2019: el año de los fascismos americanos

Comer de la basura
Por:
  • valerial-columnista

Nos guste o no, el fascismo está de vuelta. Los regímenes totalitarios y nacionales tuvieron auge en Europa durante los años de la Segunda Guerra Mundial. Conocimos sus discursos –nacionalistas, racistas, xenófobos– y, también, sus consecuencias. El horror de aquellos años no se entiende sin este modelo político.

La novedad es el fascismo americano que, en diferentes países de la región, se ha instalado con bombo y platillo: ignorando el pasado y con la mirada retadora hacia un futuro que es fácil de anticipar.

Los regímenes liberales americanos languidecen, se extinguen. A cada respiro, obtienen menos oxígeno democrático y más veneno fascista.

Lo miramos, incrédulos, en Venezuela y Nicaragua; después, en Estados Unidos; finalmente, en Brasil.

Como la mayoría de los procesos de descomposición, ha disuelto su fétido olor con la ayuda del tiempo. Primero, una detención arbitraria silenciada; después, una reforma “constitucional”; luego, una reducción de las libertades y el ataque a la prensa; más adelante, el cuestionamiento por la validez de los Derechos Humanos de algunos.

No hace falta ser Nostradamus para anticipar que lo que viene es la instauración de la política del miedo en la que el amigo y el enemigo son los polos de enfrentamiento al ritmo del capricho del dictador.

Sirvan de ejemplo, los casos de Steve Bannon o Michale Cohen y Donald Trump, quienes durante un corto tiempo se juraron incondicionales pero, ya no más.

En estos días, no hay que olvidar que cuando se pierde la lógica del respeto, el amigo de hoy puede ser el enemigo de mañana. Al voluntarismo sigue el miedo y a éste, la violencia. Fuera del marco del lenguaje de los derechos, es difícil garantizar la seguridad de algún grupo o persona.

Dimos la bienvenida al nuevo año con la presidencia de Jair Bolsonaro: un político polémico, por decir lo menos. La campaña presidencial parecía una réplica brasileña de la de Donald Trump. Ambas polarizaron a las sociedades cambiando la lógica de las propuestas y el respeto por los discursos de odio.

Tanto Trump como Bolsonaro, transmutaron el nacionalismo en un patriotismo fascista en el que la descalificación, la violencia y el enfrentamiento son las monedas con las que se compra el crecimiento económico. La historia de siempre: monedas a cambio de la dignidad de algunos. Olvidan que el lenguaje de los Derechos Humanos está por encima de la lógica del mercado; y que proteger los primeros pasa por regular –que no suprimir– a los segundos.

El neoliberalismo sumado al nacionalismo autoritario no se ajusta a las demandas de los grupos vulnerables sino a los intereses de los poderes fácticos. La diferencia es significativa si queremos comprender las diferencias con los populismos.

Ya sea cowboy o envuelto en realismo mágico, el fascismo americano promete lo que no puede comprar: igualdad a precio de libertad; seguridad a cambio de subordinación. Por donde se mire, las cuentas no salen.