Ojo de tigre

Ojo de tigre
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El punk no ha muerto, anuncia un neón naranja en una de sus paredes. Bajo este precepto es que se rige Ojo de Tigre (Hidalgo 1170, Gómez Palacio, Durango), un bar punk con un espíritu particular. Es hijo natural del DIY (Do It Yourself), pero ajeno a todo romanticismo; es obra del espíritu santo de una sola persona: Gaby Osorno.

Estaba harta de entrar en cualquier bar y escuchar AC/DC, me cuenta Gaby. Durante la Guerra vs. el Narco la inseguridad acabó con la vida nocturna en La Laguna. Torreón, Gómez Palacio y Lerdo entraron en estado de hibernación. Una vez erradicada la violencia comenzó un proceso de recuperación que cristalizó en un boom de bares en el centro de Torreón. Pero Gómez Palacio no tuvo igual fortuna en cuanto a propuestas de bar de autor. Tuvieron que pasar varios años para que un lugar con personalidad propia abriera sus puertas: Ojo de Tigre.

Gaby asegura que el nombre del bar no tiene nada que ver con la canción de Survivor. Pero como todos, ama Rocky. Un tatuador le hizo el logo y a partir de éste se creó el concepto. Un bar de punk en medio del desierto. Imposible no recordar el Titty Twister, en medio de la nada en Del crepúsculo al amanecer, con guión de Tarantino. Ojo de Tigre está en medio de otra nada: la de una ciudad industrializada con una alta población rocker. Para Gaby el punk es una religión y es la única música que sonoriza el lugar. No repetimos canciones en varias semanas, presume, nuestro set list es itinerante.

El bar comenzó desde cero. En otras palabras: no está prefabricado para ser un bar under. No, es un hoyo fonqui en toda regla. Mal iluminado, con las paredes rayoneadas por la raza, baños cutres y una máquina de videojuegos.

No nos confundamos. No es un lugar peligroso, es un sitio punk. Y qué más punk que sus precios. Accesible para el bolsillo más roto y a diferencia de lo que ocurre en los antros, no hay cadenero. Una moda noventera que ha regresado y está polarizando otra vez las clases bajas. En Ojo de Tigre la entrada es libre si eres mayor de 18 y gratuita, excepto las noches que hay eventos.

"Un bar de esta naturaleza tenía que estar en Gómez Palacio, eso Gaby lo sabía desde el principio".

Desde Gómez Palacio, esa nada conflictuada por el postcapitalismo, Ojo de Tigre ha conseguido hacerse un nombre en la escena nacional. Y en la local, por supuesto. Porque la escena es Ojo de Tigre. En La Laguna el cover es rey. Existen pocos lugares (dos o tres) donde se interpreta música original. Cada fin de semana los lugares se llenan de grupos que tocan por millonésima vez La Planta. Pero que sea desértica, dice la letra de esta canción. Y todos la toman al pie de la letra. Pero a pesar de estar enclavado en el desierto, en Ojo de Tigre actúan bandas de todo el mundo.

Substance, Chingadazo de Kung Fu, Skull Crack, El Muertho de Tijuana y un sinfín de bandas han pasado por esta ciudad gracias al proyecto de Gaby Osorno. Sin Ojo de Tigre esto simplemente no ocurriría. También hay proyecciones de películas, presentaciones de libros. Se ha vuelto un reducto importante para grupos y un público ansioso por no escuchar siempre lo mismo. En una ciudad calurosa del noreste, inhóspita, fea, pero con muchísima actitud. Donde además se comen las gorditas al carbón más chidas de toda la región: las de La Termo.

Gaby, también cantante del trío de raperas Lxs Pxtrxnx, cuenta que el origen de Ojo de Tigre se encuentra en su antiguo trabajo. Graduada de ingeniera de audio, abrió junto a otros compas una sala de ensayos donde vendía chelas a las bandas que acudían a ensayar.

Tiempo después se fue de mochilera a Chiapas, a San Cristóbal, donde tuvo una revelación. Si tanto le gustaba la fiesta debería vivir de eso. Regresó a La Laguna y comenzó a trabajar en un bar en Torreón. Tiempo después empezó a fraguar el plan maléfico que engendraría Ojo de Tigre. Y lo levantó ella solita. Con la música como única muleta.

Un bar de esta naturaleza tenía que estar en Gómez Palacio, eso Gaby lo sabía desde el principio. Y buscó por todo el centro, hasta encontrar una casona que ocupa toda una esquina. El proyecto arrancó con cuatro personas. Bar, sala de conciertos, cine club y cenaduría. Además de las caguamas hay una carta modesta pero bastante efectiva. Alitas boneless y todo para el monchis que ataca por la noche.

Una canción de Jaime López dice que ya nadie va a Durango. Y ahora todos los punks van a Gómez Palacio, a Ojo de Tigre.