Suman 300 días desde que se declaró un supuesto alto al fuego en la Franja de Gaza pero la población sigue viviendo en condiciones de supervivencia que se asemejan mucho a una emergencia de guerra más que a una verdadera posguerra.
Es cierto que han disminuido los bombardeos y los desplazamientos forzosos, pero el deterioro del territorio palestino es más que evidente. Siguen faltando elementos básicos como agua, electricidad, vivienda, atención médica, seguridad y ni hablar de la posibilidad real de reconstruir el enclave palestino.
Cientos de miles de personas siguen resguardados en casas de campaña mientras que alrededor de dos millones de gazatíes han sido desplazados de sus hogares, movimientos masivos provocados por el conflicto entre Hamás y el gobierno genocida de Israel.
La reconstrucción de las ciudades y de las viviendas no ha comenzado de manera significativa. Es una promesa que se presenta constantemente, aplazada por el gobierno de Benjamín Netanyahu para presionar a Hamás.
La falta de agua y electricidad dificulta en extremo la vida dentro de la Franja. Las personas hacen largas filas para obtener agua potable procedente de camiones cisterna, lo que complica aún más acciones tan elementales como beber agua y cocinar la comida.
Aunque los bombardeos han bajado su intensidad, no hay espacio para que los palestinos que sobrevivieron a la guerra rehagan su vida de manera normal.
El alto al fuego no es total, según el Ministerio de Sanidad gazatí hubo 1.262 muertes durante los diez meses de alto el fuego y hay zonas que el ejercito israelí mantiene bajo control estricto.
Mientras los Gazatíes luchan por sobrevivir en medio de las ruinas, el titular de Seguridad Nacional israelí, el ultraderechista Itamar Ben Gvir, pidió de manera púbica en un podcast asesinar a entre “30 y 40 personas” en Gaza, porque según él hay personas que no merecen vivir y que“ni si quiera son personas”.
Ben Gvir también apostó por la migración masiva de palestinos para colonizar la Franja de Gaza, acciones que diversos organizamos internacionales han calificado como un intento de limpieza étnica.
Así es como el ala más extremista del gobierno israelí ve a los palestinos que sobreviven en las ruinas de Gaza, a quienes consideran un estorbo para sus intereses.
La realidad es que el alto al fuego no ha devuelto a las personas sus hogares ni las condiciones mínimas de privacidad, higiene y seguridad que cualquier individuo debería tener.
A pesar de todas las dificultades a las que se siguen enfrentando los palestinos en Gaza, las personas buscan rehacer su vida con pequeñas acciones como los niños que han podido recibir clases en tiendas de campaña.
Una forma en que la población intenta reconstruir cierta normalidad incluso sin que las condiciones materiales estén reconstruidas.
“Injerencista” y “político”
