Después de que se dieron con todo en el primer tiempo, se contaron 19 faltas. Argentina, a pesar de la desventaja, desplegó su futbol más brillante en este Mundial. Inglaterra metió un gol y confiaron en una estrategia que hace muchas décadas quedó atrás: quisieron colocar el mismísimo Big Ben en su portería, y así ya no hay manera de ganarle a un equipo como Argentina.
Lo pudieron hacer contra México, incluso jugando con 10, pero el Tricolor, a pesar de ser un buen equipo, no tiene la naturaleza y el espíritu de la Selección Argentina.
Se lo planteamos de nuevo: Argentina es un equipo que no sabe perder. Quiere decir que no asumen la derrota en ningún momento por más adversidades que haya. Los argentinos ganaron dos importantes partidos en la parte final, cuando parecían materialmente noqueados.
Era cuestión de tiempo para que cayera al menos el gol del empate. Inglaterra apostó todo a un gol y defenderse y entre las virtudes argentinas y el agotamiento y las grietas que iban mostrando los ingleses todo apuntaba a que en el tiempo regular cayera al menos el empate. Si no cayó antes se debió a los oficios del portero inglés, y a que no estaban lo suficientemente finos los argentinos, pero insistimos, era cuestión de tiempo.
De nuevo, como en el 86, Argentina vuelve a vencer a sus fantasmas. Algunos jugadores sudamericanos mostraron pancartas al final del juego en que se leía: “Las Malvinas son argentinas”. Era un recuerdo que está en el imaginario colectivo argentino, sin importar las generaciones, no deja de estar presente.
Messi fue una vez más el fiel de la balanza. Dicen que se la pasa caminando, que parece por momentos que no está en el juego, y otros más aseguran que puede llegar a ser personaje menor en el partido. Todos aquellos que dicen esto, quizá tiene más que ver con la distancia que le toman a la Selección Argentina que con lo que realmente es Messi.
El argentino es el mejor jugador en este momento. Lleva un buen tiempo siendo la excepcionalidad del futbol. No somos de la idea de las comparaciones, lo único que es tangible y evidente es que Messi da la impresión de que hace auténticamente lo que quiere y que los rivales a veces lo atacan, y otras veces de plano lo dejan pasar para admirarlo.
Ayer de nuevo se encargó de guiar a Argentina en un partido que tuvo muchas dificultades y fue, sobre todo en el primer tiempo, de un roce de alto riesgo. Ahí estuvo Messi, no bajó la guardia y además se echó a las espaldas al equipo y el equipo lo vio para admirarlo, para ayudarlo y entenderlo.
Lo importante del juego del domingo es que van los dos mejores equipos del Mundial; se van a ver las caras en la final.
Ninguno entró por la puerta de atrás.
Reducción del 48% de homicidios
