VIÑETAS LATINOAMERICANAS

El debate presidencial brasileño

Rafael Rojas. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: larazondemexico

El formato del debate entre los candidatos presidenciales en Brasil, Lula da Silva y Flávio Bolsonaro, se parece al que con frecuencia se usa en Estados Unidos. Los dos candidatos se mueven por el foro, en busca de la cámara, y se atacan mutuamente a la vez que cortejan las simpatías de la audiencia.

A pesar de la crispación que ese formato agrega a la polarizada competencia brasileña, el debate muestra la rara fortaleza de la democracia brasileña. En no pocos países latinoamericanos, gobernados por la izquierda o la derecha, un debate así es inconcebible porque los contendientes políticos se tratan como enemigos. Ni siquiera como rivales o adversarios, sino como enemigos a muerte que no deben habitar un mismo espacio.

En varios momentos la polémica Lula-Bolsonaro alcanzó una deslegitimación peligrosa. Lula no pudo quitarse de encima el estigma de la corrupción y Bolsonaro hizo gala de la mezcla de golpismo, reversión de garantías y agenda recargada de seguridad que caracteriza a las nuevas derechas. Pero a pesar de ello, cada uno reclamó para sí la defensa de la democracia.

Lula tiene razón en que Bolsonaro pone en riesgo la democracia brasileña por medio del seguritismo, la militarización y el retroceso en los derechos sociales. Pero tampoco es menos cierto que las ambivalencias y el relativismo de la política exterior de Lula facilitaron la permanencia o la reproducción de las autocracias bolivarianas.

No es cierto que la política exterior brasileña no intentara una salida democrática en Venezuela. Se vio con claridad en 2024 cuando los gobiernos de Lula da Silva y Gustavo Petro ejercieron presión diplomática sobre Caracas para que el gobierno de Nicolás Maduro reconociera la irregularidad de la reelección. Lula captó la gravedad de la situación venezolana de manera más consistente que Andrés Manuel López Obrador, quien retiró a México del grupo tripartito con Colombia y Brasil.

Llegado un punto, Lula dejó de presionar y la situación venezolana se deterioró hasta provocar la intervención de Estados Unidos. Con todas sus ponderaciones, ha sido Lula uno de los políticos progresistas latinoamericanos con mayor conciencia de la gravedad de la erosión democrática que avanza en la región, lo mismo por la izquierda que por la derecha.

Ahora, con el posible triunfo de Bolsonaro o de una reelección de Lula bajo una derecha empoderada en Brasil, los peligros de autocratización se desplazan al otro eje ideológico. No sólo se avanza hacia la pérdida de libertades por la ruta del progresismo: también se avanza por la vía del militarismo, el reforzamiento indiscriminado de la seguridad y el abandono de los derechos sociales.

La democracia brasileña estará bajo acecho en cualquiera de los dos escenarios: con un triunfo de Bolsonaro que consolide la hegemonía de la derecha o con una victoria de Lula, frente a una oposición instalada en los poderes legislativo, judicial y estadual de la federación.

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