Grupo México acaba de dar un paso relevante para no solamente ser un gigante de la minería y el transporte ferroviario. La integración de sus activos de generación eléctrica con Saavi Energía, perteneciente al portafolio de Global Infrastructure Partners (GIP), subsidiaria de BlackRock, coloca al conglomerado en un gigante dentro del negocio energético privado en México.
La transacción deja una estructura accionaria donde Grupo México controlará el 70 por ciento del nuevo consorcio y GIP conservará 30 por ciento. No es un detalle menor. Detrás de esa participación hay una plataforma que concentra 14 centrales de generación, 4,510 megavatios de capacidad instalada y una cartera de proyectos de crecimiento cercana a los 5 mil megavatios.
En otras palabras, Grupo México, de Germán ok Larrea, no solamente está sumando centrales eléctricas; está construyendo una plataforma energética con capacidad para prácticamente duplicar su escala mediante los proyectos que tiene en cartera. El negocio de energía ya representaba alrededor de 46 por ciento de la División de Infraestructura de Grupo México. La llegada de Saavi incrementa todavía más el peso estratégico de este segmento y diversifica una división que tradicionalmente ha tenido exposición a distintos activos de infraestructura. Con esta operación se permite al grupo acceder a activos energéticos de mayor escala, con flujos más visibles, una operación más diversificada y mejores perspectivas de largo plazo.

• Inzunza, eslabón débil
La nueva plataforma de Grupo México y GIP llega al mercado con 4,510 megavatios instalados y otros 5,000 megavatios potenciales de crecimiento justo cuando la demanda eléctrica y las necesidades de infraestructura obligan a ampliar la capacidad de generación del país. Si usted recuerda Saavi, su operación contempla distintas modalidades de venta de energía, incluida la colocación a la Comisión Federal de Electricidad bajo el modelo de Productor Independiente de Energía. Esa diversificación comercial es particularmente relevante porque permite contar con diferentes fuentes de ingresos y exposición a distintos segmentos del mercado eléctrico, y porque además México necesita más energía y está claro que su camino también será trabajar de la mano con los privados.
Pero esta transacción también deja claro que puede ser solamente el primer movimiento de una relación que termine llevando a ambas compañías a nuevos proyectos. Esta asociación le da a Grupo México estar en los grandes jugadores globales de inversión en infraestructura, mientras que BlackRock obtiene una alianza con un conglomerado mexicano que conoce profundamente el mercado local, la infraestructura y los grandes proyectos de capital. La energía de hoy es convertirse en uno de los pilares de su estrategia de infraestructura. GMéxico seguirá siendo el corazón histórico del grupo y el transporte ferroviario mantiene un peso fundamental, pero la generación eléctrica abre una tercera avenida de crecimiento con características particularmente atractivas: activos de larga duración, demanda estructural, contratos de suministro y necesidades crecientes de inversión. El mensaje es claro, confianza, certidumbre y capacidad financiera existen, y esta sociedad puede terminar siendo tan importante como los megavatios que generarán para nuestro país.
Voz en off. Ha sido el propio secretario de Hacienda, Édgar Amador, quien ha entregado el Paquete Económico 2027 colocando sobre la mesa una apuesta relevante para el Gobierno de México: alcanzar un crecimiento de al menos 2 por ciento, llevar los ingresos tributarios a un máximo histórico de 15.9 por ciento del PIB, mantener una reducción gradual del déficit y ubicar los Requerimientos Financieros del Sector Público en 3.9 por ciento del PIB, 1.8 puntos porcentuales por debajo de 2024. A ello se suma una inversión pública y mixta de 5.7 billones de pesos entre 2026 y 2030 para infraestructura en energía, agua y transporte, mientras que el gasto en educación, ciencia, salud y seguridad tendrá incrementos de dos dígitos frente a 2026. El Gobierno de Claudia Sheinbaum, apuesta además a que el Plan México movilice inversión privada, fortalezca proveedores nacionales y cadenas de suministro y genere empleos de mayor valor agregado, en un escenario donde las condiciones financieras más favorables deberían contribuir al crédito y la inversión. El discurso fiscal también busca enviar una señal de disciplina al establecer que no habrá nuevos impuestos y que el aumento de la recaudación dependerá de mayor eficiencia, cumplimiento y combate a la evasión, la elusión y las operaciones simuladas. Pero todos estos números tendrán que pasar por el filtro de los mercados financieros. La pregunta será si las metas de crecimiento, recaudación, inversión y consolidación fiscal son suficientemente creíbles para generar confianza entre los inversionistas, particularmente entre quienes financian al Gobierno mediante bonos. Ya veremos si esta combinación de crecimiento, inversión y disciplina fiscal obtiene el buen visto de los inversionistas, consigue el respaldo de los dueños de bonos y convence a las calificadoras de que la trayectoria de las finanzas públicas y de la deuda es sostenible. Porque en los mercados, más que las promesas, lo que termina pesando en una decisión de inversión es la confianza en que las cifras se puedan cumplir y que la estabilidad macroeconómica tenga continuidad por supuesto, para que se deje sentir en el bolsillo de todos los mexicanos…

“RESILIENCIA”

