En los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, Estados Unidos llevó al mejor equipo; de hecho, se hacía llamar Dream Team. Michael Jordan, Magic Johnson, Larry Bird, Charles Barkley, Scottie Pippen, Karl Malone y muchas estrellas más de la NBA compartieron por primera vez la misma camiseta.
Por supuesto que tenían rivales. Todos contaban con lo mismo: entrenadores, jugadores, uniformes y un gran número de etcéteras; sin embargo, esos equipos rivales tenían un problema: prácticamente ninguno tenía nada para ganarle al Dream Team. Y así fue. Estados Unidos ganó sus ocho partidos, no perdió uno solo y terminó derrotando a sus adversarios por una diferencia promedio superior a los cuarenta puntos. Eso no significaba que los demás equipos no existieran, significaba que, en ese momento, no había competencia.
Algo muy parecido está ocurriendo hoy en la política nacional. Morena tiene adversarios, pero todavía no tiene enfrente una oposición capaz de disputarle seriamente el poder, y de decirlo abiertamente se encargó la Presidenta Claudia Sheinbaum al referirse a una encuesta publicada en un medio de información.

• Inzunza, eslabón débil
La Presidenta ironizó al referirse a los números del PRI y del PAN, al decir que, a unos días del inicio del proceso electoral, esos partidos, a diferencia del movimiento que a ella la llevó al poder, no cuentan con un gran respaldo de la población y, refiriéndose a esa alianza del pasado 2024, dijo: “Como les fue tan mal, entonces el PAN salió a decir que ya no se iba a aliar con el PRI, que ya iba a salir solo en la elección de 2027, pero resulta que no están muy bien, ni siquiera llegan a los dos dígitos en todas las encuestas, ni el PRI ni el PAN. Hoy sale una encuesta, pero hay otras de la diferencia que hay entre Morena y los otros partidos. Morena está desde 35% hasta 50% dependiendo la encuesta y el PAN está en 8%, en 7%; el PRI también 6%, 8 por ciento”.
Habrá a quien le robe una sonrisa lo dicho por la Presidenta y habrá también a quienes les incomode sus comentarios, pero la realidad es una: por más ruido que hagan, por más conferencias que convoquen y por más escándalos que intenten colocar en la conversación, hoy ninguno parece tener la fuerza suficiente para hacerle frente a Morena, o al menos, no todavía.
El problema para la oposición es que el mayor activo electoral de Morena hoy quizá no sea Morena en sí, sino la incapacidad de ellos, como oposición, para construir algo que la gente pueda imaginar en el poder y que desplace completamente al partido oficialista del corazón de los electores.
Sí, mucho ruido en redes sociales, mucho escándalo en algunos medios, muchos memes, mucha incomodidad con el vecino país y su gobierno, pero está demostrado que el ciudadano de a pie, o sea, el elector que no tiene tiempo de sentarse a ver chismes en su teléfono sigue confiando en quien les lleva apoyos y con esos alimentan a su familia. Y sí, podrán decir que se regala el dinero, que se les da a los flojos, a los pobres y a un largo número de adjetivos que ya conocemos; sin embargo, la oposición envía su mensaje al 15% de la población, mientras insultan y hacen menos al restante 85% que predomina y que hace, precisamente, que el partido gobernante siga tan fuerte.
En pocas palabras, aquel Dream Team de 1992 no ganó porque los demás no tuvieran jugadores, entrenadores o ganas de competir; ganó porque, sencillamente, estaba varios pasos por encima de todos los que tenía enfrente. Morena tampoco es invencible, pero para derrotarlo primero tiene que aparecer alguien capaz de competirle de verdad, construir una alternativa seria y deshacer su juego, por eso, mientras la oposición siga confundiendo el escándalo con respaldo, y los aplausos que se dan entre ellos con el sentir de todo un país, podrá seguir entrando a la cancha, pero la realidad seguirá siendo la misma: la oposición no ganará hasta que formen su propio equipo de ensueño.
Reenviado
”Una democracia puede tener muchos partidos y, al mismo tiempo, muy poca competencia”.

“RESILIENCIA”
