“Lo que escribi no fue una simplificacion de las letras ”

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La obra de José Agustín, definida por Margo Glantz como literatura de la onda, va más allá de lo que el autor de Dos horas de sol considera como la forma de simplificar lo que se estaba haciendo en los 60. En entrevista con La Razón, el escritor de 70 años, asegura que siempre ha considerado este término como un “reduccionismo bastante serio”.

Como Gabriel Guía, el personaje principal de La Tumba, la primera novela de Agustín, el entonces joven escritor de 16 años incursiona en la creación literaria con una propuesta fresca, de lenguaje coloquial y con referencias sociales fuera de los formalismos para la época.

Su autor dice que la novela, a la que los directivos de Editorial Novaro quisieron llamar ‘Revelaciones de un adolescente’ con la finalidad de buscar un nuevo público, “fue un texto que escribí muy chavito, tenía como 16 años.

Alguien me comentó que en Novaro estaban publicando novelas y me acerqué a ellos, pero cuando me pidieron que le hiciera varios cambios, la verdad me aterroricé y me dije, a ver qué chingados quieren hacer estos. Al final esa visión de La Tumba salió un poco después”.

El también apasionado del teatro y del clima cálido de Acapulco, compartió escenario bajo la dirección Carlos Ancira, “era padrísimo” enfatiza en tono anhelante.

De sus influencias literarias refiere que vinieron de todas partes. Inicio en el taller de narrativa de Juan José Arreola, pero Lolita, de Vladimir Nabokov lo marcó, “un ruso que en realidad que se había agringado y manejaba un inglés soberbio; había muchos autores mexicanos clave para mí, luego llegaron los europeos y lo que fue definitivo es que me gustó mucho la literatura de Estados Unidos y en inglés”.

De la pluma al papel. José Agustín reconoce que con el paso del tiempo se ha dado cuenta que en realidad escribía para él e involuntariamente para mucha gente. “Era un jovencito, no tenía acceso a escribir literatura, sin embargo para mí fue importantísimo Arreola, quien era un escritor que manejaba todos los géneros que requiriera el texto que estaba redactando, era un escritorazo”.

Su estilo en contracorriente lo caracterizó y ha logrado que la firma del también dramaturgo perdure. “El lenguaje coloquial, nadie lo usaba en realidad, era una de las cosas que no se usaban para nada, no se podía escribir sobre cuestiones cotidianas, sobre la realidad, estaba como vetada”.

Las historias, ideas que el autor de Se está haciendo tarde (final en laguna) consideró que algún día serían necesarias, continúan vigentes pues sus lectores se siguen identificando con sus personajes, reproducen escenarios tanto de la costa de Guerrero, como de la Ciudad de México o el Palacio de Lecumberri.

“Lo que quería era escribir lo que me correspondía y de repente me salían esas historias, me daba cuenta de que los desarrollaba y de que no había problema”.

Además, el rock musicalizó la literatura de José Agustín, “en aquella época fue realmente importantísimo, sigue siendo, pero en los años 60 nadie escribía de eso, y mucho menos les gustaba el rock and roll, pensaban que era una música de retrasados mentales”.

Uno de los escritores más importantes en la actualidad, Juan Villoro, recuerda a Agustín como un impulso imprescindible para su quehacer como escritor; sin embargo, el autor de La panza del Tepozteco no se asume como un escritor especial, termina la llamada telefónica, que contestó en su casa de Cuautla definiendo su oficio: “Híjole, yo escribo nada más lo que siento que tengo que escribir, y trato de ubicar las cosas en un contexto adecuado, y sí a veces muchas de esas cosas tuvieron una contextualización muy especial. Ni hablar, a mí me tocó ser así”.

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