El puntero de la elección presidencial en Colombia, Abelardo de la Espriella, prometió: “Voy a dar la orden, el 8 de agosto, de empezar a fumigar las más de 330 mil hectáreas de coca que son la fuente primigenia de todas las formas de violencia”. ¿Qué significará, desde el punto de vista ambiental y humano, la destrucción de tanta vegetación con el poderoso cancerígeno glifosato? Pensar que el narcotráfico desaparecerá mediante la dispersión masiva de herbicida revela una comprensión superficial de las dinámicas rurales y de la política de drogas.
Las democracias necesitan líderes capaces de comprender la complejidad del mundo contemporáneo. Necesitan administradores competentes, con visión de largo plazo y comprometidos con el interés público. Y es que el abogado De la Espriella no es un conocedor de la ciencia, ni de la administración pública, ni construyó su carrera profesional a partir de contribuir al bien común. La trayectoria profesional de De la Espriella como abogado penalista es conocida por haber incluido la defensa de personajes de mala reputación. ¿Toda persona tiene derecho a una defensa jurídica adecuada? Sí, pero la propia derecha mexicana se ha escandalizado de que una exabogada del Chapo Guzmán haya sido electa juez.
Cuando la acumulación de riqueza, derivada de representar a clientes poderosos termina transformándose en una plataforma para conquistar el poder estatal, la frontera entre democracia y mafiocracia se vuelve difusa.
¿Qué tipo de sistema permite que una maloliente fortuna privada se convierta con facilidad en capital político? La democracia es el gobierno del pueblo, no la mercancía que obtiene quien paga el precio más alto en una subasta. En democracia, la competencia electoral debe girar en torno a proyectos de gobierno evaluados objetivamente, no a campañas de desinformación millonarias. Lo ocurrido en Colombia nos debe servir de lección al resto del mundo. Lo preocupante sería que la desigualdad estructural que existe entre quienes disponen de recursos exorbitantes y quienes no, reserve los puestos de mando para los primeros. Entonces la “democracia” se habría convertido en oligarquía. Un ingeniero ambiental, un científico, un médico rural y un funcionario honesto deben poder competir realistamente frente a quien cuenta con una maquinaria financiera capaz de inundar las redes de bulos (fake news).
Los mismos sectores que denuncian los excesos del Estado suelen guardar silencio frente a la compra del poder político por parte de bucaneros. En estos días he recibido mensajes de WhatsApp con mentiras rotundas sobre la política colombiana y, cuando le he demostrado a los que los envían que son propaganda con calumnias, muchos ni se inmutan, ni corrigen. ¿De verdad vamos a aceptar convertirnos en mapaches y mitómanos solamente para desahogar nuestros odios? ¿Una sociedad puede sobrevivir cuando sus ciudadanos renuncian no sólo a la ecuanimidad sino a la sinceridad y el reconocimiento de la verdad?
Producción e Inflación: binomio favorable
