El mundo es todo lo que acontece.
—LUDWIG WITTGENSTEIN
EL CANTO DE EDIPO, TEATRO DE EPIFANÍAS
Cuando Edipo resuelve el acertijo, la Esfinge se precipita al vacío. Esta primera escena contundente de una belleza plástica irrebatible inicia lo que fue la mejor puesta en escena teatral de la edición 54 del Festival Internacional Cervantino que recién concluyó sus actividades en Guanajuato, la sede principal. La obra de la compañía italiana Sardegna Teatro puso a latir a tope el mito clásico.
Tragùdia. El canto de Edipo es una lanza que se mete al corazón del lenguaje, la sonoridad, los cuerpos, para resonar sin descanso. El montaje se nutre de Edipo rey y Edipo en Colono. El director, Alessandro Serra, eligió el grecánico —lengua aún sobreviviente en algunas comunidades como Apulia y Calabria, antes territorios de la Magna Grecia— para introducirse a los intestinos de la culpa, las relaciones filiales, el poder y la desolación.
TRAGÙDIA. EL CANTO DE EDIPO ES UNA LANZA QUE SE METE AL CORAZÓN DEL LENGUAJE, LA SONORIDAD, LOS CUERPOS, PARA RESONAR SIN DESCANSO
¿Tantas preguntas siguen vigentes en cada tragedia que como humanidad no hemos podido resolver? Siete actores y actrices cantan, articulan lo preciso con el arrebato y la contención en juego constante. Lo que se dice en ese grecánico, atraviesa y conmueve.
LOS INTÉRPRETES SE AVENTURAN a un viaje ritual, iniciático, donde las claves de Edipo se van revelando, sus pensamientos más oscuros, el deseo de redención, un destierro inevitable con su ceguera a cuestas, acompañado por Antígona, su hija.
Serra, quien también firma la escenografía, el vestuario, la iluminación y el sonido, hace cabalgar una puesta por los lindes del asombro, reivindica el lugar del teatro como sitio de convivio sagrado y acontecimiento.
Construir sobre los escombros es una de las premisas de la puesta, además de acudir a Artaud, con la consigna de que el teatro tiene un carácter eminentemente ritual cuya función es crear mitos. “Instaurar / por medio del Teatro de la Crueldad / el verbo / vibratorio / sistemático / y metódico /”, profetiza Artaud.
Los escombros como idea y el lenguaje con sus significados en lugar preponderante se materializan en una atmósfera de claroscuros, con imágenes vertidas en cascada que hacen guiños al tenebrismo pictórico.
Vestidos predominantemente con túnicas y algunas prendas contemporáneas, el elenco se funde con el subyugante diseño sonoro y transita lo mismo por Tebas que por Colono, los templos y ciudades imaginadas por Sófocles en un escenario desnudo (la utilería es mínima), provisto únicamente de paredes metálicas que caerán al unísono conforme avanza la historia que se nutre además de algunos relatos de la Grecia antigua para recordarnos que lo que propone la compañía con traer de nueva cuenta el personaje de Edipo es todo un recorrido humano fragmentado por los fantasmas espirituales, políticos, filiales y de territorio que todos tenemos. ¿Dónde se libran las guerras?, ¿en el exterior o en la conciencia de los hombres?
René Girard en su luminoso ensayo, “La violencia y lo sagrado” (1972), hace un análisis detallado de esta figura mítica y escribe:
Hasta ahora sólo hemos visto en Edipo la mancha infame, el receptáculo de la vergüenza universal. El Edipo anterior a la violencia colectiva, el héroe Edipo rey es esencialmente eso. Existe otro Edipo, el que surge del proceso violento considerado en su conjunto. Este Edipo definitivo es el que se nos permite entrever en la segunda tragedia edipiana de Sófocles, Edipo en Colono.
Imposible quedarse con alguna de las imágenes de la puesta que cimbró las dos únicas funciones que tuvo en el Teatro Cervantes, pues todas son potentes, inquietantes, así sea cuando asistimos al ahorcamiento de Yocasta o al escupitajo de Tiresias, el derrumbamiento de Layo, un desgarramiento mortuorio en Edipo encaminándose ciego a paso de bastón hacia Colono o los llantos miserables de una mujer ante un bebé en brazos. “Los rituales como primera escuela de educación estética”, sostiene Ismaíl Kadaré en su libro Esquilo.
