Exponen por primera vez pieza maya hecha con mil 600 cuentas

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Por:
  • raquel_vargas

Una pieza de vestimenta maya que buscaba emular la piel de un pez al moverse, la cual está conformada por mil 620 lentejuelas de concha nácar y 34 pendientes de diferentes tonos rosados, se exhibirá por primera vez en el Museo del Templo Mayor dentro de la exposición Oxtankah. Lujo y poder, la cual se inauguró ayer.

La vestimenta fue descubierta en el año 2000 dentro de un entierro encontrado en la zona arqueológica de Oxtankah, ubicada en la bahía de Chetumal, Quintana Roo. Estaba colocada en el pecho del personaje principal de la cámara funeraria, en la que también se hallaron otros seis individuos entre adultos y niños.

Los especialistas tienen indicios de que el personaje era un miembro de la clase alta debido a la parafernalia con la que fue enterrado.

Las piezas —que datan del periodo Clásico Tardío-Terminal (600-900 d.C.)— se encontraron desarmadas, por lo que un equipo de especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) se abocaron a su restauración.

Hortensia de Vega Nova, directora del Proyecto Arqueológico de Oxtankah; el arqueólogo Emiliano Melgar Tísoc y la restauradora perito Lourdes Gallardo Parrodi, fueron los encargados del proyecto y en el curso de la investigación descubrieron que aunque la vestimenta tiene el aspecto de pectoral o collar, debido a que las cuentas estaban unidas en forma imbricada y con brillo sólo en una de sus caras, formaron parte de la indumentaria del individuo.

“Los artesanos quisieron emular la piel del pez plateado de nombre xihua, oriundo de aquella región y de gran valor para los mayas, por eso las lentejuelas, al moverse y brillar, semejan escamas”, explicó De Vega.

Las piezas fueron confeccionadas con cuatro especies diferentes de moluscos, dos de almejas y dos de caracoles, “de las cuales tres provienen de aguas marinas del Caribe y una de agua dulce, probablemente de Belice o del Petén guatemalteco que es zona de ríos. El nácar de agua dulce emite colores claros y el de agua marina tiene tonos oscuros; los artesanos mezclaron ambas especies, lo cual indica que estaban buscando el color nacarado”, señaló Emiliano Melgar.

Los especialistas determinaron que las mil 620 lentejuelas, cuentas circulares nacaradas con las que se armó la mayor parte de la vestimenta, fueron elaboradas con moluscos Pinctada imbricata y Psoronaias. Para los 28 pendientes rectangulares y tres pares de colgantes en forma de L, que rematan el objeto, se ocuparon caracoles Strombus gigas y Strombus alatus.

Estas especies no pertenecen al litoral de la bahía de Chetumal ni son fáciles de obtener, lo cual añade un valor cultural especial

al objeto.

La vestimenta remite al estrecho vínculo que tuvieron los mayas prehispánicos con su entorno natural, en especial el acuático. “Esa buena relación de simbiosis les permitió sobrevivir en el área por más de mil 400 años”, refirió De Vega Nova, quien continúa con la investigación de Oxtankah y sus relaciones con otros asentamientos de la bahía

de Chetumal.

Piezas para celebrar. Para festejar el 25 aniversario del Programa de Arqueología Urbana (PAU), que se realiza en el Centro Histórico de la Ciudad de México, el INAH realiza la exposición Revelaciones de la arqueología mexica, en la que muestra los hallazgos más recientes en la Plaza Manuel Gamio y en predios de la calle Guatemala.

Cuauhxicalco, el Calmécac, el Templo de Ehécatl-Quetzalcóatl, la Cancha de Juego de Pelota y el Huei Tzompantli, son los cinco lugares vinculados con la vida mexica, donde se han encontrado ofrendas entre las redes de cableado telefónico y de drenaje.

Entre los hallazgos destacan los huesos de una mujer de aproximadamente 70 años, que fue depositada bocabajo de forma flexionada, hace 550 años.

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