El escándalo de Dominique y la crisis financiera internacional

EU necesita del Tratado entre los 12 países para mantener liderazgo
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Dominique Strauss-Kahn no se encontraba en Nueva York de visita con su hija, quien ahí vive; pudo verla, pero su estancia en un lujoso hotel de la Gran Manzana tenía otro motivo: su entrevista, en calidad de director del FMI, con los altos funcionarios de la Reserva Federal estadounidense, con sede en esta ciudad.

Y es que uno de los problemas más acuciantes de la crisis económica mundial es la deuda de Estados Unidos, que actualmente ha llegado a la astronómica cifra de 14.3 billones de dólares.

¿Cómo seguir garantizando las transacciones comerciales con el respaldo de una moneda tan severamente endeudada, que pone en riesgo a otras economías? Strauss-Kahn promovía la diversificación monetaria en este aspecto y también el uso de los Derechos Especiales de Giro (DEG); a esta última propuesta se oponían China e India, quienes mantienen actualmente superávits comerciales, en el caso chino con un financiamiento artificial a sus exportaciones.

La caída de Strauss-Kahn ha sido vista en Francia como parte de una conspiración, quizás del presidente Nicolás Sarkozy. Esta idea provinciana es absurda. Más sentido tendría el cortar de tajo posturas que afectan la hegemonía estadounidense en el mundo financiero, un arreglo surgido de la victoria en la Segunda Guerra Mundial.

Sin embargo, el planteamiento de que la escandalosa detención del ex director del FMI corresponde a una conspiración (de la CIA, se entiende), choca contra el sentido común. Debería ser parte de esta manera de deshacerse de un funcionario molesto de la burocracia dorada globalizadora —quien además se preparaba ya para participar en las elecciones francesas abandonando el organismo internacional—, un conjunto de asalariados estadounidenses: la víctima —una mucama negra, quien aportó evidencias de la agresión—; sus compañeros de trabajo que la auxiliaron; el gerente del hotel, que llamó a la policía; los detectives de la Unidad de Víctimas Especiales, el fiscal y la juez que decidieron someterlo a juicio. Rendir testimonios falsos en una Corte estadounidense es severamente penado.

Este caso habría hecho las delicias de Pier Paolo Pasolini, quien hiciera una película con personajes representativos del poder absoluto, situados en la República de Saló (el último reducto del fascismo italiano en la Segunda Guerra Mundial), para ilustrar una metáfora del abuso con base en Las 120 jornadas de Sodoma, del Marqués de Sade.

Dominque Strauss-Kahn, quien presidía un organismo financiero célebre por favorecer a los especuladores del norte en detrimento de los países del sur, cuyos ajustes financieros draconianos han generado miseria y, por tanto, la quiebra de familias, desesperación, crimen, prostitución (el mundo soñado por el loco del Marqués de Sade), es acusado a su vez de violentar a una mucama negra —a la que algunos quieren ver como una Mata Hari moderna— a la cual golpeó y obligó a tener relaciones sexuales (la sodomizó, según lo acusan).

Mientras el personaje de esta nueva metáfora del abuso se prepara para un juicio escandaloso en un tribunal neoyorquino —lo cual no dejará de ser un espectáculo muy entretenido—, los barruntos de caos financiero internacional se mantienen. Ahora la novedad es que los bancos europeos depuran sus balances y los especuladores adquieren a precio de ganga los activos; Marathon Asset Management —también hay casas de bolsa emergentes, para aprovechar la circunstancia— acaba de realizar una operación multimillonaria de este tipo con un banco británico, Lloyds Banking Group. El problema es que las finanzas internacionales comiencen a contaminarse con valores tóxicos, en detrimento futuro de los inversionistas.

Por lo pronto, el déficit estadounidense se mantiene como una amenaza del equilibrio financiero internacional, aunque Barack Obama, de acuerdo con su discurso en la Cámara de los Comunes en Londres, mantiene su optimismo acerca de la hegemonía angloestadounidense en el mundo contemporáneo. Y si la alternativa es prepararnos para el liderazgo de una economía exitosa y depredadora como la china, uno en el fondo querría compartir ese optimismo, muy menguado frente a los embates de la realidad, la misma que de todos modos va a hacer añicos algún día el mito chino. O sea, seamos enteramente pesimistas para ser realistas.

Y en este gran juego de ligas mayores, sucede que sin cabildeos de fondo, sin estrategia, sin programa —todo pareciera una ocurrencia—, el gobierno mexicano lanza al Presidente del Banco de México para ocupar el puesto de Dominique Strauss-Kahn, poniendo en riesgo el único sector de nuestro país que no está reconocidamente en crisis. Entre optimismos y pesimismos, lo peor es hacer el ridículo. A menos que seamos parte de una conspiración y no nos lo hayan dicho.