ENTRE COLEGAS

De Dinamarca al inframundo

Horacio Vives Segl. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón
Horacio Vives Segl. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: larazondemexico

Los problemas financieros de las instituciones públicas de salud no aparecieron con este régimen. Pero la gravísima crisis que atraviesa actualmente el sistema de salud pública responde a una serie de ocurrencias y malas decisiones que se empezaron a tomar hace ocho años, y que han empeorado exponencialmente, no sólo sus problemas financieros, sino el sistema en su conjunto

En 2012, al término del gobierno del presidente Felipe Calderón, la cobertura en salud alcanzó a 106 millones de mexicanos, fundamentalmente a través de la expansión del Seguro Popular, que, mientras existió, fue un instrumento esencial para ofrecer servicios de salud a aquellas personas que no tenían cobertura del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), del sistema de salud de las Fuerzas Armadas o de aseguradoras privadas. Así, millones de trabajadores agrícolas, empleados de microempresas que no cotizan al IMSS o quienes participan de la economía informal, entre otros sectores de la población, pudieron acceder por primera vez a la cobertura de salud.

¿Qué ha ocurrido en el actual régimen? Pésimas decisiones que han pauperizado y vuelto inoperante el sistema de salud pública. En primer lugar, dado que el Seguro Popular estaba vinculado con los gobiernos de Acción Nacional, de un plumazo se decretó su extinción supuestamente para sustituirlo por el INSABI (Instituto de Salud para el Bienestar), que tuvo una vida efímera: el propio Gobierno lo borró en 2023. Otra decisión increíblemente negligente e irresponsable fue cancelar el sistema de compras consolidadas de medicamentos, sin tener en cuenta que su adquisición y distribución es una labor de una altísima complejidad técnica y logística. Dentro de la feria de ocurrencias, y ya en el terreno de lo ridículo, destacó el fracaso rotundo de la “megafarmacia”, un grave desperdicio de recursos que se debían haber destinado eficientemente al sector salud.

Ya tomadas esas decisiones —y a propósito de ridículos— el entonces presidente pronunció la frase que se asocia al fracaso de sus políticas en la materia: que en México íbamos a tener un sistema de salud mejor que el de Dinamarca. Y terminó su gobierno ¡afirmando que se había cumplido!

Sin embargo, como en todo lo demás, la terca realidad echó a perder la fiesta, y así, se fueron acumulando las evidencias de que el sistema de salud se caía a pedazos: en primer lugar, la falta de medicamentos en general, y con particular gravedad —además de los antirretrovirales para pacientes con VIH o sida— los utilizados para el tratamiento del cáncer, donde la mayor tragedia se dio con los niños y adolescentes que los necesitaban (y, en vez de que el Gobierno atendiera el problema, los afectados y sus familias se toparon con la ruin reacción de acusarles de ser parte de una conspiración política opositora); así como el incremento sostenido de quejas por mala atención a pacientes.

Y, por supuesto, no debe olvidarse que, aunque la pandemia de Covid-19 no podía preverse, con el sistema de salud mermado, sumado a las malas decisiones del Gobierno, el resultado fue espeluznante. En México hubo un número de muertes muy superior a lo que se podía haber evitado, tanto entre el personal de atención médica como entre la población general.

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