Publicar un libro, una labor precisa y cercana al escritor

Publicar un libro, una labor precisa y cercana al escritor
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Todo inicia con el invento de la imprenta moderna a mediados del siglo XIV por Johann Gutenberg (1399-1468). Nacimiento del libro como lo conocemos hoy: ese objeto que ha sido determinante en la difusión de la cultura durante siglos. En 1452 se emprende la faena editorial más trascendente de todos los tiempos, la hechura de la ‘Biblia de 42 líneas’ (Biblia de Gutenberg): comienzo de la Edad de la Imprenta.

Más de 500 años, hacer un libro es algo común en el mundo contemporáneo. De Gutenberg a la impresión offset, hasta el paso a lo digital. Composición por computadoras que agiliza el proceso de publicación: el libro al alcance de todos. Miles de empresas se dedican a la divulgación del libro por todo el planeta. Según datos de la Unesco, es la industria con mayor auge económico en los últimos 100 años.

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¿Cuál es el proceso de edición de un libro en la actualidad?, le pregunto al director del sello independiente PressCatálogo, con sede en Veracruz: “Primero, recibimos los manuscritos de los autores, los cuales se van a dictaminación de un equipo de especialistas. Una vez aprobado, viene entonces un trabajo del editor con el autor para precisar detalles. Formación, diseño, portada e imprenta. A todo esto, le sigue después un trabajo de comercialización para colocar el producto en librerías y por supuesto, la promoción que involucra a la prensa”, me precisa.

Gestiones que se hacen más complejas cuando indagamos en editoriales transnacionales, las cuales dan a conocer cientos de libros cada mes. “Recibimos miles de manuscritos de autores desconocidos. Hay una rigurosa dictaminación, con un resultado promedio de un 10 por ciento de aprobación. Trabajo de mesa con el escritor, estrategia de comercialización, derecho de autor, perspectivas, ferias internacionales y otras gestiones que tienen el objetivo de proyectar el producto a nivel internacional”, precisó Carlos Ramírez, de Planeta.

“Recibimos miles de manuscritos de autores desconocidos. Hay una rigurosa dictaminación, con un resultado promedio de un 10 por ciento de aprobación. Hay trabajo de mesa con el escritor”

Carlos Ramírez

Director general de Grupo Planeta México

¿El libro como un ‘producto’ o como un objeto cultural? Cuando digo producto lo refiero en un sentido de mercadotecnia. Somos una empresa que hace libros, objetos culturales de indiscutible importancia en la divulgación literaria, científica, económica, jurídica y artistica. Somos conscientes de todo eso, pero desde una visión empresarial.

¿Las ferias del libro, como un modo de promover la lectura o una comercialización? Se complementan ambas cosas. Invitamos a los autores, presentamos las novedades, se hacen descuentos: se realiza una labor de promoción de la lectura. Nos conviene que la gente lea, entre más lectores, más ventas. Este negocio es distinto a otros, por ejemplo, el de hacer y vender ropas, donde las leyes mercantiles son distintas.

La Razón conversó brevemente con el director general de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (Caniem), Alejandro Ramírez Flores, y esto fue lo que nos dijo: “Es un asunto que hay que valorar con cuidado. El libro como un objeto cultural y también como un producto comercial. Lo mismo pasa con los fonogramas, las películas, un concierto, el teatro. Son bienes culturales que una empresa vende (término quizás, molesto). Nuestra labor como cámara es coadyuvar en esa relación de las editoriales con los lectores. Participamos en todas las ferias del libro del país como garantes de esas correspondencias”.

“Soy la cara de mis autores frente a la prensa y los lectores. Alfaguara vela por la exigencia de la calidad. Sí, el libro es un objeto cultural que sobrepasa la condición de un producto. En ese sentido trabajamos”

Mayra González

Directora de Alfaguara México

“El editor es un intermediario. Mi función se sustenta en explorar qué cosa la gente quiere leer. No se trata de rechazar manuscritos de escritores noveles, sino por el contrario, estimularlos para que sigan escribiendo. El proceso de dar a conocer un libro es gozoso y también conlleva un compromiso. No podemos editar basura, es una cuestión ética, la de presentar la mejor literatura a los lectores”, glosa Humberto Pulgarón del sello independiente Hojarasca de la ciudad de Mérida.

“Hacemos de todo: desde atender a los autores hasta apapacharlos en las ferias. Revisar las propuestas de portadas, la cuarta de forros, presentaciones, coordinación con la prensa. Trabajar con ellos en la mesa de edición. El editor es todo eso y más. Soy la cara de mis autores frente a la prensa y los lectores. Alfaguara, por su presencia internacional como uno de los sellos más prestigiosos en español, vela por la exigencia de la calidad. Sí, el libro es un objeto cultural que sobrepasa la condición de un producto. En ese sentido trabajamos”, concluyó Mayra González, directora de Alfaguara México.