Israel vota el martes 27 de octubre con una mayoría posible y el problema de fondo intacto: hay partidos dispuestos a remover a Benjamin Netanyahu, pero incapaces de acordar con quién gobernar después.
A diferencia de México, Israel no elige directamente al jefe de gobierno. Los ciudadanos votan por partidos y estos negocian una alianza parlamentaria para nombrar al primer ministro. Hay 120 diputados; la mayoría absoluta se alcanza con 61.
El sondeo del lunes 19 de Canal 12 de Israel otorga 55 escaños a la oposición, 51 al bloque de Netanyahu y 14 a los partidos árabes. Gadi Eisenkot, exjefe del Ejército y rival del primer ministro, encabeza el partido mejor colocado.

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Hagamos la suma: con los partidos árabes, la oposición reuniría 69 escaños. Falta acordar las condiciones para convertirlos en gobierno.
Esos 14 diputados representarían principalmente a ciudadanos árabes de Israel, con ciudadanía israelí y derecho al voto. Muchos se identifican como palestinos. Sus partidos reclaman igualdad, seguridad y cambios en la relación de Israel con el pueblo palestino.
El exprimer ministro Naftali Bennett promete gobernar exclusivamente con partidos sionistas, que reivindican a Israel como Estado nacional del pueblo judío. Netanyahu convirtió esa frontera en consigna: “Derecha o Palestina”. Negociar con representantes de ciudadanos israelíes se presenta como una concesión a un adversario extranjero.
Eisenkot descarta incorporar al partido árabe Ra’am, aunque deja abierta la posibilidad del apoyo parlamentario externo.
Tampoco los partidos árabes tienen una sola posición. Ra’am busca participar en el gobierno. En 2021, su dirigente, Mansour Abbas, lo incorporó a la alianza que llevó a Bennett al poder. Fue la primera formación árabe independiente que integró un gobierno israelí. El mismo Bennett que hoy promete lo contrario.
La Lista Conjunta ofrece apoyo desde el Parlamento sin ocupar ministerios. Exige compromisos sobre seguridad, vivienda y un horizonte político para los palestinos. Tampoco de ese lado hay un cheque en blanco.
La fórmula tiene antecedentes; tras perder a un socio de gobierno en 1993, Isaac Rabin fue sostenido desde fuera por cinco diputados de formaciones árabes.
Si nadie modifica sus condiciones, puede repetirse el bloqueo. Israel celebró cinco elecciones entre 2019 y 2022. Durante parte de ese periodo tuvo gobiernos provisionales y presupuestos de continuidad. El Estado siguió funcionando, pero con dificultades para fijar prioridades y emprender reformas.
Ese periodo fue una estabilidad patológica pues las instituciones funcionan mientras la negociación para renovar el gobierno permanece bloqueada.
Los ciudadanos árabes ya forman parte del país que vota. Lo que continúa en cuestión es si sus representantes serán aceptados como socios para gobernarlo.
Los 14 escaños están en la cuenta. Falta saber quién está dispuesto a sentarse a la mesa.

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