Escupitajos, desgarros, escombros, ruinas, un todo dantesco que es inmensamente luminoso de tan oscuro y, sobre todo, los cuerpos dicientes, sonoros, una epifanía colectiva de lo que se dice, deben provocar las tragedias, el canto incesante de la cabra.
Serra trabaja la iluminación y las visiones en este montaje donde el teatro mismo es alucinación creada por el coro, compartida por los espectadores, la puesta en escena concebida también como un sitio de reflexión filosófica.
Cada uno de los cuerpos de los intérpretes es un instrumento sonoro, cuerpos acústicos dotando de sentido los ochenta minutos de la obra. En su manifiesto sobre este montaje que puede leerse en la página oficial del grupo, el director apunta:
Escribí un guion basado en dos obras de Sófocles, Edipo Rey y Edipo en Colono, sin descuidar los relatos míticos y las narraciones de los personajes. También traté de no ignorar los oráculos, no sólo los de Apolo, sino también los del poeta Sófocles: el absurdo de la guerra, el odio fratricida, la compasión y la sabiduría femenina.
TRAGÙDIA. EL CANTO DE EDIPO pone en el centro la resignificación de los mitos, el valor de la escucha, cuerpo y lenguaje como principio y fin de las cosas. “La tragedia tiene que ver con lo sagrado y, por lo tanto, inevitablemente resulta arcaica. Lo cual no significa arqueológico”, afirma el director.
Felice Montervino interpreta a ese rey de una Tebas devastada, Edipo, y construye un personaje sólido, de alto voltaje, capaz de adentrarnos en las diversas tonalidades humanas. ¡Qué manera de significar! ¿Hace falta la historia? ¡Ahí está la literatura!, sentencia Serra.
Coproducido por Sardegna Teatro, Teatro Bellini, Emilia Romagna Teatro, Teatro Nazionale, Fondazione Teatro Due en colaboración con Teatropersona, el montaje que se estrenó en Italia en 2024 obtuvo los premios al Mejor espectáculo, Mejor director y Mejor uso del Sonido en el International Theater Festival MESS, en Sarajevo. Con más de cincuenta años de actividad, Sardegna Teatro es, desde 2015, el único Teatro de Interés Cultural de Cerdeña reconocido por el Ministerio de Cultura.
Sin funciones extra en el Circuito Cervantino, la obra salvó la pobre oferta teatral cervantina de este año, que tuvo a Francia como país invitado de honor.
Expedientes de violencia intrafamiliar
En Asuntos familiares, esta pieza de teatro documental, de la directora francesa Émilie Rousset, se muestra a la familia y sus luchas internas no como un asunto privado, sino como un proyecto social que involucra a todos. El lenguaje jurídico se convierte en materia escénica para urdir un discurso entre lo íntimo y lo legal, donde se cruzan la narración personal y la ley.
Con funciones tanto en el Festival Cultura UNAM como en el Cervantino, la obra muestra casos reales presentados en tribunales europeos que tratan sobre el matrimonio igualitario, filiación, adopción o la gestación subrogada.
En el escenario se encuentran lo ético y lo político, se analizan las disyuntivas, desigualdades, se muestra la paradoja de los sistemas judiciales en España, Francia, Italia o Portugal en casos concretos como el de Caroline, la abogada que peleó por el matrimonio igualitario en Francia o el de Davide Chiappa, padre italiano que demandó al Estado para que su hijo concebido por gestación subrogada fuera reconocido como hijo con dos padres; madres a las que ignoraron cuando sus hijos habían sufrido violencia sexual; casos de incesto, litigios, lo moral y lo legal en pugna constante.
Construida a partir de más de 150 horas de entrevistas, los relatos se suceden uno tras otro durante dos horas. Siete intérpretes exponen/muestran sin filtro nueve casos donde se develan las flaquezas de los sistemas judiciales y esos sistemas pintan de cara completa a sociedades que presumen leyes de avanzada en la protección de los derechos humanos. Para su presentación en México, el segundo caso incluyó una larga entrevista con Gloria Careaga Pérez, psicóloga social, feminista y activista LGBT+. El teatro como fricción entre ley y activismo.
