Se están cumpliendo tres años de que Otis tocó tierra en Guerrero y devastó gran parte del puerto de Acapulco. Tres años en los que se ha tenido que reconstruir gran parte del estado.
Y es que en Guerrero parece no haber tregua. El 25 de octubre de 2023, el huracán Otis devastó Acapulco con vientos de 270 kilómetros por hora. Apenas 334 días después, el 23 de septiembre de 2024, llegó John, un huracán categoría 3 que volvió a golpear al estado, esta vez con lluvias torrenciales, inundaciones y deslaves.
Y a los desastres meteorológicos se sumaron los sismos. El 2 de enero de 2026, un terremoto de magnitud 6.5, con epicentro en San Marcos, volvió a sacudir Guerrero y dejó daños en viviendas, hospitales y carreteras.

• Sin remordimientos
DESASTRE INMOBILIARIO

Los fenómenos meteorológicos que han azotado Acapulco en los últimos años han sido de tal magnitud que, incluso, han transformado su geografía costera. El caso más dramático es el de Playa Diamante, una de las zonas de mayor inversión turística e inmobiliaria del puerto, donde la erosión y el desplazamiento de enormes cantidades de arena han reducido considerablemente la franja de playa.
Hay hoteles y desarrollos residenciales que antes tenían amplias extensiones de arena frente a sus instalaciones y que hoy, prácticamente, se han quedado sin playa, con el mar llegando hasta sus construcciones.
Los efectos acumulados de los huracanes Otis y John, las marejadas y el fuerte oleaje han alterado la configuración del litoral, poniendo en riesgo infraestructura turística y patrimonio inmobiliario de enorme valor.
Lo ocurrido en Playa Diamante es preocupante porque no se trata únicamente de reconstruir edificios dañados, sino de enfrentar una transformación física del territorio, y no existe certeza de que pueda recuperarse de manera natural.
Me tocó cubrir el huracán Otis en Guerrero, ahí estuvimos. Pasó de tormenta tropical a categoría 5 en menos de 24 horas, en octubre de 2023, y nadie esperaba que entrara con esa fuerza.
Al regresar busqué a un especialista en cambio climático. La fuerza de Otis fue brutal, estaba impactada. “La explicación está en el océano”, me dijo el doctor Francisco Estrada Porrúa, investigador titular B del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático de la UNAM.
Me explicó que lo ocurrido con Otis se llama “intensificación rápida” y que tiene que ver con qué tan caliente está el océano. Su comparación: los huracanes son como una máquina de vapor; cuanto más calor se le da, más energía tiene.
El investigador detalló que el planeta, al momento del huracán, llevaba más de 365 días rompiendo récords de temperatura en la superficie del océano. Y es que 2023 fue el año más caluroso desde que se hacen mediciones. Estrada dijo que El Niño ya estaba terminando y lo de Otis era difícil de explicar. Me dijo: “Es el cambio climático”.
Un estudio que hizo su equipo de investigación en 2023 muestra que las probabilidades de temperaturas muy altas y de precipitaciones muy extremas no aumentaron un poco: se multiplicaron por cinco en el caso de las temperaturas y por tres en el de las precipitaciones.
Un fenómeno como lo fue Otis tuvo costos económicos enormes. Según las estimaciones que citó Estrada, Otis le costó dos mil millones de dólares a las aseguradoras, “pero es mucho más” si se cuentan las viviendas, el turismo y todo lo que se destruyó.
De Otis se sabía que era categoría 2 y que iba a pegar, pero no que llegaría a categoría 5 en muy pocas horas. Estrada reconoció que hay muchas cosas que todavía no se entienden, y por eso pidió estar más reactivos.
“Ya nos está tocando”, advirtió el especialista.
A tres años del devastador paso del huracán Otis, Acapulco vuelve a mostrar su mejor versión, la turística. Los hoteles han reabierto sus puertas, los propietarios regresan a sus casas y departamentos, los visitantes vuelven a disfrutar del puerto y miles de familias han retomado sus actividades económicas.
Llegar hasta aquí ha requerido un esfuerzo extraordinario. Para esto ha sido fundamental la participación del gobierno estatal en coordinación con el Gobierno federal, la Secretaría de la Defensa Nacional, la Marina, el sector empresarial y la propia sociedad.
Hace unos días, la gobernadora Evelyn Salgado encabezó la ceremonia por el tercer aniversario del huracán Otis: Honrar la memoria, construir la esperanza.
“La historia recordará al huracán, pero tendrá inscrita en letras de oro la respuesta, la capacidad y el día en que Acapulco vio su renacer”, señaló la gobernadora Evelyn Salgado Pineda.
“Conmemoramos también la esperanza que empezó a germinar y a transformar este puerto histórico, de la mano de todas y de todos los acapulqueños. Hoy Acapulco no es el mismo que era antes de Otis, hoy Acapulco se renueva con una visión integral de justicia social, con infraestructura pública para mejorar los servicios y disminuir los riesgos. Con infraestructura turística, para seguir fortaleciendo esa industria que es una palanca del desarrollo y del bienestar de todas las familias”, expresó.
No podemos olvidar lo más doloroso de aquella tragedia: la pérdida de vidas humanas.
Las cifras oficiales reconocieron 52 personas fallecidas y decenas de desaparecidos, aunque se estima que las pérdidas no denunciada es mucho más alta.
“Que la memoria de quienes perdimos nos acompañe siempre y nos recuerde el valor de cuidar la vida, de permanecer unidas y unidos ante cualquier adversidad”, dijo la gobernadora al mismo tiempo que agradeció al Gobierno de México, a las Fuerzas Armadas, empresarios, asociaciones, prestadores de servicios turísticos.
Para salir adelante, Guerrero ha contado con el apoyo de muchas instituciones y de ciudadanos. Hoy podemos decir que todo ese esfuerzo ha valido la pena. Detrás de cada uno de estos avances hay años de trabajo, compromiso y una enorme voluntad de sacar adelante a Guerrero.
Otis y John nos dejaron una lección que no podemos permitirnos olvidar: el cambio climático existe, es una realidad y sus consecuencias pueden costar vidas. No estamos hablando de cifras ni de advertencias lejanas, sino de familias que lo perdieron todo, de hogares destruidos y de personas que nunca pudieron regresar a casa.
El calentamiento del planeta está agravando los riesgos de fenómenos extremos, y lo ocurrido en Guerrero debe hacernos abrir los ojos. No podemos seguir dando la espalda a la naturaleza ni pensar que estas tragedias siempre les sucederán a otros. Cuidar nuestro planeta ya no es una opción, es una responsabilidad de todos.
Y es que detrás de cada desastre natural hay seres humanos, historias y sueños que pueden desaparecer en cuestión de horas. Y ninguna reconstrucción, por grande que sea, podrá devolvernos las vidas perdidas.

¿Nadie se dio cuenta?

