Ecologistas contra defensores de animales

Covid19: Por su curva los conoceréis
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La alternativa para quienes rechazan la actitud histérica de cerrarle las puertas a los inmigrantes ambientales y encerrarse en búnkers, en espera del Apocalipsis ambiental, es comprender que en las próximas décadas viviremos en un mundo abigarrado, cambiante e indefinible.

Los partidarios del ecologismo abigarrado nos recuerdan que en nuestros días se extinguen rápidamente miles de especies y también aumentan poblaciones invasoras. Los dromedarios salvajes en Australia se cuentan por cientos de miles y así son sacrificados masivamente en un ejercicio de “management letal”. Los lobos han regresado a Alemania y en diciembre del 2019 se han flexibilizado las leyes para cazarlos.

En 2019 también aumentaron los ataques de oso pardo en la Unión Europea. Perecieron tantas personas como en toda la década precedente. Y es que en 2016 Rumania prohibió la cacería tradicional de osos. El número de estos fornidos plantígrados aumentó en pocos años. Como buenos omnívoros, los osos jóvenes buscan colmenas para comerse la miel, graneros para mordisquear maíz, rebaños de ovejas para obtener proteína y basureros.

El colonialismo a veces toma la forma de militancia ambientalista. Los millonarios occidentales sí cazan osos en Rumania, porque pagan por el derecho excepcional de eliminar a los animales que son agresores reincidentes. Muerto el pastor rumano, el millonario americano disfruta su safari.

Es la segunda ocasión en que Rumania experimenta una gran campaña internacional animalista. La primera ocurrió después del derrocamiento del dictador Ceausescu en 1989. El país necesitaba urgentemente ayuda internacional y no podía desafiar a la actriz Brigitte Bardot, entre otras celebridades, que decidieron adoptar la causa de los perros callejeros de Bucarest. Militante de la extrema derecha, Bardot exigía la expulsión de árabes en Francia al tiempo que la protección de los canes sin dueño en Rumania. Durante casi 30 años, manadas de solovinos vagaron libres por la capital, hasta que la horrible muerte de un niño a mordidas pesó más que la presión de la vedette. Hoy, por fin, es posible caminar en Bucarest con la tranquilidad con la que siempre lo hizo Brigitte Bardot en París.

Este tema sirve para comprender que defender a cualquier especie animal (dromedarios salvajes en Australia, eucaliptos en la Ciudad de México), pero sin el respaldo de la ciencia y de las comunidades locales, puede ser injusto y contraproducente.

Respeto e incluso admiro a los biocentristas que colocan a la naturaleza al mismo nivel que los seres humanos, siempre y cuando no impongan su filosofía sólo al vecino pobre. Está por verse si los franceses y alemanes podrán volver a coexistir con poblaciones relevantes de osos y lobos. Mientras tanto, quienes han probado que saben conservar a los lobos son los ojibwe de Wisconsin y los montañeses rumanos a los osos europeos. Éstos no se merecen el boicot de las ONG internacionales. ¿Por qué deberíamos permitir la ganadería que deforesta, en vez de la caza tradicional de pocos osos, a cambio de conservar los bosques?