Ficción y memoria

Timbiriche romantiza el abuso y pone a Sasha en la mira

La serie de ViX reabre el debate sobre la revictimización; ex-integrantes no cuentan con registros vigentes ante el IMPI, por lo cual no podrían ejercer una acción legal

SASHA SOKOL en una foto de archivo Foto: Especial

¿Qué ocurre cuando una serie convierte una relación entre una menor y un adulto en una historia de seducción? Timbiriche, la serie, producción de ViX, abrió una controversia por colocar en el centro de su trama el vínculo entre Sasha Sokol, quien tenía alrededor de 14 años, y el productor Luis de Llano, cercano a los 40. En lugar de privilegiar la trayectoria musical de una de las agrupaciones más emblemáticas del pop mexicano, la producción apuesta por una historia que puede desplazar la responsabilidad hacia la adolescente y volver a exponer públicamente a quien denunció haber sufrido abuso.

En la serie se refleja a Sasha como una niña que seduce o impulsa la relación. Mientras a que Luis de Llano se retrata como un hombre que sedejó llevar por la situación.

ESCENAS de Timbiriche, la serie. ı Foto: Especial

“Una cosa no va a tapar la otra, el hecho de justificar los actos no lo va a disculpar”, advierte la psicóloga Josefa Galván a La Razón, quien cuestiona que las cualidades personales, familiares o profesionales de alguien se utilicen para minimizar sus conductas en otros ámbitos. “El hablar bien de una persona en un rol no significa que esa persona no cometa faltas o delitos en otro rol”, señala.

  • El Dato: El guionista afirma que el equipo consultó fuentes cercanas a la agrupación, videos y periódicos, aunque no investigaron con los integrantes. 

Al respecto, la especialista que ha trabajado con víctimas de abuso y trata, resalta que el punto de partida debe ser la desigualdad entre una menor y un adulto. “Hay un dato muy importante en nuestra cabeza, que es un límite. El saber que es una menor de edad es una alerta inmediata”, sostiene.

La controversia no puede separarse de los antecedentes públicos. En 2022, Sokol denunció el abuso que sufrió durante su adolescencia y rechazó la versión de un romance difundida por De Llano. En 2025, la Suprema Corte dejó firme la resolución civil favorable a la cantante. Ante ese contexto, cualquier recreación audiovisual exige especial cuidado para distinguir entre los hechos documentados, los testimonios y las licencias dramáticas.

La psicóloga considera que la serie puede reactivar el sufrimiento de la artista al colocar nuevamente su experiencia bajo el escrutinio público. “Es como volver a abrir una herida que ya se suponía que tendría que quedar cerrada”, explica. La exposición puede intensificar sentimientos de impotencia, enojo y frustración, especialmente cuando una persona ya ha tenido que defender su testimonio y afrontar un proceso legal.

ESCENAS de Timbiriche, la serie. ı Foto: Especial

Galván cuestiona que se utilicen supuestos conflictos familiares para explicar lo sucedido. “Aunque una ficción introduzca problemas con los padres o circunstancias personales difíciles, nada de ello justifica el comportamiento de un adulto hacia una menor. Cuando un guion inventa diálogos o situaciones que el público puede interpretar como históricas, el riesgo es que la dramatización termine influyendo en la percepción de los acontecimientos reales”, resalta.

A la discusión se suma el deslinde de los seis integrantes originales —Sasha Sokol, Benny Ibarra, Erik Rubín, Alix Bauer, Mariana Garza y Diego Schoening—, quienes afirmaron que no participaron en la producción, no fueron consultados y no autorizaron el uso de su imagen, voz o identidad. Su postura plantea una contradicción: la serie recupera el nombre de una agrupación reconocida, pero sus integrantes rechazan haber intervenido en la construcción de esta versión de su historia.

La polémica también exhibe un problema de protección de identidad. Una revisión de los registros ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) indica que Sasha Sokol, Paulina Rubio, Mariana Garza, Diego Schoening y Alix Bauer no cuentan con registros vigentes de sus nombres artísticos, mientras que Benny Ibarra y Erik Rubín son los únicos que los mantienen activos. Esto abre interrogantes sobre las herramientas legales de los ex-integrantes para proteger su identidad frente a producciones que reconstruyen su historia sin su aprobación.Más allá de la polémica, también está en juego la calidad narrativa. La promesa de recuperar el nacimiento y el ascenso de Timbiriche queda subordinada al vínculo entre Sasha y el productor. La música, el fenómeno juvenil y el funcionamiento de una industria que trabajaba con menores pierden espacio frente a una trama sentimental que busca enganchar al público. Las debilidades del libreto y las fallas en la construcción de personajes profundizan el problema: el escándalo termina por imponerse.

El debate tampoco es exclusivo de México. La película Michael, sobre Michael Jackson, estrenada en 2026, generó cuestionamientos por los episodios que dejó fuera de su relato. De acuerdo con The Washington Post, el filme inicialmente incluía escenas relacionadas con las acusaciones de abuso sexual de 1993, pero fueron eliminadas por complicaciones legales; además, Janet Jackson declinó participar en el proyecto. La película fue criticada por privilegiar su ascenso artístico y dejar fuera controversias relevantes.

En México, la bioserie Ellas soy yo, basada en la vida de Gloria Trevi, también dividió opiniones: mientras TelevisaUnivision destacó su contribución a la visibilización de la trata de personas, otras voces cuestionaron la manera en que retrataba a mujeres vinculadas con Sergio Andrade, entre ellas Marlene Calderón, Aline Hernández, Karla de la Cuesta y Karina Yapor.

El actor Mauricio Martínez, criticó que: “la industria del entretenimiento convierta el dolor de las víctimas en negocio y espectáculo.” Expresó su respaldo a Sasha, cuya valentía lo impulsó a romper el silencio. Señaló que “la nostalgia y el éxito comercial no justifican la revictimización, y llamó a productores y artistas a asumir la responsabilidad ética al contar historias “, concluyó.