MARCAJE PERSONAL

Cuauhtémoc Cárdenas y la política que construye

Julián Andrade<br>*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.<br>
Julián Andrade*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: larazondemexico

Hay personajes políticos que construyen y trascienden. Cuauhtémoc Cárdenas fue de ésos y, por ello, tiene un lugar relevante en la historia política del país.

Le dio perspectiva de poder a la izquierda mexicana y contribuyó al proceso de construcción democrática en las últimas décadas, sobre todo desde su salida del PRI en 1987.

Manlio Fabio Beltrones colocó en sus redes sociales, como señal de condolencia, una fotografía en la que aparecen, compartiendo la mesa, el tres veces candidato presidencial con otros dos que buscaron, también sin éxito, alcanzar esa posición: Francisco Labastida y Diego Fernández de Cevallos. Como testigos del encuentro, el propio senador sonorense y Jorge Alcocer.

La imagen nos habla de un tiempo que se fue, o está por hacerlo: el de la civilidad política que permitió el avance democrático en México por medio del diálogo y el acuerdo.

Cárdenas, en efecto, impulsó el cambio político en el país, desde el FDN y luego el PRD, pero lo hizo apalancado por una generación, en el PRI y el PAN, que también avanzó en ese sentido.

Dimos por hecho que tenía que ser así, que el ánimo de libertades y la ciudadanización del IFE y luego del INE pertenecían a un ecosistema que ya no sería alterado.

El error es evidente, hasta cándido de alguna forma, y es ahí donde la figura de Cárdenas adquiere otro relieve, una estatura que sí se mide en lo que hizo, ya que la conducción política, luego de la elección de 1988, significó dar una oportunidad a la democracia.

Imperó, en aquellas jornadas difíciles, la visión de Estado y no el cálculo oportunista.

Para que exista diálogo y se pacten reformas, se requiere de políticos aperturistas, que privilegien convergencias sin perder de vista lo que los hace distintos.

Cárdenas era un tipo parco y a la vez contundente. Es complejo encontrar su valoración de las coyunturas específicas, porque solía concentrarse y empeñarse en miradas de mayor alcance: la soberanía energética y la justicia social; premisas, por cierto, que provienen del legado del cardenismo de las primeras horas.

Culto, supo distinguir entre interlocutores que merecían la pena y los farsantes, ésos que abundan en la constelación política nacional.

Prudente, hasta la desesperación de algunos, mantuvo un proyecto y una actividad pública relevante hasta el momento de su muerte.

Lo recuerdo como coordinador de Asuntos Internacionales en la Ciudad de México, durante la administración de Miguel Ángel Mancera. Trabajador incansable, Cárdenas le dio proyección a la capital del país, desde una posición que asumió con el mayor de los rigores, contrastante para quien había sido, de igual forma, el primer jefe de Gobierno elegido democráticamente. Todo un ejemplo.

Es el tiempo de los homenajes y los merece, pero ojalá pronto venga también el de los balances, y sospecho que calibraremos con mayor precisión la pérdida de una voz y un referente de aquella izquierda progresista que ya nunca pudo ser.

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