EL PAÑUELO EXTENSO

EL PAÑUELO EXTENSO
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Nadie creyó que pasaría, demasiadas veces nos habían amenazado con que sucedería que, como el cuento del niño y el lobo, cuando realmente estaba pasando nadie hizo caso, nadie prestó atención o tomó precaución, nadie supuso que seríamos tan idiotas como para iniciar una guerra teniendo encima la cuenta regresiva para salvar al planeta,, no obstante, somos una especie con una cierta tendencia suicida, así que, puede que no lo creyéramos pero, tampoco nos sorprendió la enorme sapiencia de nuestros gobernantes al iniciar conflictos por razones absurdas y aquí estamos en medio del apocalipsis provocado por el norme ingenio humano.

La guerra duró 4 días pero, las consecuencias de la misma se empezaron a padecer a doce semanas de la rendición de unos y el despliegue de soberbia de otros y, por supuesto, el resto de la humanidad cual rebanada de jamón de sándwich terminó en medio de las mismas.

Hay que reconocerle algo a los militares y a los científicos aliados a ellos, tuvieron razón en que las esporas Uróboros, genial invento de eliminación estratégica, unas bacterias genéticamente modificadas para comer unos insignificantes minerales raros, neodimio, lantanio, europio, cerio, erbio, disprosio, terbio y con esto acabar con toda la capacidad militar del enemigo. Perfectamente ejecutado, resultados más allá de las expectativas pero se les olvidó el pequeño detalle, de acabar con ellos una vez que terminaran con los componentes enemigos, pequeñísimo detalle, sus justificaciones fueron maravillosas “una vez sin minerales, se morirían de hambre”, “no pensamos en que cruzaran las fronteras”, “no sabíamos que evolucionarían”. Diablos ¿en serio unos seres tan brillantes como para modificar genéticamente una bacteria que se comería ciertos elementos no podía inventarse mejores excusas? En fin, ya saben que sucedió, se acabaron los minerales, se dispersaron con el viento, evolucionaron y ampliaron su menú a columbita y tantalita y con ello nunca escaseaba la comida pues siempre había algún elemento electrónico en radio. Y sí, se murieron de hambre, después de arrasar con todo mineral raro, casualmente, necesario para nuestra holgada y ultradependiente tecno vida diaria. Pero hey ¿para eso los crearon no?

Disculpen mi sarcasmo, suele aparecer cuando me duele la muñeca por la falta de oficio después de décadas completas de solo usar las puntas de los dedos y no todo el proceso circular de escribir a mano pero es lo que hay, sé que en algún lugar aún debe haber maquinas mecánicas pero no hay ninguna en esta isla tropical olvidada por Dios.

Es curiosa nuestra especie, sabíamos que no afectaría nuestra salud y aún con este conocimiento, corrimos y huimos para poner a salvo a lo único que le teníamos aprecio verdadero, poner a salvo a lo que nos definía y daba identidad... nuestros dispositivos móviles. Quisiera decir que no soy uno de ellos, que yo no huí para poner a salvo al teléfono o a la tableta pero, si bien ya estaba por negocios en esta diminuta isla (que, en honor a la verdad, con las comodidades tecnológicas era un pedazo de paraíso, sin ellas es solo una muy, muy, pero muy pequeña parcela de roca y arena, no pude sino alegrarme cuando dijeron que era muy poco probable que la bacteria cruzara el mar... Debí pensar en el polvo del Sahara que cruza todo el atlántico sin rechistar.

Quisiera saber que sucede en el resto del mundo pero, no solo no hay forma de moverse sino que tampoco tenemos noticias, es curioso como una ultra conectada isla como las Islas Caimán, se transforma en tierra estéril cuando no hay posibilidad de mantener a la bola de parásitos que somos, acabo de ver a uno de los hombres más ricos del mundo cambiando anillos y joyas por un pedazo de fruta pero, así es esto ahora, antes la soberbia cabía en una tarjeta plástica negro y plata pero ahora, sin un aparato que pueda leer los millones que antes ostentaban es solo eso, una tarjeta de plástico que ni de mondadientes sirve, los potentes caballos de fuerza de los deportivos callan ante el golpeteo rítmico de la yegua de la carreta y los enormes yates flotan inútiles mientras el antes lento cayuco de remo, pasa orgulloso y raudo. Pero ese cambio de status quo no es el problema, el problema es que no habrá comida en pocos días y con hambre no hay honorabilidad que aguante, si ya de por sí estamos crispados por sabernos atrapados, saber que estaremos hambrientos ya hace que nos veamos de reojo y enseñemos los dientes.

Solo era cuestión de tiempo, el caos se desató y escaló, el inicio de la guerra y su fin habían sido hacia escasas semanas y en una comunicación y conectividad absoluta nadie le dio importancia, ahora, la geopolítica y los intereses económicos planetarios palidecían ante el gruñido de hambre de unos y la envidia ante el poderoso manojo de plátanos, del par de gallinas ponedoras y de los raquíticos borregos que estaban en la periferia. El hombre antes considerado pobre ahora era un potentado y aún así, algunos otrora todopoderosos magnates y recién descubiertos inútiles, se daban aires de superioridad y se atrevían a ofrecer desorbitadas sumas a futuros inciertos (perdonen que sea reiterativo pero, no cesa de sorprenderme el sujeto que ofreció un castillo en Edimburgo, con todo y escritura, a cambio de un borrego y su posterior preparación. Estoy seguro que le aceptaron el castillo más por razones humanitarias que por ser un buen negocio).

No sé si fue la suerte, la providencia o el humor de Dios, lo que hizo que el barco lleno de contenedores encallara a la mitad de la isla. La enorme mayoría era basura que antes se consideraba lujo pero, unos cuantos estaban llenos de latas de conservas, jamones curados, vinos, botellones de agua, frutas en conserva, y bueno, hasta los contenedores vacíos pueden ser excelentes hogares temporales y potenciales murallas defensivas.

Eso salvó a la civilización, al menos a los 37,000 habitantes fijos y “temporales” de George Town lo demás era tan lejano como la pequeña Caimán.

Ruego la soberbia que nos llevó a destrozar este planeta se corrija con las dosis de humildad que el aislamiento brinda, quizá en alguna parte estén construyendo barcos de vela para unir familias, ojalá, al menos eso haría yo, lamentablemente no piensan como yo, aquí estamos construyendo barcos para ir a buscar a los que estén a la deriva y uno que otro, así como si nada, suelta la palabra pirata o imperio y se justifican diciendo que no hay mejor defensa que un buen ataque.

Seguiré escribiendo aunque sé que es solo para mí, al resto de la humanidad, es decir, los 36,999 que habitan esta ciudad, están más preocupados por las futuras invasiones ya sean de ellos o hacia ellos que por pensar como haremos cuando se acabe el tesoro de los contenedores y es que vamos, somos tan inútiles en eso de la supervivencia y cultivo como lo es ahora tener ese aparato de última generación con chorro mil GB, pantalla de ultra HD y conexión satelital WiFi HBGFDJKLMY las siglas que quieran, no sirven.

HHoy es un día glorioso, encontré en el museo del pueblo una imprenta... señores, estaba acostumbrado a subir a redes todo aquello que pensaba, el mundo era un pañuelo, todos estábamos a un click y luego se fue por el caño. Sin embargo, me embriaga la emoción de saber que, a unas libras de presión sobre esta añeja prensa... las ideas se plasmarán nuevamente, a unas libras de presión y voilà... la modernidad habrá llegado.