Sorry to Bother You de Boots Riley

Sorry to Bother You de Boots Riley
Por:

¡Huye! (Get Out!, 2017), debut en largometraje del comediante y autor Jordan Peele, es un fascinante thriller social realizado en el ocaso de la era Obama y estrenado al inicio del régimen trumpiano. En gran medida, esta comedia de ciencia ficción y horror refleja el malestar por el fracaso de una ilusión que se llamó la América postracial. La llegada de un presidente negro a la Casa Blanca tuvo un impacto definitivo en diferentes ámbitos de la sociedad, pero como es evidente la tensión, los conflictos y el abismo racial no desaparecieron. Por el contrario, en el ocaso del gobierno de Obama, la desigualdad entre los grupos étnicos creció y un enorme número de civiles negros desarmados fueron asesinados por la policía, así como por vigilantes. Un claro síntoma de la época fue la aparición del movimiento Black Lives Matter, como reclamo por un respeto básico de esa y las otras minorías. Peele ofreció una aguda disección de la doble moral de las buenas conciencias de los liberales blancos de Estados Unidos, y la forma en que el privilegio entraba en colisión con la pretendida inclusividad de la sociedad.

En su debut como director y guionista, Boots Riley, el artista, activista y rapero con la banda The Coup, también se aventuró a emplear y fusionar convenciones de la comedia negra y la ciencia ficción para crear Sorry to Bother You (Disculpe la molestia), una visión inquietante y estridente del fracaso de la utopía postracial en el trumpismo, donde la situación se ha vuelto mucho más crítica por el histérico discurso nacionalista blanco del presidente, que ha extremado la polarización y la paranoia. Esta obra es un fulminante ejercicio de caos y sarcasmo que se desliza por territorios del absurdo y lo surreal que recuerdan por momentos obras alegóricas del cine del este europeo, como Daisies, de Vera Chitilová (1966) y El baile de los bomberos, de Milos Forman (1967), así como el cine de Michel Gondry. Con estos recursos, Riley presenta un panorama de la catástrofe del capitalismo tardío, donde el desvanecimiento del desempleo y la corporativización de la vida parecen llevarnos a un nuevo medievo. En este futuro cercanísimo o presente (no muy) alternativo, la salud y la educación son prácticamente inalcanzables para la mayoría y la esclavitud aparece como un camino de escape de la miseria e incertidumbre. La renuncia a la libertad, al individualismo e incluso al cuerpo humano parecen las únicas opciones para sobrevivir.

"La diferencia de esta cinta con tantas otras que presentan las miserias y aflicciones de los desempleados es que aquí el trabajo no redime ni dignifica".

En la ciudad de Oakland, California, Cassius Cash Green (Lakeith Stanfield) vive en la cochera de su tío con su novia, la artista del performance y activista Detroit (Tessa Thompson), mientras consigue trabajo. La desesperación lo lleva a tomar un puesto en la empresa de telemarketing RegalView, en la que después de numerosos fracasos hace caso de la recomendación de su colega Langston (Danny Glover), quien le confía que la única forma de triunfar en ese negocio es usando una voz blanca: no sólo imitar cierta entonación, acento o cadencia del habla, sino los ecos del privilegio de quien se cree con derecho a triunfar y nunca se ha sentido perseguido o despreciado por su color de piel. Así la carrera de Cassius se dispara hasta alcanzar el nivel de power caller, para sumarse al mundo del triunfo en las ventas de alto nivel, literalmente ascendiendo en un elevador dorado con una clave de seguridad tan larga como una subtrama del filme. Al hacer esto traiciona a sus colegas, que organizan un paro para exigir mejores condiciones de trabajo, y a Detroit, quien no tolera ver cómo él se vende. Las razones de Cassius son legítimas ya que su tío está a punto de perder su casa, con lo que justifica su decisión. Y si bien pronto vive en un departamento de lujo, se queda solo, rodeado de gente que únicamente lo aprecia por su eficiencia y por comportarse de manera inofensiva y servicial.

El nuevo empleo de Cassius lo lleva a negociar contratos para la mano de obra de la empresa WorryFree, la cual ofrece a sus trabajadores vivienda, comida y uniformes a cambio de un compromiso vitalicio. WorryFree es un engendro del complejo industrial presidiario que en esencia ofrece encarcelamiento voluntario para escapar de las presiones económicas. Esta empresa fue creada por Steve Lift (Armie Hammer), uno de esos presuntos prodigios visionarios de Silicon Valley que imponen sus tercas y egoístas fantasías libertarias a una población pauperizada y confundida, que ha perdido toda red social de protección y cualquier noción de derechos laborales o humanos. La camaleónica apropiación de una voz blanca que hace Cassius no es ajena a la experiencia afroamericana contemporánea. Él puede soportar la idea de hacerse pasar por alguien que no es, sin embargo cuando lo invitan una fiesta en la mansión de Lift, lo someten a una indignidad adicional al obligarlo a rapear, simplemente porque es negro, como si hiciera falta confirmar que para los empresarios y su círculo, él no es más que un cliché.

El trabajo visual, los juegos con el espacio y la fulminante energía que le imprime Riley hacen de su filme un producto un tanto indigesto, frustrante y a la vez fascinante por la calidad y diversidad de sus detalles visuales y la frenética construcción de imágenes. Sin llevar la parodia demasiado lejos de la realidad, presenta el programa de televisión más exitoso de esa época como uno donde la gente se ofrece gustosa a ser golpeada sin piedad frente a las cámaras para entretener al público. En este filme los villanos capitalistas dependen de la complicidad de los desposeídos para llevar a cabo sus planes. Sólo con la anuencia de los desesperados (al entregar su cuerpo y vida o bien al vender el alma a las empresas) pueden los grandes inversionistas construir sus brutales mecanismos de explotación y control. Aquí el racismo y clasismo están más allá de cuestionamientos y son la estructura de una sociedad brutal donde la ilusión del consumo y la fragmentación del hombre están conectadas de manera indivisible. La diferencia de esta cinta con tantas otras que presentan las miserias y aflicciones de los desempleados es que aquí el trabajo no redime ni dignifica, ya que en el capitalismo tardío (o realista, como lo denominó Mark Fisher) el trabajador es un recurso desechable que puede ser sustituido por máquinas, robots, apps o —en esta película— por seres híbridos antropo-equinos, de gran fuerza y extrema docilidad.

Tanto Sorry to Bother You como Get Out! ofrecen visiones complementarias de la realidad (incluso Stanfield aparece en ambas) en que la explotación de la población afroamericana conduce inevitablemente a la deshumanización y sexualización de los individuos. La utopía postracial tendrá que esperar.