Legisladoras de oposición cerraron filas en torno a las senadoras morenistas que utilizaron el salón de belleza que operaba en el Senado de la República, al argumentar que se trataba de un servicio pagado y que el verdadero problema es la falta de transparencia sobre las concesiones otorgadas para operar en el recinto legislativo.
Las declaraciones se dan en medio de la polémica por el establecimiento que funcionaba de manera restringida para un grupo reducido de legisladoras y que, según adelantó el coordinador de Morena en la Cámara de Diputados, Ignacio Mier, ya fue cerrado, aunque aún no ha confirmado si la medida es definitiva o provisional.
“Yo creo que no podemos estigmatizar a la senadora o las senadoras que asistieron, porque en su momento ellas pagaban el servicio y era un servicio, valga la redundancia, que estaba considerado precisamente para ellas”, afirmó Guadalupe Murguía, senadora del PAN.
- El Tip: La Cámara de Diputados también cuenta con un salón de estética propio, utilizado por legisladores y reporteros, pero sin cargo al erario, ya que los clientes pagan.
La legisladora panista estableció un paralelismo con otros servicios disponibles en el recinto: “Era un servicio que se ofreció a las senadoras y algunas de ellas decidieron acudir, como hay quienes acuden al servicio de limpieza de calzado”, ejemplificó Murguía.
Alejandra Barrales, senadora de Movimiento Ciudadano, planteó un enfoque distinto al desplazar el debate del cierre o no de la estética hacia la rendición de cuentas y la transparencia en el manejo de las concesiones en el recinto.
- 1.2 millones de pesos pagaba el Senado en 2017 por servicios de peluquería para los senadores
“A nadie le debe de sorprender o incomodar que en un espacio donde transita tanta gente como es el Senado, como es la Cámara de Diputados, se cuente con diferentes servicios”, argumentó Barrales, y aclaró que no tiene “el antecedente exacto del tema de este caso específico”.
La Cámara alta gastaba en 2017 alrededor de 1.2 millones de pesos en el servicio de peluquería para los legisladores federales, y eran cinco personas las que trabajaban en el lugar.