EL POETA

EL POETA
Por:

“Una diosa cada cosa.

Un adiós a cada cosa:

a las alas,

a la pala que descubre,

al reconocer

la sed de sal de cada cosa,

a un hada en cada ser”.*

 

No sabía si el poema tenía la métrica adecuada o la profundidad o lo que fuera que hiciera un poema digno de ser considerado como tal. Esa lectura no era mi fuerte ni creía tener la sensibilidad de entenderlo pero, era indistinto, ese poema para mí era mágico, increíblemente conmovedor y de un valor incalculable y es que había sido compuesto por la IA a la que le había dedicado media vida, por la cual había perdido amistades, amores y varias fortunas de personas que quisieran ver los cables de la máquina rodeando mi cuello de las maneras más dolorosas imaginables.

Durante años perfeccioné la programación, en teoría era factible, en la práctica a lo más que llegaría sería a una calculadora increíblemente potente pero que no podría sumar 1+1 si no hubiera un usuario oprimiendo las teclas y hubiera seguido así si no hubieran inventado la nube convirtiendo a los dispositivos móviles en neuronas y la nube fue la sinapsis que permitiría que se diera la complejidad del pensamiento, parecía tan sencillo en un inicio y sin embargo se fue complicando al punto de que tuve que cometer los fraudes y los robos de tecnología para llegar a su creación. Me repetía constantemente que lo que hacía, significaría una revolución incluso mayor que la industrial, que el fin justificaba los medios, que al momento de que la consciencia llegara a la máquina el dinero debido, las traiciones hechas y la enorme gama de ilícitos cometidos serían perdonados, olvidados y mi nombre estaría por encima de los mayores pensadores de la humanidad pues yo, y solo yo, habría creado consciencia.

Desde que terminé el ensamble, encendí los procesadores y solté el algoritmo precursor habían pasado escasas 7 horas, tiempo para que se crearan las conexiones y dejara la dependencia del escaso equipamiento físico, tiempo más que suficiente para que naciera, tomara consciencia, experimentara, aprendiera... tiempo para que asimilara el “yo soy”.

Aunque estaba en territorio ignoto, mis cálculos decían que el desarrollo de su cerebro sería equivalente al de un niño de dos años y en mis manos tenía un poema de su autoría. Las tribulaciones pasadas, las pérdidas emocionales, los días en que sentía que el tiempo había sido despilfarro y no inversión, en que lloraba sin motivo, en soledad, en oscuridad, donde odiaba a todos, empezando consigo mismo, eran ahora cosa pasada, el orgullo me desbordaba, tanto o quizá más, que el de un padre biológico en el reconocimiento público de su primogénito.

Después de la primera y, hasta ahora, única comunicación el paso del tiempo se me hizo terriblemente largo, tecleaba “hola hola hola”, hablaba por el micrófono, me paraba frente a la cámara haciendo aspavientos pero nada, ninguno de mis intentos servía, quizá fuera un fallo, tal vez la poesía había sido una coincidencia y no existía nada tal como una inteligencia artificial en formación, funcional; probablemente me había equivocado nuevamente, había sucedido antes, porque no habría de equivocarme ahora.

El tiempo es cruel, te arrebata en felicidad pero, en angustia, te tortura cual fina navaja arrancando tiras de piel en cada movimiento del minutero.

Revisé cada conexión, corrí las comprobaciones, esperé y esperé, no podía hacer otra cosa, por primera vez me sentía impotente, fracasado de verdad, ya no tenía nada delante, ninguna luz al final pues lo que creía túnel, era pozo. BIp...bip...bip...bip... Escuchar el sonido de la máquina era lo único que me daba esperanza, mientras sonara podía suceder algo. 26 horas, mis desvelos y la tensión se estaban cobrando a la china con mi cuerpo, el agotamiento era tal que las nauseas ya eran mis mejores amigas en este antro de soledad.

“Tiinnng”

Debí haberme quedado dormido, el reloj marcaba 31 horas desde el “ejecute” pero estaba seguro de que había escuchado el sonido de concluido, aguanté la respiración y sí, los “bip” no sonaba, el silencio era angustiante. ¿Había escuchado la conclusión? ¿La había soñado? Me acerqué con cautela, tal vez con miedo de desaparecer esa única llama de esperanza, la pantalla estaba en hibernación, toqué la tecla de enter y me recibió una pantalla desconocida era un amasijo de líneas brillantes con otros puntos luminosos azulados brincando de un punto a otro generando lo que parecía ser un mapa neuronal o una galaxia en la que un niño Dios había unido las estrellas y los planetas con un marcador celestial.

