25 años sin el cineasta que filmaba sueños

25 años sin el cineasta que filmaba sueños
Por:

Hoy se cumplen 25 años del fallecimiento de Federico Fellini, el más original e inspirador de los cineastas italianos que dio al mundo un legado inigualable de historias y personajes surrealistas como enanos o mujeres de pechos descomunales donde la nostalgia y su implacable imaginación se mezclaban con sueños y su vida personal.

Ganador de cinco premios Oscar, su aporte al séptimo arte marcó un antes y después en la historia del cine, incluso es uno de los pocos creadores cuyo apellido ha dado lugar a un adjetivo: felliniano.

Quienes trabajaron con él han llegado a definirlo como “incansable y alegre”.

“Era como un monje que vivía dentro del cine, parecía más cineasta que ser humano… creativo, con una alegría inmensa, dormía poco y pasaba todo el día rodando”, dijo a Efe, Gianfranco Angelucci, uno de sus últimos colaboradores, autor del guión de su penúltima obra, Intervista (1983).

Con un estilo personal y libre, Fellini decía que solía soñar en forma de fotogramas y que sus producciones encontraban un punto de equilibrio entre su vida personal y la fantasía.

Marcello Mastroianni fue su actor fetiche, mientras que su actriz más emblemática fue su esposa, Giulietta Masina. Ambos se conocieron y enamoraron en su etapa primeriza, cuando trabajaban en la radio. Juntos colaboraron en siete películas.

Nino Rota fue el gran compositor de sus filmes, algunas de sus partituras son de las más emblemáticas de la historia del séptimo arte.

El cineasta fue uno de los artistas más importantes a nivel mundial. No sólo se expresó a través de filmes, sino también en pinturas, caricaturas de corte satírico y dibujos.

El filme más recordado y referente histórico de sus producciones llegó en 1960, La dolce vita, con la que puso título a toda una época, reflejando una Roma nocturna y onírica. La cinta fue un parteaguas a nivel internacional, apunta el crítico de cine Germán Martínez Martínez.

“La dolce vita es una cúspide del cine mundial y de la obra de Fellini. Marcello Mastroianni tuvo uno de sus mejores momentos al protagonizarla. El asunto de la película, la constante tentación de la lujuria y la consecuente imposibilidad de sentar cabeza en sentido amplio, fue un tema que obsesionó a Fellini y que emergió en cuando menos otras dos de sus cintas”, dijo Martínez a La Razón.

Respecto al legado del creador italiano, el especialista destacó que el gusto que éste tenía por la imperfección lo llevó a crear personajes únicos y universos propios.

“Fellini no era preciosista: disfrutaba la imperfección. En alguna ocasión, por ejemplo, al audicionar a diferentes personas, un hombre mayor le gustó para una parte que requería... siempre y cuando fuera posible añadirle una enorme verruga en cierto punto de su calva...”, destacó el entrevistado.

Otra de las cualidades del cineasta fue saber retomar temas complejos para llevarlos a planos surrealistas, repletos de simbolismos y algunas veces sátira.

“En apariencia, y sobre todo en tono, no se asemeja a los dilemas existenciales retratados por otros grandes de este arte. Sin embargo, incluso en sus momentos más lúdicos, aborda experiencias complejas desde alguna forma de audacia audiovisual”, explicó Germán Martínez, quien también fue director de programación del Discovering Latin America Film Festival de Londres.

Con una vida que tuvo matices “de película”, a Fellini lo sorprendió la muerte sólo siete meses después de haber recibido, de las manos de la actriz Sophia Loren y Marcello Mastroianni, un quinto Oscar honorífico por su trayectoria.

Su vida se apagó después de permanecer hospitalizado por semanas a causa de un accidente cerebrovascular un 31 de octubre, pero de 1993, cuando tenía 73 años.

Con motivo del cuarto de siglo de su muerte y de cara al centenario de su nacimiento, en 2020, su ciudad natal Rímini, zona norte de Italia, prepara para este otoño, un amplio programa de actividades.

El Dato: Roma, una ciudad emblemática de sus filmaciones para el cineasta, fue donde falleció.