El que, cuentan, ya no halla qué decir o qué hacer o qué inventarse para no alejarse de los reflectores es el senador guinda Gerardo Fernández Noroña, incluso aunque no sea para bien. Apenas hace unos días su nombre volvía a despertar polémica cuando se le ocurrió desafiar al Tribunal Electoral de Michoacán, que lo sancionó por violencia política de género en perjuicio de la alcaldesa de Uruapan, Grecia Quiroz. Ahora salió con su propuesta de ampliar la duración de la presidencia de la Mesa Directiva del Senado a todo el periodo legislativo o, al menos, a dos años. El planteamiento de Noroña, nos explican, llega precisamente cuando la Cámara alta se prepara para renovar ese cargo que, hay que recordar, él ocupó y que pretende volver a ocupar, pues el legislador ha dejado ver sus intenciones de sostener una vez más la campanita del pleno. Según el morenista, al que ya hasta algunos de sus compañeros de partido le han pedido que relaje sus aspiraciones, un año al frente de las y los senadores resulta insuficiente por la carga y la gran complejidad del cargo. ¿Cómo lo ve?

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