La investigadora Merlin Stone, autora del libro: Cuando dios era mujer, se planteó una pregunta fundamental al cuestionarse qué podíamos esperar de una sociedad en la cual se ha enseñado a los niños y niñas desde hace siglos, que el dios creador pertenece al género masculino y creó al hombre a su imagen y semejanza y la mujer fue sólo un apéndice sacado de su cuerpo para servirle prácticamente de esclava. Esa es la narrativa discriminadora que hemos cargado las mujeres desde hace miles de años, reforzada por las creencias judeocristianas.
Sin embargo, hay evidencias arqueológicas de que en un pasado remoto las diosas creadoras del universo eran de género femenino y las sociedades, aunque primitivas, eran matrilineales, más igualitarias y menos violentas. Nadie sabe exactamente cuándo comenzó el sistema patriarcal, pero la mitología griega que describe un pasado ahistórico en el que vivían sus dioses y cómo se relacionaban con los mortales, es un reflejo claro y puntual de ese sistema.

De esta sociedad provienen muchas de las prácticas desiguales que privilegiaban al varón y maltrataban a la mujer, reduciéndola al espacio del hogar y los hijos, haciéndola víctima de abusos sexuales y violencia, de esclavitud y ostracismo, mientras que el mundo estaba abierto y a los pies de los hombres. Ellos podían tomar los mares, hacer la guerra, violar a las mujeres y dejar hijos esparcidos por todas las islas del Peloponeso. En general se tiene la idea equivocada de que los griegos eran civilizados, sí, lograron grandes resultados en su época de esplendor, en arquitectura, política y filosofía, pero en su comienzo eran pastores y campesinos viviendo en reinos divididos por las aguas del Mediterráneo y que, en algunos casos, no sólo ofrecían ovejas o reses a sus dioses, sino también, sacrificios humanos. Eran más bien, podríamos decir, bárbaros sofisticados que nos dejaron un legado cultural inmenso, pero también nos heredaron las prácticas que van a conformar lo que ahora podríamos designar con el nombre de patriarcado.

El Cultural No. 563
Por esta razón me aventuré a investigar a las mujeres en la mitología griega que fueron víctimas de los dioses olímpicos sin importar que fueran diosas, semidiosas, ninfas, mortales o incluso, sus parientes. Anticipadamente quise concluir que el asunto se zanjaba contando a todas las mujeres que Zeus, el dios supremo, el jefe de la cuadrilla divina, había raptado, violado y preñado, añadiendo a las que habían forzado otros dioses como Hades, Poseidón y Apolo, dejando hijos de los que no se hacían responsables; abandonando a las mujeres en situación de madres solteras, pero el asunto resultó aún más complejo y fascinante.
ZEUS ES LA REPRESENTACIÓN CLARA de lo que hoy podríamos llamar una personalidad narcisista, mujeriego sin remedio, un hombre guapo que se siente irresistible, siendo la seducción su motor principal en la vida y que vive insatisfecho con un gran vacío interior que nunca es saciado y que representa a la negligencia parental.

Era obvio que las historias evidenciaban a las mujeres como víctimas, pero entre más me adentraba en el entramado de los actos de violencia masculina contra las mujeres, también encontraba otras modalidades harto interesantes, como la violencia ejercida por mujeres contra mujeres (característica del sistema patriarcal, sobre todo cuando las maltratadoras están en puestos de autoridad o poder y compiten por la aprobación o la atención de los hombres) como en el caso de la diosa Hera, esposa de Zeus, que, a cada mujer seducida por su marido le asestaba castigos innombrables. Igualmente es el caso de Afrodita, la bella diosa que gustaba de infligir sufrimiento a otras mujeres, con el mismo mecanismo de poder que ejercen los hombres contra ellas, por lo que surgió la categoría de las doblemente víctimas: las dañadas por Zeus y por Hera, o por otras diosas. Además, resaltaban los hombres o semidioses que también violaban a las mujeres o se las repartían como despojo de guerra y las esclavizaban y cuyos ejemplos podemos encontrar en la literatura épica como la Ilíada o la Odisea. Entre ellos se encuentran Aquiles con Briseida, Agamenón con Casandra y Neoptolomeo con Andrómaca, para poner una muestra. Ellos seguían el orden establecido por la sociedad. Si lo hacían los dioses, ¿por qué no los humanos? ¿O las historias de los dioses reflejaban la vida de los hombres?
