Viernes 10.07.2020 - 17:07

Wawrinka vence a los Goliats y logra su primer Grand Slam

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:

Fotos AP

Cayó Rafael Nadal y ganó Stanislas Wawrinka en el Abierto de Australia, por 6-3, 6-2, 3-6 y 6-3. La cabeza de Nadal, número uno de la ATP, fue levantada por la mano del suizo, que ante el disminuido mallorquín, debido a su lesión en la espalda y la mano ampollada, se deshizo de la fría estadística que marcaba 12 juegos perdidos contra Nadal, y el 13 fue una deseada y dramática revancha.

El primer Grand Slam del año es el torneo de las sorpresas y marcará el futuro de la temporada: la caída de los Goliat ante la banda de los David: Djokovic, Federer, Del Potro, Murray, Nadal y Ferrer fueron sembrando el destino de Melbourne por nuevos talentos y viejos enemigos, como Wawrinka, la eterna promesa que quedaba en el camino.

En efecto, Stan no es un virtuoso, es un caballero de la raqueta que siempre está ahí en acecho, haciendo honor a la frase de Samuel Beckett que tiene tatuada en el antebrazo: “Siempre trataste, siempre fallaste. No importa, intenta otra vez”, y ése fue su lema ayer en Melbourne, aunque una desconcentración descomunal estuvo a punto de sepultarlo y de revivir a Nadal.

La nota no es la victoria de Wawrinka, más que merecida, tramada, luchada, acariciada, justa. Nadal fue un dramático trámite, era previsible su caída en la final, después de los tremendos y fantásticos duelos de cuartos y semifinales. Dolorosa derrota, ésa es la nota: Rafa es un héroe.

Un tiroteo de palabras de Wawrinka con el juez ante la huida al vestidor de Rafa para ser tratado por el fisioterapeuta: la espalda desecha de Nadal. El público desesperado ante el posible abandono del número uno, y consternación e incredulidad por la sabida inconsistencia del suizo.

El dolor dañó y congeló al español en lo físico, pero afectó a Wawrinka en lo mental. El suizo mostró perfección en el primer y el segundo sets, pero para el tercero lució como un novato y sus rabietas sólo lo ponían más tenso. Tercer episodio lleno de errores del helvético, que se caía, se desconcentraba, se hundía; Nadal moría en el rictus de dolor en la espalda en los saques. Ganó 3-6 más por su amor propio y por el descontrol de su rival que por su indiscutida calidad.

Para el cuarto set, Nadal se abandonó, lloraba y dejaba su cabeza ante el caballero de la guardia suiza del tenis, en charola de plata: al final 6-3 para Wawrinka, que así asalta el tercer lugar del ranking. Bienvenido a tierra de gigantes. Stalislas apenas celebró su primer Grand Slam: lo intentó y lo logró, en una gran escenificación tenística: el drama inesperado de Melbourne.