Miércoles 20.01.2021 - 16:52

OJOS EN LA ESPALDA

OJOS EN LA ESPALDA
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Años antes, en el 2020 para ser más específicos, se había aprobado la “ley nana” que permitía a los padres que así lo desearan, introducir un dispositivo subdérmico de localización en sus pequeños hijos, en realidad era buena idea, tan buena que casi toda una generación fue monitoreada en todo momento durante su niñez, el problema fue que al cumplir los 18, edad en la que deberían de eliminarlo se dieron cuenta de que para evitar su hackeo o la eliminación del dispositivo en caso de secuestro, lo habían enterrado tan bien, que ahora era imposible su eliminación. Si hay que ser franco, de los 18 a los 25 nadie desea que sus padres estén acechando sobre el hombro en cada momento, o peor aún, sufrir la angustiante vergüenza de ver como se prende un pequeño foco rojo como signo irrefutable de tu inmadurez... al menos, a los ojos de tus amigos.

Podríamos decir que cuando supieron que era imposible remover el dispositivo dejaron de ponerlo pero, sabemos que eso no sería verdad, la incomodidad de los jóvenes no era tema importante, la seguridad de los niños si lo era y solo hizo falta la negativa a considerarlo para que toda nuestra sociedad hiciera un encogimiento de hombros virtual  y siguiera como si una mosca se hubiera parado en el plato del vecino, además, claro, el argumento incuestionable de: “mientras sigas viviendo de mi dinero, tengo derecho a saber donde andas”.

-Es cuestión de adaptabilidad.- Dijo cansado. -Llega el momento en que dejas de prestarle atención.- El tono era indiferente y no obstante, se observaban las marcas rojas dejadas por la cinta cubierta de plomo, que no servía para apagar la señal aunque al menos tapaba el foco, además del hecho de que veían la cinta como una manifestación de independencia aunque fuera probada su inutilidad.

-No me molesta que abran su teléfono y vean donde estoy. Me molesta que me cuestionen el motivo, las razones o porque me da la gana de estar donde estoy. Eso es lo que me pudre.-

-Si bueno. Además de que sirve que sepan donde andamos si no pueden saber lo que hacemos.- La sonrisa cínica se ensanchó mientras abría una cerveza y la empinaba exageradamente.

-Tienes razón. Pásame una.- apagó su teléfono, podían saber donde estaba, sin embargo, eso no implicaba que tuviera que escuchar los cuestionamientos absurdos de sus padres.

No dejaba de observar su reloj que mostraba el mapa de la ciudad y un punto que no se movía desde el día anterior. Había desarrollado un TOC con un toque de paranoia con el paso de los años, necesitaba saber a cada rato en que lugar estaba su hijo, religiosamente monitoreaba donde se encontraba su vástago, de un tiempo para acá los pleitos eran cada vez más cruentos y no obstante, seguía revisándolo y marcándole cuando lo encontraba en un lugar de posible riesgo, trataba de contenerse aunque le resultaba imposible y más cuando llevaba desde el día de ayer sin moverse. Marcó...

Fue el dron de pronta respuesta lo que lo levantó, la cabeza le palpitaba y los rayos de sol eran como agujas penetrando su reseco y crudo cerebro, el dron emitía un molesto pitido de comunicación electrónica y su celular se encendió con una llamada de su padre que sonaba ligeramente histérico.

No hace falta narrar la vergüenza pública, la universidad al acecho, los cuchicheos, las sirenas, la expulsión por cero tolerancia al alcohol... La visita de sus padres.

-¿Está seguro de esto?- preguntó el oficial.

-Lo estoy.- Contestó ante la mirada iracunda de su hijo que solo atinaba a mover la cabeza en un gesto de incredulidad y negación.

-Necesito que usted firme aquí y aquí  y el joven presente, acepte las condiciones para convertirse en ciudadano institucional de procedimiento abreviado.-

-¡Están locos! Es mi vida.-

-Joven usted incurrió en una situación de pronta respuesta, el procedimiento lleva implícito un seguimiento de video directamente a su monitor legal.-

-¡Yo no incurrí en nada y soy mayor de edad!-

-Pero sigues bajo mi cuidado.-

-Es absurdo, es increíble, es un abuso que además de estarme siguiendo por gps durante toda mi vida, ahora tenga que tener un aparato grabándome hasta cuando voy al baño.-

-Eso no es del todo correcto, es para mantenerte seguro.-

-Disculpen que los interrumpa.- El oficial puso su rostro más serio. -Necesito que firmen, su sociedad se los agradecerá. ¡Ya!-

No hubo discusión, el padre tendría en todo momento un link de seguimiento de su hijo, el hijo tendría una sombra durante el resto de su vida pero, a su vez tendría mayor libertad al estar bajo el cuidado institucional y la ciudad tendría un ciudadano que siempre se portaría correctamente pues no hay mucho margen de maniobra para los actos vandálicos si estás vigilado 24/7. El oficial tuvo un pequeño regusto amargo y un instante de añoranza pero no duró mucho, a todo se acostumbra uno, pensó que su padre jamás se hubiera imaginado que terminaría siendo un agente de ley y menos cuando le hicieron lo mismo que ahora realizaba. Tomó al joven por el hombro y lo alejó de su padre.

-Mira, sí, tendrás una cámara pegada a ti en cada instante desde ahora hasta el día en que mueras pero, no es tan malo. ¿Ves esa pequeña mancha plateada en el cielo? Son mis ojos en la espalda, mi sombra, mi dron de seguimiento.- El joven subió la mirada, entrecerró los ojos y abrió la boca de asombro.

-¿Ese es tuyo?- Las preguntas de respuesta obvia siempre son las primeras en aflorar a nuestros labios.

-Ese mismo. Me sigue desde que mi padre también tuvo su ataque de paranoia y creyó que era un castigo apropiado a mi rebeldía de ponerme en peligro constante. En realidad me liberó. Verás, el estado tiene una increíble cantidad de personas bajo seguimiento pero nadie que las revise salvo que un algoritmo encuentre algún movimiento o situación inusual y mande una alerte pero, si no pasa nada fuera de lo común, no hay nadie que te esté revisando, excepto tus padres claro, no obstante, después de firmar, ellos ya no tienen autoridad sobre ti, te conviertes en ciudadano institucional de procedimiento abreviado, le perteneces al estado y nada más que al estado, en otras palabras, puedes bloquear todo tipo de comunicación sin que un individuo sea quien sea pueda hacer absolutamente... nada.- Sonrió divertido cuando vio el anhelante brillo de unos ojos necesitados de independencia.

-¡Adelante!-

Pensaba en lo sencillo que era reclutar ciudadanos de procedimiento abreviado cuando estaban enojados con la vida y en especial con sus padres, quizá debió decirle que si lo estarían observando aunque, tampoco era muy probable... eso mismo pensaba él y no obstante desde que había encontrado en la grayweb ciertos videos suyos, caminaba con el andar de quien se sabe observado y admirado. Como oficial a veces se preguntaba como sería su sociedad si se hubieran hecho caso a las voces que clamaban contra la geolocalización y el férreo control estatal pero, cuando recordaba que a lo único que se tenían que enfrentar ahora era al malestar de unos jóvenes, a la obsesión de unos padres y a uno que otro hacker vouyerista, agradecía que sus líderes hubieran realizado el sacrificio de la privacidad a cambio de la seguridad.

Guiñó un ojo a su dron de seguimiento... nunca se sabía quien podría estar mirando en este instante.