Mario Trematore, el ateo que rescató la Sábana Santa

Mario Trematore, el ateo que rescató la Sábana Santa
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“Ésta es la imagen del lienzo sagrado que envolvió el Cuerpo de Jesús tras su muerte”, aseguró el padre Pío a su hermano capuchino Paolo Covino, delante de una reproducción de la Sábana Santa. Por designio de la Providencia, fray Paolo Covino administró el sacramento de la Unción de Enfermos a San Pío de Pietrelcina el mismo día de su muerte: 23 de septiembre de 1968.

Casi 30 años después, el bombero italiano Mario Trematore, sin creer en Dios, empezó a golpear el cristal blindado con toda la fuerza de su alma para salvar a la Sábana Santa de las llamas. Provisto de un mazo de hierro, golpeó la urna de cristal de casi cuatro centímetros de grosor y logró extraer la Síndone intacta. Era la noche del 11 al 12 de abril de 1997.

Minutos antes se había declarado un incendio en la capilla Guarino Guarini, que resguardaba el sudario, entre la catedral de San Juan Bautista y el Palacio Real de Turín, al norte de Italia. El incendio sólo pudo ser sofocado tras cuatro horas, de modo que la cúpula de madera de la capilla Guarini fue devorada por las llamas.

La capilla se hallaba en su fase final de restauración; de ahí, que las primeras hipótesis que arrojó la investigación apuntaran a un cortocircuito causado por los trabajos. El director de la empresa encargada de las obras negó, que el fuego tuviera relación alguna en fase de terminación.

Trematore acudió allí en compañía de casi 200 bomberos de todo Piamonte y Lombardía para evitar que el fuego se propagara al Palacio Real.

Pese a que fue posible salvar la magnífica fachada del edificio, que data del siglo XVII, la galería de madera que permitía el acceso directo de los miembros de la Familia Real de Saboya hasta la capilla quedó calcinada por completo. El superintendente de los bienes culturales de Turín, Pasquale Malara, manifestó con impotencia la magnitud de los daños, a los que calificó de “espantosos”, sobre todo en la capilla Guarini: no quedó ni rastro.

Bautizada con el nombre del arquitecto que la diseñó en 1668, la capilla tenía como finalidad albergar el Santo Sudario, con el que fue amortajado el cuerpo exánime de Jesucristo tras ser descendido de la Cruz, instalada en el Monte Gólgota. La reliquia había sido venerada por millones de fieles durante siglos, quienes pudieron observar en ella las señales del rostro de Jesús y las heridas en todo su cuerpo.

Como consecuencia de las obras de restauración emprendidas en la catedral, el relicario se custodió detrás del altar mayor, lo cual evitó que se perdiera tras declararse el siniestro. Mario Trematore quedó extenuado, con las manos ensangrentadas. Pero su rostro reflejaba paz y felicidad. Acababa de rescatar la reliquia de Nuestro Señor Jesucristo y sentía en su interior que él también se había salvado. ¿Cómo, si no, considerándose ateo, pudo declarar después: “Dios me ha dado las fuerzas para romper el cristal”.

Alarmadas por el fuego, miles de personas se congregaron en las inmediaciones y aplaudieron la salida de Trematore con el Santo Sudario en las manos, ayudado por varios compañeros. La Sábana Santa se trasladó provisionalmente a casa del arzobispo de Turín, el cardenal Giovanni Saldarini, a quien los testigos aseguraban haber visto llorar, y rezar en su interior, delante de la catedral mientras los Bomberos trataban de aplacar el incendio.

El secretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan, que había cenado con el ex primer ministro italiano Giulio Andreotti y el empresario Giovanni Agnelli en el Palacio Real de Turín poco antes del incendio, calificó lo sucedido de “gran tragedia apocalíptica para Turín, Italia y el mundo entero”.

Su rescate de las llamas se comunicó de inmediato a Juan Pablo II, antes de iniciar su viaje a Sarajevo.

Un año después del trágico suceso, el domingo 24 de mayo de 1998, Juan Pablo II permaneció arrodillado ante la Sábana Santa, trasladada ya entonces a la catedral de Turín, donde se conserva hoy.

El Romano Pontífice celebró la Santa Misa en presencia de la reliquia y pronunció una vibrante homilía, durante la cual aludió al incendio registrado el año anterior: “Al entrar en la catedral —manifestó el Papa—, que muestra aún las heridas causadas por el terrible incendio que se produjo hace un año, me he recogido en adoración ante la Eucaristía... A la luz de la presencia de Cristo en medio de nosotros, me arrodillé ante la Sábana Santa, el precioso lienzo que nos puede ayudar a comprender mejor el misterio del amor que nos tiene el Hijo de Dios. Ante la Sábana Santa, imagen intensa y conmovedora de un dolor indescriptible, deseo

dar gracias al Señor”.