente, estar tan débil que apenas y sientes que puedes pararte pero al menos, por un tiempo, el ansia estará controlada, tu voluntad no fue suficiente para dejarla pero en estos momentos, después de sacar el veneno por cada poro, en cada exhalación, en cada excreción, sientes que al menos, la mantendrá a raya en unos meses cuando esta susurre “ya estás bien... ahora si la controlas” y cual cerdo al matadero, irás consciente de lo que haces, engañándote que en esta ocasión eres más fuerte que el veneno y el solo pensarlo despertará ese monstruo en tus entrañas, ese que devora tu voluntad a voluntad, ese que inicia con un susurro tentador, que promete acabar con tus problemas y lo cumple pues, solo hay problemas cuando te preocupas, cuando te importa, cuando sientes algo por alguien, cuando existe responsabilidad o compromiso pero, cuando la ansia llega, no queda nada más que el egoísta placer temporal del veneno corriendo por tu sistema y arderás contagiando de llamas al entorno y verás todo hecho cenizas y seguirás ardiendo imperturbable, manteniendo la sonrisa de la idiocia anhelada, la que no deja nada para nadie y todo para ti pues en el estado en que te encuentras solo eres tú y tú y tú y nadie más importa hasta que pase y te ahogues con la ceniza de lo que alguna vez construiste y solo quede la ansia, la maldita ansia.

Me estremezco, sigo débil y ya estoy pensando en que caeré, y así no se puede, debo de ir segundo a segundo, debo creer que en esta ocasión podré, será la última vez... algo se revuelve dentro de mí... la ansia agita la cadena y sonríe...

Despierto... Apenas han pasado unos minutos y ya alucino... entre el ansia desbocada... lo que vendrá.