Timo es para la gente, no para críticos de arte, dice su creador

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Alejado de los recintos museísticos oficiales, Timo, el personaje creado en 2005 por el escultor
Rodrigo de la Sierra acapara distintos espacios públicos, pues como su creador lo dice no es una escultura que esté pensada para encapsularse en un museo, sino para convivir con las personas.

“Timo es una propuesta cultural que no está dirigid a los culturistas del arte, mi, obra está dirigida a las personas. Para mí como artista es importante que los consumidores del arte que básicamente son las personas normales, que día a día trabajan, estudian, pasean, etc., puedan entablar un diálogo permanente con las piezas sin necesidad de que exista esta especie de barreras de cristales que usualmente separan al público de la obra en los museos”, aseguró el artista en entrevista con La Razón.

La apropiación de los espacios públicos, es un concepto relativamente nuevo que plantea la necesidad de redefinir las plataformas culturales y la recepción de lo que usualmente está catalogado como arte.

Timo, el personaje central de la obra artística de Rodrigo de la Sierra, la “simpática figura” como algunos de los espectadores los definen, muestra una parte esencial de los movimientos artísticos contemporáneos y que es ampliamente debatida. Dicha cuestión radica en los parámetros que se utilizan para definir lo que debe o no ser arte y en dónde debe ser expuesto.

Alejado de esas polémicas, De la Sierra, quien presentó al protagonista de su trabajo escultórico en la bienal de Japón de 2007, explicó que la importancia de sus obras radica en la crítica que emiten. En ese sentido, aseguró que al momento de crear no repara en sobre si políticos, jóvenes o niños gustarán de su obra.

“Timo es un personaje que ironiza muchas de las situaciones que cotidianamente vivimos. Yo no sé si cada una de las situaciones que él interpreta le gustará o no a un crítico de arte, a un político o a un profesionista, pero lo importante de ese diálogo es que sea el propio público quien juzgue la obra, es el mejor veredicto”, agregó.

De la Sierra, vive y trabaja en la Ciudad de México. Durante 12 años se desempeñó como arquitecto y desde hace 10 años se dedica a la escultura.
Timo fue conquistando poco a poco diversos recintos y espacios públicos, privados e incluso institucionales en China, Italia, Estados Unidos, Corea del Sur y México.

“Cada artista tiene su propio ritmo, yo por ejemplo logré exponer muy pronto en otras partes del mundo como Japón o Estados Unidos, posteriormente se me concedió la oportunidad de mostrar mi obra en recintos como el Senado, espacios a los que no es fácil acceder pero que deberían motivar a otros artistas”, comentó.

De la Sierra aseguró que los movimientos contemporáneos como el de Timo lejos de provocar un escarnio público deben motivar a más creadores a acaparar lugares y recintos que antes parecían inalcanzables.

“Muralistas como Diego Rivera y Siqueiros elaboraron gran parte de su obra en recintos del Estado, fueron trabajos pagados por el Estado y que al final son parte de la riqueza cultural que el público puede gozar”, dijo.

Seduce a capitalinos. La exposición de 15 esculturas de Timo entre la gente en la Alameda ha sido bien recibida por quienes caminan por el parque más emblemático de la ciudad. Con asombro miran cada una de las piezas elaboradas con bronce y acero, se toman fotos en las que adoptan sus poses para hacer juegos con el simpático personaje.

Rubén Martínez decidió salir a caminar junto a sus hijos quienes están de vacaciones y al observar la escultura de Timo de 5 metros de altura posaron junto a la figura.

“Es una buena idea que pongan figuras llamativas para los niños, así ellos pueden empezar a apreciar el arte con objetos que les sean simpáticos, no es lo mismo ver a un personaje con el que se identifiquen como éste que ver una escultura otras figuras que no puedan entender“ comentó Martínez.

Su hijo Rafael no quita la mirada de El aviador, al igual que otros cuantos pequeños que dudan sobre tocar o no las obras de arte creadas por Rodrigo de la Sierra.

Las personas se toman selfies junto Timo y alientan a sus hijos a que hagan lo propio, les dicen que lo abracen y los pequeños sonríen junto a él.

Timo hacen equilibrio en una escalera, en otras juega al “cojito” sobre el mundo, inspirado en el Mundial de Futbol, pero en otras el tema es más serio, pues tratan sobre la consciencia del hombre, según subraya el sitio oficial del escultor.

Doña Luz, de 65 años, permanece de pie y observa cada detalle de las figuras, da vueltas a su alrededor una y otra vez, con mucha curiosidad analiza cada curva del personaje se acerca y se aleja hasta encontrar el ángulo correcto para hacer una foto.

“Es como un niñote, está bonito porque trepa aviones de papel, juega con el mundo, se equilibra sobre las escaleras, es como representar los sueños que todos tuvimos de niños”, opina.

“Mis hijas tienen 3 años y es impresionante ver cómo les gustaron estas obras, cómo se divierten. Hay que agradecer que los tengan aquí, así ya no ven sólo árboles y fuentes, es una forma de que conozcan el arte”, indicó María.

Padres de los pequeños que disfrutan sus vacaciones sobre la Alameda Central, opinan que es bonito ver que sus hijos se emocionen tanto con Timo, además les gusta porque es algo que no ven, no es lo mismo ver las tradicionales piezas de arte.

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