“Mi obra quiere honrar a los viejos maestros zapotecos”

“Mi obra quiere honrar a los viejos maestros zapotecos”
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Natalia Toledo (Juchitán, Oaxaca, 1967) no es solamente la hija del gran artista plástico Francisco Toledo, sino una de las más importantes poetas y narradoras del zapoteco. Premio Nezahualcóyotl de Literatura en Lenguas Indígenas (2004), la autora del hermoso cuaderno de cuentos Ba’du’ qui ñapa luuna’ / El niño que no tuvo cama —ilustrado por su padre— vive la poesía desde un trance de cotejos con las circunstancias de su entorno, diálogo con la memoria: acto de invocación no exento de

añoranza y zozobra.

Aparece Deche bitoope / El dorso del cangrejo (Almadía Ediciones, 2016), el más reciente poemario de Natalia Toledo ilustrado por el Dr. Lakra, su hermano. Edición bilingüe (zapoteco-español), conformada por dos apartados: “Ca gunaa nadxbalú xti’ Xavicende / El matriarcado según San Vicente”, “Deche bitoope / El dorso del cangrejo”: más de 30 antífonas que rescatan espacios entrañables y vivifican el habla de la región del Istmo. Ceremonia y festejo lingüístico: las gradaciones del zapoteco producen resonancias inolvidables en los lectores: el acento de la última sílaba de sus vocablos edifica un cántico de cordial prosodia.

“Escribo en español y en zapoteco, depende quizás de mi estado de ánimo o de los escenarios que rodea al texto. Son dos lenguas diferentes, dos hablas distintas, dos concepciones del mundo no opuestas, pero sí conformadas por diferentes perspectivas. Este libro fue escrito en su mayoría en zapoteco. Después lo lleve al español. Pero insisto no son traducciones en el sentido académico de una versión a otra lengua. Yo diría que son traslaciones: hinco, incrusto la música del zapoteco en la armonía del castellano”, comentó para La Razón la autora de Mujeres de sol, mujeres de oro (2002).

Me han dicho que su nombre verdadero es Cielo Min. ¿Es cierto? ¿De dónde te llegó esa información? (Risas). Cuando nací, mi hermano mayor le fue a decir a la gente del pueblo que había nacido su hermanita y que era ‘tan bonita como el cielo’: sí, soy Cielo Min. Min por mi papá, quien se llama Francisco Benjamín. Soy un cielo: ¿a poco, no? (ríe, los ojos se les desbordan).

¿Pesa la figura de su padre, Francisco Toledo, en su obra literaria? Nunca me ha preocupado ser hija de un señor famoso, un gran pintor, orgullo de Oaxaca. De él aprendí a amar mi cultura, a mi pueblo, a mis orígenes, a mi lengua. Su imaginario visual ha sido muy estimulante en mis textos; pero, insisto, soy Natalia la poeta de Juchitán; él, Francisco Toledo, pintor de notoriedad mundial. Para mí, él es el cuate que tiene un taller de gráfica con quien comparto proyectos. Claro que reconozco su talento. Así asumo el apellido paterno. Tenemos una relación de respeto y de afectos excedidos. Mis primeras publicaciones están ilustradas por él. Ahora recurrí a mi hermano, el Dr. Lakra.

¿Una muestra de versos como un llamado a conservar una lengua que puede perderse en estos trajines de la globalización? En mi obra quiero honrar a los viejos maestros que me enseñaron la lengua zapoteca. Todos los que escribimos en una lengua originaria, buscamos llegar a los lectores de nuestras comunidades.

Un cuaderno edificado en el aroma de las flores de Juchitán, soles, jícaras, constelaciones... Sí, qué bueno que lo percibes: brotan las flores en muchas imágenes. Son insignias animosas de la cultura donde crecí y me formé. Soles derritiendo la resina de los arboles. Constelaciones que acarician a la noche de mi pueblo: hamacas de estrellas. Abrazo de tristeza, el cielo de Juchitán.

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