Pensar más allá del corto plazo

BRÚJULA ECONÓMICA

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Es indiscutible que uno de los logros de la actual administración durante sus primeros nueve meses de gobierno ha radicado en continuar con el fortalecimiento del poder adquisitivo de los asalariados, que por fortuna hoy se presenta como un pilar del crecimiento futuro. No obstante, debemos cuidar que lo logrado sea un bastión de bienestar en el largo plazo.

La mejora salarial general ha sido posible a través de dos canales fundamentales de difusión. El primero, con el apoyo de un importante segmento del sector empresarial y de los trabajadores, se decretan los incrementos al salario mínimo para este año (100% en la frontera y 16.2% en el resto del país). Ello ha sido un factor determinante (efecto faro) para el incremento de los salarios a nivel nacional que, en los primeros nueve meses del año, acumula un aumento nominal superior al 6% y, en términos reales de 3.2%, aumento que, por cierto, no se ha visto en muchos años.

Asimismo, un segundo canal por el cual se apoyó el incremento real de los salarios fue el éxito de la política monetaria por mantener la inflación en niveles bajos y, recientemente, en el objetivo puntual del banco central (3.0%). La menor inflación es un elemento básico que coadyuva a mantener el poder adquisitivo de los salarios.

No cabe duda que, en estos momentos, el incremento del poder de compra de los trabajadores constituye un bálsamo para la muy complicada situación de estancamiento económico que estamos viviendo en México. No obstante, hay que tener bien claro que puede tratarse de un beneficio temporal, de corto plazo, pues a pesar de que la inflación pudiera ser baja en el futuro próximo, los incrementos salariales deben tener necesariamente una contraparte en incrementos en la productividad.

La productividad, un elemento imprescindible para el progreso económico, es un pilar fundamental para mantener la competitividad de las empresas y el país. Entendida como la producción realizada por persona y/o por unidad de capital, es en un lenguaje llano y sencillo, la capacidad de producir más con menos.  Ello permite aumentar la remuneración tanto de los trabajadores como del capital.

Es relativamente sencillo suponer que los aumentos salariales recientes no necesariamente han correspondido a incrementos en la productividad. Grosso modo, mientras que, acorde con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, durante el primer semestre el número de trabajadores ocupados se ha incrementado 2.3% respecto al mismo periodo del año anterior (1.2 millones de trabajadores más que hace un año), en tanto que, como es sabido, la economía no ha mostrado crecimiento en este año.

En pocas palabras, estamos produciendo lo mismo, pero con más personas, somos menos productivos. Evidentemente habrá sectores y regiones que muestren un mejor desempeño, pero hay otras que lo tienen peor. El punto es que, si bien en el corto plazo, la mejora en el poder adquisitivo es un favorable impulso a la demanda y, por tanto, al crecimiento económico, continuar produciendo con costos laborales crecientes podría llevar a que los beneficios en el largo plazo terminen por revertirse. 

No podemos fincar un mayor bienestar colectivo en el mediano y largo plazo si no somos más productivos. Promover la inversión, el empleo y la productividad laboral y del capital es la única salida para enfrentar un mundo que nos exige ser competitivos en todas las esferas de la vida económica. No hay modelo económico que resista la ineficiencia.

Arturo Vieyra

Arturo Vieyra

Arturo Vieyra Fernández es economista. Ha trabajado en análisis macroeconómico y análisis sectorial desde 1994 en el Departamento de Estudios Económicos de Citibanamex, antes Banco Nacional de México. Anteriormente trabajó como economista en análisis industrial en la Secretaría de Energía. Ha sido profesor en la UNAM y otras instituciones.
Arturo Vieyra

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