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Luis Gerardo Méndez, (Bayoneta Galíndez) personifica a pugilista tijuanense. Foto: Especial

Retirado del boxeo debido a un trágico suceso, Miguel “Bayoneta” Galíndez deambula lejos de su natal Tijuana, entrenando a otros pugilistas en los parajes de la ciudad de Tirku, Finlandia, buscando olvidar el pasado y apaciguar sus demonios con el alcohol, sumergido en un autoexilio que va más allá de la cuestión física.

Sin embargo, no se puede escapar por siempre de los sentimientos y la redención, que a veces llega a pesar de uno mismo. Es así como volverá a ponerse los guantes y haciéndole honor a su apodo, afilará sus puños y se encaminará al cuadrilátero para dar la última batalla.

Ésa es la premisa de la película Bayoneta, alrededor de la cual el director Kyzza Terrazas —otrora responsable de Somos lengua y El lenguaje de los machetes— elabora un relato de introspección que comienza a tambor batiente, pero en la que luego decide apostar por la parsimonia, como principal herramienta, y es ahí en donde termina diluyéndose.

Y es que, aunque la implosión es atractiva, no logra darle los necesarios altibajos para elaborar por completo el conflicto y ofrecer algo más que mantener el ritmo, lo que al menos en cuanto a forma, le aleja por completo de la tradición de las películas mexicanas de boxeo y sus usuales alcances melodramáticos, con las que han querido emparentarle; lo único que tiene como vínculo efectivo, es el tema de la corrupción y el trasfondo salpicado de implicaciones sociales, en este caso relacionadas con
cierto tipo de migración.

Aun así, el enfoque es interesante y la reflexión prevalece, la manufactura es precisa y entrega secuencias de gran organicidad, visiones desoladoras y envolventes, además de atmósferas recargadas que enfatizan el transitar enfermizo del protagonista, que se convierte en el vehículo ideal para sacar a Luis Gerardo Méndez —quien se preparó durante meses para esta interpretación, incluso entrenando con profesionales—, de la línea de personajes en los que parecía estar encasillado, como Javi Noble en Nosotros los nobles; o Chava Iglesias, en Club de cuervos.

El histrión, en una de las escenas. Foto: Especial

De hecho, Méndez considera que este es el personaje que más trabajo le costó interpretar debido a que en la realidad su personalidad es muy contraria a la de un boxeador. Tuvo que conocer a pugilistas profesionales y dejar a un
lado su vida social.

En cuanto a su preparación física, tuvo que entrenar durante seis meses dos horas diarias y levantarse a las cinco de la mañana para correr entre 10 y 15 kilómetros en las mañanas. Además de dedicar sus noches a hacer pesas.

Se trata, pues, de una película de buen acabado y planteamientos atractivos, pero tibia en su desarrollo; con identidad, pero carente de la emoción propia de este deporte, a la hora que alcanza la pantalla grande.

  • El Dato: El actor Luis Gerardo Méndez requirió un entrenamiento de boxeador profesional.
El actor durante el rodaje en Finlandia. Foto: Especial

Dicho en otras palabras, mide bien el ring y al rival, tiene técnica depurada y prepara el ataque con cuidado, pero nunca suelta el golpe definitivo y mucho menos alcanza el nocaut.

Bayoneta se pudo ver en la pasada edición XVI del Festival Internacional de Cine de Morelia, lugar donde fue medianamente bien recibida, ahora suena la campana y es tiempo de que enfrente la cartelera comercial.

Bayoneta

  • Estreno: 9 de noviembre
  • Director: Eduardo Kyzza Terrazas
  • Año: 2018

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