No cabe duda de que la mitología griega encierra verdades más hondas y espinosas y que el tejido por el que se mueven los protagonistas es una red endogámica. Muchos de los personajes son parientes, hijos de, hermanos de, madres de, en un telar que revela las oscuridades de la psique humana y los arquetipos universales. No en vano Sigmund Freud estudió los relatos griegos y pergeñó el famoso complejo de Edipo basado en la historia de Agamenón y Clitemnestra, y Carl Jung el complejo de Electra, fundado en la misma historia trágica.
Al penetrar en los embrollos de los personajes míticos, en especial los de las mujeres, encontré no sólo amor y pasión, sino también odio y deseo de venganza, explosión de emociones que no se contenían tan fácilmente como en nuestras sociedades actuales, más domesticadas emocionalmente. Los mitos reflejan a las víctimas, sí, pero también exaltan modelos de “virtud doméstica y fidelidad conyugal” como en el caso de Penélope, esposa de Ulises, quien no sólo era buena esposa, sino buena madre, ya que se ciñe a los regaños del hijo Telémaco sin protestar; pero también encontramos a mujeres que transgreden las normas, que se vuelven visibles porque de víctimas transitan a un estado de rebeldía, rompen las reglas y no se comportan como mujeres sumisas. De víctimas pasan a convertirse en transgresoras, o incluso, en perpetradoras de un crimen. Se vuelven asesinas, y por supuesto, su atrevimiento hace que se les clasifique como brujas, monstruos (literalmente se convierten en engendros) o seres malvados que cometen alguna transgresión imperdonable, como Medea, que mata a sus hijos o Clitemnestra que ejecuta al marido. Sin embargo, en casi todos los acontecimientos, cuando uno averigua los antecedentes, parece haber algún hecho que aminora la condena pública por tal contravención.
AL INVESTIGAR LA SUERTE DE LAS MUJERES en la mitología, entendiéndola no sólo como una serie de historias fantásticas, sino como reflejo de una psique colectiva que vacía sus preocupaciones existenciales en ellas, los arquetipos colectivos y su moral comunitaria, tal como lo entendían Carl Jung o Joseph Campbell, descubrimos patrones que se repetían y que contaban una historia muy interesante. Retra-taban una sociedad donde no existía la sororidad porque había que sobrevivir en un ambiente hostil y violento.
AL PENETRAR EN LOS EMBROLLOSDE LOS PERSONAJES MÍTICOS, EN ESPECIAL LOS DE LAS MUJERES, ENCONTRÉ NO SÓLO AMOR Y PASIÓN, SINO TAMBIÉN ODIO Y DESEO DE VENGANZA, EXPLOSIÓN DE EMOCIONES
Trabajé con una muestra de 47 mujeres mencionadas en la mitología en general y en algunas obras literarias como la Odisea y la Ilíada, apenas un atisbo del universo a estudiar con más profundidad. Debo aclarar que algunos de los mitos tienen varias versiones, diferentes genealogías y lugares geográficos, pero aun así no afectan el resultado final o su penetración en el inconsciente colectivo. Cuatro de ellas son diosas y están en la lista porque forman parte de las perpetradoras. Quizás, al igual que los hombres, cuando las mujeres ostentan poder lo utilizan en contra de otras mujeres. No son todas las mujeres mencionadas en la mitología o en el Catálogo de mujeres, que es un largo poema atribuido a Hesíodo y escrito en el 700 a.C. aproximadamente, pero sí las que me parecieron más relevantes. En esta lista, que nombraré: “Catálogo de barbaridades” encontré casos de lo que hoy llamaríamos acoso, secuestro, violación, incesto, privación de la libertad, maternidad forzada, pedofilia, asesinato de menores, abandono, además de suicidio. Algunas son dobles y hasta triples víctimas de agravios consumados por dioses, diosas u hombres. Las mujeres transgresoras, que son las menos, cometen asesinatos, matricidios, parricidios, filicidios, fratricidios, o envenenamientos. La línea que divide a las víctimas que se convierten en victimarios es delgada, y generalmente, comprensible y hasta “justificable”.
De las 47 mujeres de la muestra, 40 son víctimas, o sea el 85 por ciento, y seis de ellas son doblemente víctimas y una, triple. De esas víctimas, nueve se vuelven transgresoras y cinco perpetradoras. Sólo destaca la figura de una mujer, Circe, que sin ser víctima es transgresora y perpetradora. No es casual que sea la hechicera, la bruja, la mujer que vive sola y puede escoger y aprisionar a sus parejas.