ÉMILIE ROUSSET ELIGE PARA SU PUESTA en escena, junto con Nadia Lauro, la escenógrafa, un dispositivo a dos frentes, con el público como si asistiera a los juicios en un tribunal y en medio una pasarela blanca donde se usa el video para dar fuerza a cada uno de los casos. La pieza inicia cuando todos los intérpretes salen y miran de frente a los espectadores, se mezclan brevemente entre ellos.
Hablada en francés, italiano, portugués y español, la obra acude a las herramientas del teatro documental y selecciona para las finalidades del relato los fragmentos de cada expediente, sin apenas alterarlo, lo que hace que la puesta se alargue sin razón alguna.
El video, a la vez que fragmenta la realidad, la multiplica, la corta, la recorta y la reformula, tal como ocurre con las instituciones judiciales, capaces de alterar las realidades del caso a conveniencia.
Uno de los aciertos de la directora en su selección es la difícil tarea de trasladar el lenguaje legal al teatro, cómo reproducir la identidad de las y los denunciantes, además de adentrarse en los vericuetos de la ley y el activismo.
Con trazos mínimos de los intérpretes, sin mayor complicación que estar atentos a la escucha y cambiar de tanto en tanto su posición en el escenario, la obra levantó el entusiasmo en sendas funciones ofrecidas en el Teatro Principal de Guanajuato, luego de sus actuaciones en la CDMX. Creada y estrenada en el 2025 para el Festival de Aviñón, Rousset explica en una entrevista publicada en la página oficial del prestigioso festival francés, parte de su proceso:
Esta es una obra en la que hemos estado trabajando durante varios años, con un constante vaivén entre el escenario, la investigación documental y la escritura. Nosotros vemos colectivamente las imágenes sin procesar de las entrevistas, y algunas partes se realizan en su totalidad antes de ser editadas. Esto nos permite primero probar la teatralidad del discurso, con sus imágenes, su ritmo, sus silencios, y luego centrarnos en las elecciones de significado. El proyecto final no es transmitir información, sino crear un momento en el que podamos pensar juntos. Durante los ensayos, trabajamos en el movimiento del pensamiento, el discurso del pensamiento y el pensamiento hablado, en lo que se escucha en lo que no se dice, en los pliegues del lenguaje.
Émilie Rousset es una guionista y escenógrafa francesa que se destaca por el uso del archivo y la investigación documental como materia para la creación teatral, de instalaciones y películas, y es la directora artística del Centro Nacional de Teatro de Orléans. Rousset sigue una de las líneas actuales del teatro documental en el mundo que han tenido presencia constante en los festivales internacionales en los últimos diez años, como poner en escena los casos judiciales de personas reales.
ÉMILIE ROUSSET ES UNA GUIONISTAY ESCENÓGRAFA FRANCESA QUESE DESTACA POR EL USO DEL ARCHIVOY LA INVESTIGACIÓN DOCUMENTAL COMO MATERIA PARA LA CREACIÓN TEATRAL
Uno de los éxitos más recientes es el de la puesta en escena de Milo Rau, El juicio Pelicot, obra de teatro documental que narra el juicio público por el caso de Gisèle Pelicot, donde condenaron a su ex marido Dominique Pelicot y a otros 51 hombres por el delito de violación.
Asuntos familiares fue producida por el Centro Dramático Nacional de Orléans en coproducción con otras siete instituciones francesas, Teatro UNAM y el Festival Internacional Cervantino. La obra protagonizada por Saadia Bentaïeb, Antonia Buresi, Theresa Coutinho, Ruggero Franceschini, Emmanuelle Lafon, Núria Lloansi y Manuel Vallade, tiene un año completo de funciones en Francia.
Además de estas dos obras, la oferta teatral del Cervantino incluyó en su apartado nacional e internacional a La Compañía Opcional, Tamara Cubas, la Compañía Nacional de Teatro, Mohamed El Khatib y Thomas Quillardet.