La muerte desempolvó recuerdos e imaginación. Cuauhtémoc Cárdenas, exgobernador de Michoacán rompió, con el PRI cuando eso era como hoy sería romper con AMLO. Por motivos personales y democráticos se indisciplinó con el método del tapado y la mecánica presidencialista del destape. Haga usted de cuenta las corcholatas morenas y las coordinaciones para defender la 4T y la soberanía nacional. O la revolución y sus postulados. Ayer el PRI, hoy Morena.
El ingeniero pudo incendiar el país, o al menos meter una turba a Palacio Nacional en 1988 y no lo hizo cuando el hoy cercano a AMLO, Manuel Bartlett, calló al sistema de conteo electoral; anochecimos con Cárdenas ganando la Presidencia y amanecimos con Salinas de Gortari tomando la silla del águila.
Dos veces más el fundador del Frente Democrático Nacional y después del PRD contendió por la Presidencia. Tras el magnicidio de Colosio y el triunfo de Zedillo, ganó la primera Jefatura de Gobierno del entonces Distrito Federal. Y en el 2000 el mediático Vicente Fox sacó al PRI de Los Pinos. ¿En 2006 hubiera ganado por fin el hijo del general Lázaro Cárdenas?
Quizás a la luz del dispendio democrático del primer panista en el poder se habría impuesto la lógica que fuera un gobierno de izquierda -no uno confesional de derecha- el que consumará la revolución caudillista devenida en un régimen hiperpresidencialista.
Pero Cárdenas Solórzano ya no hizo la cuarta campaña. El movimiento cambió de líder y después de dueño. Antier murió un opositor de buena hechura, sensato y racional; descanse en paz.
Con la novedad que el legítimo padrino de la risueña y depuesta consejera presidenta del INE, Guadalupe Taddei, no resultó ser la 4T, ni AMLO, que la santificó en su altar mañanero. Ella llegó al INE desde el Organismo Público Electoral (OPLE) de Sonora y allá se metió porque el INE, sí, el de Lorenzo Córdova la palomeó. O sea ¿Por qué no hablamos mejor de García Luna?
Hay que seguir la huella del dinero. Cuando el árbitro electoral dejó de ser gobierno y personajes como Manuel Bartlett, desde el Palacio de Covián en Bucareli deshacían y hacían de las suyas, su autonomía se fue acompañada de un presupuesto tal, que no hubo forma que no luciera como botín a la mano del más creativo, de los más vivos. Y así fue o es.
Ser proveedor del INE para fabricar urnas, imprimir boletas, capacitar, construir sedes locales, hacer campañas de difusión y publicidad o producir debates televisados se transformó en la cueva de Alí Babá.
Las travesuras de un empresario, de una poderosa funcionaria en un régimen político que imagina haber desterrado la corrupción, destruyeron un bastión de esperanza ciudadana. Ya sé, mejor hablemos de García Luna.
El saqueo de dinero público desde el INE no empezó ni terminará con Hernández y Taddei. ¿Estará la Auditoría Superior dispuesta a escarbar y templada para salpicar? Llegó la época de calaveritas.