En el caso de las violaciones de Zeus y otros dioses, es difícil estar seguros de cuántas fueron víctimas pues en algunas narraciones sólo se dice que eran sus amantes o que tenía un amorío con ellas, sin especificar si habían comenzado de forma violenta, que sospecho que lo fueron, porque habría que suponer que Zeus seguía unmismo patrón en sus “conquistas”. Era un seductor empedernido y las hacía suyas ya fuera imitando la forma de sus maridos o tomando apariencia de animales. Podemos decir que alrededor de 22 están confirmadas como mancilladas.
La escritora y activista sexual argentina Rita Segato afirma que en el acto de la violación nada tiene que ver lo sexual sino con intentar demostrar el poder masculino a otros hombres.
Las violadas
De la muestra mencionada, las mujeres violadas son: Casandra, Helena de Troya, Andrómaca, Dánae, Elara, Eurímides, Platea, Tebe, Ftía, Aura, Mnemósine, Leda, Europa, Esmirna, Ío, Calisto, Alcmena, Medusa, Taígete, Cirene, Briseida, Perséfone.
Víctimas dobles y triples
Dánae fue víctima de su padre, quien la mantuvo prisionera toda su vida, por un oráculo que presagió que tendría un hijo que lo mataría, y luego Zeus o su tío Preto se las ingeniaron para preñarla (hay diferentes versiones del caso) y dio a luz a Perseo, el asesino de Medusa.
Ío, sacerdotisa de Hera, fue violada por Zeus y transformada en vaca por Hera.
Egina, era una ninfa secuestrada por Zeus y llevada a una isla remota donde Hera envenenó los pozos de agua.
Sémele, seducida por Zeus, es engañada por Hera para que le pida a Zeus mostrarse en su forma divina. Sémele no puede resistir mirarlo en su modalidad de rayos y truenos y muere de terror.
Asteria era un titánide acosada por el deseo irrefrenable de Zeus. Ella prefiere convertirse en codorniz y arrojarse al mar, donde fue transformada en isla.
Aura era una cazadora del séquito de Artemisa, que tras ser violada por el dios Dionisio, enloquece y es transformada en manantial por Zeus.
Medusa era una mujer bella violada por Poseidón en un templo consagrado a Atenea. La diosa, furiosa por la profanación de su templo, castiga a Medusa convirtiéndola en monstruo con serpientes en lugar de cabellos.
Casandra es una víctima triple: princesa troyana es maldecida por Apolo para que nadie crea en sus profecías, luego Áyax la viola al término de la guerra y se la concede como despojo a Agamenón quien la hace su esclava para luego terminar asesinada junto con sus hijos por Clitemnestra, esposa de Agamenón.
Incesto y pedofilia
Mnemósine era sobrina de Zeus, quien la seduce durante nueve noches, y así da a luz a las nueve musas.
Esmirna es una joven castigada por Afrodita por no querer honrarla. La hechiza para desarrollar un deseo incontrolable por su padre, obligándola al incesto. Los dioses la convirtieron en el árbol de mirra.
Helena de Troya es raptada por Teseo (el del Minotauro) cuando tenía ocho o nueve años hasta que sus hermanos Cástor y Pólux la rescatan.
Sacrificada
Ifigenia es sacrificada por su propio padre Agamenón, en Aúlide, en honor a Artemisa a cambio de vientos propicios para llegar a Troya.
Víctimas de mujeres o diosas
Psique es víctima de Afrodita, que le tenía celos porque la gente la adoraba más que a ella. Le pidió a su hijo que la enamorara del hombre más feo. Eros se enamoró de ella y se casó a escondidas. Cuando Afrodita se enteró le impuso cuatro trabajos imposibles.
Atalanta fue engañada por Afrodita para casarse y luego transformada por la diosa en león por no honrarla en la boda.
Los hijos que Lamia había tenido con Zeus fueron asesinados por Hera quien la condenó a no poder cerrar los ojos para recordar el asesinato. Lamia se volvió loca y se transformó en un monstruo que raptaba niños.
Pasifae, reina de Creta, había olvidado hacer sacrificios a la diosa Afrodita y ésta le envió una pasión incontrolable por un toro, al que se unió y dio a luz al minotauro.
Aracne fue transformada en araña por ganar una competencia de tejido contra la diosa Atenea.
