Dicen que el que no soportó la ola de especulaciones alrededor de su renuncia a la FGR fue el exvocero de ese organismo y también exfiscal de Asuntos Relevantes Ulises Lara, quien tuvo que volver a la luz pública para insistir en que los motivos de su salida —apenas seis meses después de su nombramiento— no tuvieron nada que ver con la comisión de supuestas ilegalidades en las investigaciones que él condujo. “Rechazo cualquier señalamiento que pretenda atribuirme conductas contrarias a la ley, al servicio público o a las responsabilidades que tuve encomendadas”, dijo, previo a advertir que no participará “en discusiones públicas basadas en versiones parciales, interpretaciones personales o señalamientos formulados fuera de los cauces correspondientes”. En este ánimo, lanzó un desafío a quienes lo han acusado, para que presenten sus señalamientos ante las instancias correspondientes con las pruebas que los acrediten. Nos señalan que, aunque puede que la molestia de Ulises sea comprensible, finalmente él también debería comprender las dificultades que pueda haber para procesar una renuncia tan repentina a un puesto clave de la Fiscalía General de la República.

• Buena relación con las Fuerzas Armadas