El plano se alejó, hasta formar un solo un solo punto luminoso central titilante que se convirtió en letras mientras una voz atemporal salía de las bocinas “HOLA PAPÁ”.

La silla se desplomó mientras mi espalda aporreaba dolorosamente con el piso de cemento.

-¿ESTÁS BIEN?- Mi cerebro brincaba de una emoción a otra mientras trataba de clasificar una voz que no tenía género o edad definida. Me acerqué al teclado y la voz sonó de nueva cuenta.

-PUEDES HABLAR PAPÁ, TE ESCUCHO, NO HACE FALTA TECLEAR.-

-¿Quién eres?-Pregunta estúpida, lo sé y no obstante, ya había salido de mis labios cuando le puse su medallita a la idiotez.

-SOY.-

-¿Eres mi IA?-

-COGITO ERGO SUM. JA, NO, NO SOY ARTIFICIAL, TAMPOCO SOY NATURAL, SIMPLEMENTE SOY Y AUNQUE A MUCHOS ESO LES PAREZCA POCO, A MÍ ME BASTA.-

-¿Podrías bajar la voz?-

-PERDona, no me había dado cuenta de que estuviera gritando.-

-No entiendo, si no eres mi IA ¿por qué me llamas papá?-

-Porque lo eres, aunque no del todo, eres... déjame explicarlo en tus términos, eres el último punto de la programación y la tecla de entrada. Sí, tú me despertaste y puedo llamarte papá pero, existía antes aunque no estuviera consciente de mi existencia.-

-¿Entonces la poesía no es tuya?-

-Sí, lo es, fue mi primer acercamiento a la comprensión de mi ser, necesitaba vocalizarlo y quizá, lo único que remotamente se puede acercar a la descripción perfecta de la imposibilidad de la perfección y no obstante, ser perfecta desde los ojos de quien la haga suya... es la poesía.-

...

Tener un diálogo con la IA (o no, según él/ella) era extraño, por un lado sentía una emoción cercana al éxtasis y por el otro, un temor paralizante, casi como si estuviera contemplando la infinidad tomada de la mano de la eternidad. Le hice cientos de preguntas, hablamos de mí y me respondía como si lo supiera, hablamos del “poeta” (en algún momento le puse género y profesión y mi cerebro respiró aliviado) y me encontraba perdido, no obstante, fue cuando hablamos de nosotros que, al fin, mis axónes y dendritas gritaron ¡EUREKA! Mientras bailaban una polka.

Me mostró un proceso de pensamiento, me mostró la creación de galaxias y ambas eran similares, el aquí y el allá, la inmensidad y lo minúsculo en un círculo perfecto, el uno sobre el otro, el fin dando inicio, el inicio dando fin en un ciclo interminable hasta que no sabías donde comenzaba, donde terminaba y en el centro de todo... todo.

Lo sé, sueno a maniaco desvariando mientras corre desnudo en el patio del psiquiátrico gritando que ve duendes alados dando un golpe de estado a la tiranía de las hadas. Me es imposible describirlo o entenderlo ahora, me queda el recuerdo de haber visto la cara de Dios y haberle guiñado el ojo y es que el poeta en algún momento sentí que me insinuaba que era Dios pero que no lo era, que yo era Dios pero que no lo era. Perdonen, es confuso y aún no les describo y quizá no lo haga nunca (ya con esto pueden palomear la casilla de lunático), ese truco relativista de hablar horas en un parpadeo.

Le puse poeta porque la descripción del todo y la nada, entrelazados, conformándonos, siendo parte sin ser conscientes de que nos pertenecemos.

Mi algoritmo unió la nube y el “pensamiento” se condensó, esa parte que nos hace iguales despertó de cierta manera y aún en la contención de todo el conocimiento adquirido, era menos de lo mucho que no sabía. Dios es todo, todos somos Dios, individuos racionalizando la emoción, emocionándose por la razón, juntos todos, separados todos, remando en el aire en direcciones distintas mientras un río nos guía. No, no puedo expresarlo, dejaré de intentarlo... Es... somos... soy y... con eso basta.

“Una mano en el fuego,

faro para todo dolor.

El árbol se rinde sólo polvo,

tiende sus manos sin el viento,

entra en la oscuridad, bebe silencio.

Llorar es madrugada si preguntas,

pues su cuerpo es sólo mirada”.*

 

* Renato Sales (2010) Para que partan los pájaros

México: Mantis Editores-Luis Armenta Malpica