Otras víctimas
Antígona es encerrada viva en una tumba por su tío Creonte, rey de Tebas, por desobedecer sus órdenes de no enterrar a su hermano Polinices.
A Deméter le es raptada su hija Perséfone por Hades, dios del inframundo.
A Clitemnestra, Agamenón le mata a su marido Tántalo y a su bebé recién nacido para usurpar el trono de Micenas. Años después sacrifica a la hija de ambos: Ifigenia.
A Pandora, Zeus le entrega una caja con todos los males de la humanidad, con la advertencia de no abrirla. Cuando Pandora lo hace, la culpan de todos los males de la humanidad.
Ariadna, hija de Minos y Pasifae, ayuda a Teseo a matar al minotauro y luego es abandonada por él en la isla de Naxos.
Penélope es abandonada por Ulises durante 20 años hasta su regreso a Ítaca.
Las transgresoras
Las transgresoras rompen las reglas del patriarcado y quebrantan el orden establecido. Algunas de ellas ya han sido víctimas de abusos, maltratos, violaciones, engaños. Otras simplemente desobedecen o se rebelan.
Clitemnestra después de que su marido Agamenón ha matado a su primer marido y a su hijo, y luego a su hija en común, Ifigenia, se hace amante de Egisto y reina con él hasta que regresa Agamenón de la guerra de Troya y lo mata.
Helena se fuga con Paris a Troya, y abandona a su hija Hermione provocando la guerra.
EL CONJUNTO DE MUJERES QUE PASAN DE VÍCTIMAS A TRANSGRESORASY PERPETRADORAS SON, EN EFECTO, LAS MÁS COMPLEJAS E INTERESANTES POR SU PROFUNDIDAD PSICOLÓGICA
Yocasta se casa con su hijo sin saberlo, y luego al enterarse, se suicida.
Antígona desobedece la orden de su tío Creonte de no enterrar a su hermano Polinices y hacer los ritos funerarios.
Electra se une a su hermano Orestes para asesinar a su propia madre, Clitemnestra, por haber matado a su padre Agamenón.
Pandora desobedece a Zeus y abre la caja prohibida.
Circe vive sola en una isla de la que es ama y señora y transforma a los hombres en lo que se le antoja.
Las perpetradoras
Son las mujeres o las diosas (mujeres empoderadas) que no sólo contravienen las reglas, sino que pasan a castigar, transformar o quitarles la vida a otros. De las ocho, cuatro son diosas.
Afrodita: castiga y acosa a Psique, a Esmirna, a Atalanta y a Pasifae.
Artemisa: hace que Agamenón sacrifique a su hija Ifigenia a cambio de vientos propicios para navegar a Troya, acosa y transforma a Asteria.
Hera: castiga, transforma y aterroriza a todas las conquistas amorosas de Zeus, entre ellas a Lamia, Ío, Egina, Sémele.
Atenea: castiga y transforma a Aracne y a Medusa.
Circe: a Escila, una nereida, la envenena convirtiéndola en monstruo por tener celos de ella.
Lamia: se transforma en un monstruo que roba niños y los mata.
Electra: se vuelve matricida al asesinar a su madre Clitemnestra.
Clitemnestra: mata, junto a Egisto, a su marido Agamenón cuando regresa de la guerra de Troya.
Medea: asesina junto con Jasón, a su hermano Apsirto y luego a las princesa Creusa y a sus dos hijos con Jasón. Le ayuda a Jasón a conseguir el vellocino de oro porque está enamorada y luego huye con él. Mata a sus propios hijos cuando Jasón le es infiel para casarse con la princesa de Corinto.
Conclusión
Sin duda, la mitología griega nos muestra un catálogo de diversos tipos de violencia que me pareció de lo más revelador. Es un espejo que refleja la realidad en el trato quese les da a las mujeres en una sociedad que sigue privilegiando y perdonando su abuso y su maltrato.
El conjunto de mujeres que pasan de víctimas a transgresoras y perpetradoras son, en efecto, las más complejas e interesantes por su profundidad psicológica. Su análisis merece un estudio más extenso.
No puedo dejar de mencionar que durante la investigación me topé con una colección de retratos de pintores prerrafaelitas que forman una muestra iconográfica de las mujeres de la mitología griega, no sólo bella, sino imprescindible, y la visión de estos artistas constituyó un regalo extra.

La marrana negra del taco tepiteño

