Siglo y medio, indulto desmesurado para un Rivera encontentado

Siglo y medio, indulto desmesurado para un Rivera encontentado
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Sol y su invierno, parches y metales en su haber, la Plaza México recibió el año con poca audiencia, mucha expectativa después de la indultada de ocho días atrás. Tres mexicanos, de nuevo, buscaron en el cartel un triunfo. Dos tlaxcaltecas y un chihuahuense andaban en busca de una victoria, todos por banderillas, y la ganadería de fiesta comenzó una faena ferial que acabó, oh, musas, en indulto ligado. Con Sin Cara, exluchador de la WWE, en el callejón daba inicio la tarde de Reyes Magos, muy eficientes y muy espléndidos por lo que se deja ver a continuación.

Cárdeno meano, ojito de perdiz, badanudo nevado,  Don José María, el rabón más pesado de la tarde, 534 kilos, cabeza encaireleada de hirsuta crin, astifino de palas abiertas derribó de su caballo, en dos embestidas, buen quite del Chihuahua, a Erick Morales y por palitroques despachó con buen viso a su matador, José Luis Angelino, azul rey en oro. Por derechas todo, entendiéndolo lo forzó, dedicándolo al respetable lo ahogó y al entrar con la espada erró dos veces: una pinchando en hueso, otra ladeando sin fin preciso ni en puntilla.

Rabicano, más quieto que el primero, Don Lubín, seiseño de la media tonelada menos diez, fue un bragado veleto que se avivó en los rehiletes de su coleta, Antonio García El Chihuahua, habiéndose dormido en el peto de Héctor García. Por tablas y hacia el centro del pandero inició catártico, andarín el muleteador norteño, hablantín también, acabó mal epilogando su tercio, en muy mala colocación.

El dato. Dos indultos al hilo, la Grande se prende sin matadores, Rivera se corona sin espada de por medio.

Don Villulfo, 502 kilogramos de zaino corto, paliaperto, fue a dar a la puya de Omar Morales y ahí casi concluyó, luego de un par de verónicas bien puestas del tercer espada. Sin grandes banderillas del tlaxcalteca en turno, el bicho no duró ni medio gas en la muleta porfiada de un Rivera que se quedó vestido y alborotado con la espada, pues el piedrasnegras se echó antes de lo debido. Brindado a un aficionado en silla de ruedas, se fue silbado.

Don Romarico, 530 de peso, bragado y delantero vuelto, tocado del pitón siniestro, fue un rabón que dio buenos visos a su salida, por tablas, y contra su caballo, con palo firme. Por banderillas, de nuevo de su matador Angelino, esta vez no lució ni con vuelta al ruedo desconcertadora. Lento, impreciso, igual por derechas que entrado, José Luis muy de cerca pasmo a su ganado. Ya al final, ni por manoletinas le hizo mella con tres pinchazos y quién sabe cuántos descabello, entre mugidos del toro de Tela se fue con un avisado.

Quinto esperado, lindo quinto Don Raúl y sus 520 de peso y estampa cornivuelta en su negrura fue de suerte en primer tercio con Pedro López en la lanza, medio lució los forzados pares de banderillas de matador y cayó al tercio grande un tanto avisado por las mantas que el Chihuahua le avisó que no iría bien con la de finiquitar, que por más que fue y vino, no reconcilió ni con el trancazón de ceja abierta en el lomo que se recetó. Con aviso y dos descabellazos abucheados se despidió el segundo espada del norte.

Siglo y medio, bien puesto y sus 511 de pesaje fue las delicias de un Rivera que quiso darse el gusto de unas banderillas al alimón con un Angelino malpuesto, que no cedió, pero que puso todo el brío para que en muletas luciera el coleta apizaqueño, quien a puros medios pases, acaso con molinetes de resuene, prendía a las gradas que muy antes de tiempo pedían un indulto exorbitado a un buen ejemplar, cárdeno en claro, botinegro meano y bocinero que merecía la toledana por su casta, pero no por su raza. Cayó el padrazgo a disgusto de los tendidos y las vueltas ni lucieron sin rechiflas en la Plaza México.

Angelino se despidió, abrupto, persignado. El Chihuahua, recogiendo flores destempladas. Rivera, en hombros abucheados y nueve cojines en la arena. Niños apropiándose de la fría noche jugando a las sombras de pura infancia, toreando a los tendidos, gozando con anuncio de la Escuela Municipal de Tetla, para toreros preescolares Julián Mendoza Islas y José de Jesús Trujillo Cante que con una sonrisa invitaban a nuevas anuencias.

Celebran 150 años, indultó Piedras Negras

La tarde de Reyes acabó en manos del ganadero. Celebrando centenario y medio con nombres históricos para sus toros, de la hacienda de San Mateo Huizcolotepec, Piedras Negras, ubicada en el municipio de Tetla, Tlaxcala, antiguamente fue propiedad de los padres Betlemitas. Con el nombre de Piedras Negras, nace como tal en el año de 1874, gracias al empeño que en ello puso José María González, quien incluso a escondidas de su padre, Mariano Antonio González, asentó sus primeros pies de cría en el potrero Malpaís. La idea de tener ganado bravo en casa se realiza el 5 de marzo de 1882, fecha histórica en la cabaña de toro bravo en México. En 1896 debuta en México y comienzan los nombres de los toros de este domingo a brotar. Don Mariano procreó un hijo, de nombre Manuel Dámaso Francisco Guadalupe González, tuvo dos hijos: Romárico y Lubín. En Piedras Negras para distinguir el ganado de una y otra casa, de unos a otros potreros se decide e inicia el corte en forma de corbatín en la badana.

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