Crónica de su rescate

“Tengo atrapado un pie, pero respiro”

Fue rescatado del edificio que colapsó en el 286 de la calle Álvaro Obregón; todo comenzó con un mensaje al grupo familiar

“Tengo atrapado  un pie, pero respiro”
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Durante el sismo del 19 de septiembre de 2017, Óscar Cantellano fue parte de las personas que quedaron atrapados en el interior del edificio colapsado que se encontraba en el 286 de la calle Álvaro Obregón, en la colonia Condesa.

La siguiente crónica narra cómo fue la cruzada, tanto en el espacio físico como virtual, para rescatar a Óscar de entre los escombros de un edificio de seis pisos, luego del nuevo gran sismo que impactó a la Ciudad de México hace 3 años. 

“Tengo atrapado un pie, pero respiro”

Las voces van de un lado a otro. Piden silencio a gritos. Mientras tanto, la Marina, civiles empolvados y con cascos de bicicleta, y personal con chalecos naranja toman un respiro en la montaña de escombros de lo que fue un edificio de seis pisos, en el 286 de la calle Álvaro Obregón, en la Condesa, un vecindario de artistas, famoso por sus cafés, sus paseos y sus galerías, localizado en la zona centro de la Ciudad de México.

Ellos buscan a Óscar Cantellano y a varias personas más que quedaron atrapadas debajo de toneladas de concreto de este inmueble que colapsó por la mitad minutos después de las 13:14 horas, cuando un nuevo gran sismo, ahora de 7.1 grados, impactó a la Ciudad de México en el aniversario 32 del terremoto de 1985.

El sol está por ponerse y los destellos hacen que Érik Santillana, uno de los primeros civiles en llegar a tratar de rescatar a personas atrapadas se seque gotas de sudor tan gruesas como perlas.

Adentro hay alrededor de 40 personas. Pero comenzó a llegar más gente y más rescatistas alrededor de las cuatro de la tarde, cuando en las redes sociales empezó a tuitear una persona que está dentro del edificio”, dice el hombre que se desempeña como instructor en un gimnasio de la Condesa.

La realidad es que todo comenzó en un chat familiar de WhatsApp, cuando Óscar le escribió a su primo y le avisó que estaba debajo de lo que era su oficina.

“Se derrumbó el edificio donde trabajo. Estoy atrapado. Pidan ayuda. Manden ayuda”, escribió el joven profesor de idiomas de 37 años que hasta el cierre de la edición se reportaba con fracturas en la cadera y la pierna izquierda.

Era tanta la gente que preguntaba por Óscar: bloggers, tuiteros que transmitían en tiempo real las incidencias del sismo, periodistas de televisoras, que en las esquinas de Álvaro Obregón y Yucatán y en la de Oaxaca, cada 15 minutos llegaba una persona para informar que Óscar Cantellano aún estaba atrapado dentro del edificio.

“Óscar es un sol”, dice su madre, María Teresa Carreira, mientras espera en una improvisada valla en Álvaro Obregón y Cacahuamilpa, donde acaba un camellón decorado con fuentes de principios del siglo XX.

Yo presentía algo. En la mañana pasé a ver su edificio, en la calle de Torreón.  El edificio de la esquina se cayó. Vi que estaba bien, pero él nunca me contestó y eso a mí me tenía con el alma en un hilo. Mi hijo se comunicó conmigo por buzón de voz y dijo que tenía atrapado un pie y que sí podía respirar. Mientras no lo vea, no voy a estar tranquila”.

A ella la acompañan su esposo, Óscar, y María Isabel Mota, la amiga del joven, y quien mantiene comunicación con Ana Luz Cantellano, quien transmitió a sus 1,225 seguidores en Twitter el llamado de auxilio de su hermano.

En esa misma esquina, a unos metros de la madre de Óscar, se encuentra Fernanda, quien se truena los dedos y está sentada sobre un bote, abrazando su bolsa.

Está justo debajo de un par de cartulinas en las que se leen los nombres de las personas que han sido rescatadas, entre los cuales no está el de su marido, quien no alcanzó a salir de su oficina.

“Mi esposo está ahí. No he podido comunicarme con él. Mis compañeros y yo tuvimos que salir a hacer unas diligencias y cuando volví el edificio ya estaba en ruinas. Espero que lo encuentren pronto. Nuestro despacho estaba en el piso tres”, dice ya en pasado mientras mira hacia la pila de concreto resguardada por militares que portan las bandas amarillas del PlanDN-III.

Alrededor de las 18:30 horas la multitud enmudece. Desde la parte superior del edificio reducido a escombros un marino pide una camilla, collarín y bicarbonato de sodio. La gente contiene el aliento.

Una camilla se asoma entre las ruinas. Ahí está Óscar Cantellano, la décimonovena persona rescatada del inmueble en cuyo interior solamente quedan bloques de cemento y fierros retorcidos.

Mientras tanto, Fernanda aguarda sin moverse de la esquina.

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